Mientras muchos niños de 10 años disfrutaban del verano en Idaho entre juegos y paseos, Kobin Harris pasaba sus vacaciones recuperándose de una cirugía cerebral. Un simple control de ortodoncia reveló algo inesperado: un quiste extraño que necesitaba ser removido.
Tras la operación, Kobin no podía correr, saltar ni sumergirse en el agua durante seis semanas. Para cualquiera, eso habría significado un verano aburrido, pero para él fue la oportunidad perfecta para aprender algo nuevo.
En ese tiempo de recuperación, Kobin conoció a Jim Clark, un miembro de su estaca con años de experiencia tocando el órgano.

Aunque Clark nunca había enseñado música formalmente, aceptó guiarlo. Muy pronto descubrieron que el talento de Kobin ya estaba allí, solo necesitaba abrirse camino.
“Cuando Kobin llegó, estaba encendido. Parecía que la música ya estaba en su corazón, solo hacía falta abrir la puerta.” – Jim Clark
Su madre lo expresó con claridad:
“En lugar de pasar seis semanas perdiendo el tiempo, aprendió un nuevo talento que ahora comparte con muchos”.
Cuando enfrentamos pruebas, podemos elegir entre detenernos o crecer.

Al año siguiente, con apenas 11 años, Kobin fue llamado como organista de su barrio. Desde entonces, ha tocado en reuniones sacramentales, funerales y hasta en conferencias de estaca.
Él mismo comparte lo que siente:
“Cuando toco, siento que transmito un mensaje. La música invita al Espíritu y fortalece mi relación con Cristo”.
Muchos se sorprenden al ver a un organista tan joven, pero para Kobin cada ocasión es una oportunidad de servir. Y cuando alguien lo felicita, siempre responde con sencillez:
“Fue un honor”.

Con el tiempo, la relación entre Kobin y Clark se transformó en una verdadera amistad. Intercambian partituras, se animan mutuamente y hasta tienen un lema compartido:
“Practica bien, organiza con sabiduría, toca a menudo. Y sé siempre feliz al compartir tu don de la música.”
Clark mismo reconoce cuánto aprende de su joven alumno:
“Cada minuto con él es una bendición. No importa la edad, siempre podemos aprender de los más jóvenes”.

La historia de Kobin nos recuerda que ninguna prueba es un obstáculo definitivo cuando ponemos a Dios al centro. Aun en la debilidad, podemos descubrir talentos, servir a otros y fortalecer nuestra fe.
Como dice Mosíah 18:9, el convenio que hacemos al bautizarnos incluye “estar dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros”. La música de Kobin se ha convertido en ese medio para aliviar y elevar a quienes lo escuchan.
Su ejemplo nos invita a preguntarnos: ¿qué dones podemos descubrir y compartir en medio de nuestras propias pruebas?
Fuente: Church News
