A veces nos hacemos preguntas que tocan lo más profundo de nuestra fe. Esta es una de ellas. Pensar en aquellos espíritus que eligieron seguir a Lucifer en la vida premortal puede llevarnos a reflexionar sobre la justicia perfecta de Dios y Su amor infinito.
Y aunque son conceptos grandes, entenderlos nos ayuda a ver con más claridad el propósito del plan de salvación.
La justicia de Dios no contradice Su amor

En el Evangelio aprendemos que Dios obra con amor perfecto y justicia impecable. Su deseo es que todos Sus hijos encuentren un camino hacia Él, y ese camino es amplio, lleno de oportunidades y de enseñanza.
Las escrituras nos muestran una y otra vez que el Señor busca rescatar, sanar y guiar a Sus hijos tanto aquí como en el mundo espiritual.
Sin embargo, también aprendemos que la libertad de elegir es parte central del plan. Dios no obliga, respeta nuestras decisiones eternas, incluso cuando son dolorosas.
El plan ofrece oportunidades reales para casi todos

Una de las verdades más esperanzadoras del Evangelio es que la obra de Dios no termina cuando termina la vida terrenal. El Salvador mismo “predicó a los espíritus en prisión”, lo que abre la puerta a que millones que nunca escucharon Su mensaje tengan una oportunidad justa en el mundo espiritual.
La Iglesia enseña que las ordenanzas del templo permiten extender esas oportunidades a quienes ya partieron, mostrándonos un Dios que actúa con misericordia, orden y paciencia.
Pero hay decisiones que sí son permanentes

Aunque el plan es inclusivo, también hay decisiones que no pueden revertirse. Los espíritus que rechazaron el plan de Dios en la vida premortal, los que siguieron a Satanás sabiendo perfectamente lo que estaban haciendo, ya tomaron una decisión definitiva. Ellos no recibirían un cuerpo y no tendrían una segunda oportunidad porque su rechazo ocurrió con conocimiento pleno y luz absoluta.
Es un escenario muy distinto al nuestro. Nosotros nacimos porque aceptamos el plan. Y aunque cometemos errores, vivimos dentro de un espacio de aprendizaje, de arrepentimiento y de crecimiento que ellos rechazaron deliberadamente.
En el plan del Padre, albedrío y responsabilidad van juntas. La doctrina enseña que los llamados “hijos de perdición” son aquellos que rechazan a Dios aun con conocimiento perfecto, algo extremadamente difícil de alcanzar.
En contraste, la gran mayoría de los hijos de Dios serán recibidos en algún grado de gloria. Incluso los más alejados del Evangelio pueden arrepentirse y hallar paz gracias al sacrificio del Salvador. El plan está diseñado para levantar, no descartar.
Entonces, ¿pueden volver los que fueron expulsados?

La respuesta es directa: no, porque su decisión ya fue eterna. Ellos eligieron seguir a Satanás en una circunstancia donde había plena comprensión del plan, y la justicia de Dios respeta esa elección.
Pero esta respuesta también revela algo importante para nosotros: si estamos aquí, es porque elegimos a Cristo. Y eso significa que el camino de regreso a Él siempre está abierto mientras queramos caminarlo.
Fuente: Ask Gramps
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