Mientras muchos universitarios pasan sus últimos ciclos entre bibliotecas y ensayos finales, hay historias que se escriben en movimiento. Una de ellas es la de Josh Flores, un joven adulto soltero que combinó estudios exigentes, viajes constantes y un fuerte sentido de propósito. Su trayectoria resume lo que ocurre cuando el aprendizaje se vive con intención y cuando la fe guía el ritmo de cada decisión.
Josh acaba de graduarse con honores en Administración Legal. Lo interesante es que su camino no estuvo marcado por un solo campus, sino por aeropuertos, tareas enviadas desde distintos husos horarios y una disciplina que aprendió años antes, durante su servicio misional en Japón.
En una publicación que compartió al finalizar su carrera, escribió:
“El conocimiento crece con las personas y con lo que vivimos.”
Una frase sencilla, pero que resume la base espiritual de su historia.
Estudiar mientras el mundo avanza

Josh comenzó a viajar en 2022, cuando muchos recién retomaban la vida presencial después de la pandemia. Para él, las aulas convivían con terminales aéreas. Un vuelo a Tokio, otro a Dubái, y luego el regreso justo a tiempo para un examen o una defensa.
A pesar de la intensidad, sus calificaciones fueron impecables. Hubo semestres en los que obtuvo puntaje perfecto en cursos tan demandantes como Geopolítica, Derecho Internacional y Lógica Jurídica. Sus profesores lo consideraban improbable. Para él, era una responsabilidad.
Josh creció en un hogar donde se repetía una enseñanza conocida en el evangelio:
“La gloria de Dios es la inteligencia”.
Y vivió su carrera como una forma de honrar esa herencia.
Una misión que moldeó su manera de aprender

Antes de ingresar a la universidad, Josh sirvió una misión en Japón. Esa experiencia cambió la manera en que observaba el mundo y definió su vocación por el derecho. Allí entendió cómo las decisiones públicas afectan vidas reales, y cómo el servicio transforma la forma en que uno enfrenta cualquier reto.
Esa madurez lo llevó a convertirse varias veces en el estudiante con las notas más altas de su facultad. Lo académico dejó de ser competencia y se volvió un acto de consagración.
Una escritura lo acompañó en esos años:
“de los que buscan sabiduría, el Señor ilumina su entendimiento” – Alma 32.
Josh la repetía cuando las horas de estudio parecían interminables.
Un proyecto de grado que cruzó fronteras

Su tesis, enfocada en la responsabilidad internacional frente a ciberataques, fue reconocida como una de las mejores de su promoción. Entrevistó expertos de organismos globales, analizó doctrinas legales y propuso lineamientos para un posible convenio internacional sobre ciberseguridad.
Era un trabajo de pregrado, pero leía como una propuesta de política pública. Más que un logro académico, se convirtió para él en una reflexión sobre cómo proteger a las personas en un mundo cada vez más digital.
“El conocimiento debe servir”, señalaba al presentarlo.
Durante sus años universitarios, Josh ocupó responsabilidades en áreas legislativas estudiantiles, promovió reformas internas y participó en proyectos de impacto social.
Uno de los más significativos fue un concierto benéfico que recaudó fondos para niños y adolescentes que viven con VIH. Para él, estos espacios no eran currículum. Eran prácticas diarias de una enseñanza que había aprendido en la misión:
“Cuando servimos, entendemos mejor el corazón de Cristo.”
Una mirada global que amplió su fe y su formación

Josh también realizó pasantías en una embajada europea y en la Corte de Apelaciones. Preparó documentos, participó en audiencias, redactó informes y apoyó proyectos que lo conectaron con diplomáticos, jueces y especialistas.
Además, asistió a congresos en Asia, Europa y Norteamérica. No viajaba para acumular destinos, sino para entender cómo distintas culturas buscan soluciones a los mismos desafíos humanos. En cada experiencia, la fe también hallaba espacios para crecer. Recordaba Mosíah 8:18, a su forma lo interpretaba así:
“Por medio de la fe y la diligencia, Dios concede que los hombres realicen cosas maravillas.”
Las lecciones que llegan en tránsito

En su mensaje final de graduación, Josh agradeció a su familia, mentores y amigos. También mencionó las noches en aeropuertos revisando ensayos, y los vuelos donde preparaba argumentos para competencias de debate.
Entre tanto movimiento, descubrió que el aprendizaje no se limita a un sitio. A veces aparece en la sala de un tribunal, otras en un terminal aéreo antes de que cierren la puerta de embarque.
Sus logros podrían verse como una lista impresionante de honores académicos, más de sesenta vuelos, reconocimientos, investigaciones internacionales, servicio social y liderazgo. Pero cuando se observan juntos, revelan algo más profundo.
Josh aprendió que estudio, servicio y fe no son caminos separados. Son la ruta completa.
Esa es la parte que inspira. Su vida universitaria no se midió solo en millas recorridas ni en proyectos realizados, sino en la manera en que eligió crecer espiritualmente en cada paso.
Lo que viene

Hoy, mientras inicia una nueva etapa, Josh lleva consigo una visión poco común: formación legal sólida, experiencia global y un corazón dispuesto a seguir sirviendo. Si algo demostró en estos años es que la perseverancia, la fe y la curiosidad pueden abrir puertas que uno jamás imaginó.
En sus palabras finales, escribió:
“Agradezco cada lección que me trajo hasta aquí.”
Y para muchos jóvenes adultos en la Iglesia, su historia confirma algo que recordamos siempre
cuando buscamos aprender con intención, el Señor amplía nuestro camino.
Fuente: Moroni Channel



