Para muchas personas, la llegada de un nuevo año viene acompañada de metas ambiciosas, listas interminables y una presión silenciosa por “hacerlo mejor”: ser mejor discípulo, mejor estudiante, mejor hijo, mejor miembro de la Iglesia.

Sin notarlo, esa búsqueda sincera de progreso puede transformarse en una relación exigente y poco compasiva con uno mismo.

Sin embargo, el evangelio restaurado enseña una verdad profundamente liberadora: el crecimiento espiritual no se construye desde la culpa constante, sino desde la gracia, la paciencia y el amor, incluso, y especialmente, hacia uno mismo.

Ser amable contigo mismo no significa bajar tus estándares ni justificar errores. Significa reconocer que el proceso de llegar a ser como Jesucristo es precisamente eso: un proceso. Un camino que se recorre paso a paso, con avances, retrocesos y aprendizajes que toman tiempo.

mujer en el espejo
Imagen: Canva

Con frecuencia, somos expertos en extender compasión a los demás, pero implacables con nosotros mismos. Nos reprochamos errores pasados, decisiones que hoy haríamos distinto o debilidades que parecen no desaparecer.

No obstante, el Padre Celestial no nos observa con desprecio cuando tropezamos; nos mira como un Padre amoroso que enseña a Sus hijos a caminar, aun cuando caen.

El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó:

“Ahora y para siempre jamás, la gracia de Dios está al alcance de todos los de corazón quebrantado y espíritu contrito”.

Esta perspectiva cambia por completo la forma de ver el progreso espiritual. Avanzar incluye días buenos y días difíciles, pequeños logros, pausas inesperadas y lecciones que duelen.

Ser amable contigo mismo es aceptar que el ritmo del crecimiento no es igual para todos, y que eso no te hace menos valioso ni menos digno.

amor propio
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La bondad hacia uno mismo también implica aprender a hablarnos con más verdad y menos dureza. No eres tu peor error. No eres tu momento más bajo. Eres una persona con una herencia divina y un potencial eterno.

Mereces la misma comprensión y misericordia que intentas ofrecer a quienes te rodean.

Además, ser más amable contigo mismo significa reconocer límites. Descansar cuando es necesario. Pedir ayuda sin vergüenza.

Aceptar que no todo se resuelve de inmediato. Incluso el Salvador invitó a Sus discípulos a “reposar un poco” (Marcos 6:31), recordándonos que el agotamiento no es una señal de mayor rectitud.

amor propio
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Este año puede ser distinto si eliges tratarte con la misma misericordia que deseas vivir hacia otros. Si permites que la voz del Salvador sea más fuerte que la voz de la autocrítica. Si recuerdas que el arrepentimiento no es castigo, sino un regalo constante de amor y renovación.

Tal vez este no sea el año en que todo encaje perfectamente. Pero puede ser el año en que aprendas a caminar con más paciencia, menos culpa y una fe más realista y sanadora.

Porque el Señor no te está pidiendo que seas alguien distinto. Te está invitando a seguir adelante, exactamente desde donde estás.

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