Pregunta
Me cuesta entender la identidad de Dios y Jesucristo. ¿El Padre Celestial es nuestro Dios, pero también lo es Jesús? ¿Son ambos Dios?
Respuesta

Muchos se preguntan si el Padre Celestial y Jesús son ambos Dios. A primera vista, esto puede parecer confuso. La clave está en cómo La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días entiende al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: como seres separadas pero perfectamente unidas en propósito, amor y voluntad.
No se trata de un solo ser en tres formas, sino de un Dios verdadero en tres roles distintos y complementarios.
En varios pasajes, tanto en la Biblia como en el Libro de Mormón, Jesús es llamado “Padre”. Por ejemplo:
- Isaías 9:6 / 2 Nefi 19:6: “El Padre Eterno”
- Éter 3:14: “Yo soy Jesús Cristo. Soy el Padre y el Hijo.”
- Mosíah 15:2–4: Cristo es llamado “Padre y Hijo” por su papel divino y su sacrificio.
Esto no significa que Jesús sea idéntico al Padre. Más bien, refleja los roles únicos que cumple Jesús en la salvación y en nuestra relación con Dios.
Jesús representa al Padre ante nosotros

Una forma de entenderlo es que Jesús actúa como representante perfecto del Padre, de manera tan completa que lo que Él dice y hace refleja la voluntad del Padre. Este principio se llama en teología de la Iglesia de Jesucristo la “Inversión Divina de Autoridad”.
En otras palabras, cuando Jesús habla o actúa, podemos confiar en que es la voz y la voluntad del Padre. Esa unidad de propósito permite que a veces se le llame “Padre” sin que deje de ser una persona distinta.
Jesús también es el Creador bajo la dirección del Padre (Juan 1:3). Todo fue hecho por Él, y a través de su sacrificio nos da vida espiritual. Por eso se le puede llamar “Padre” en sentido de autor de nuestra salvación y guía espiritual.
Además, cuando aceptamos el evangelio y nos bautizamos, somos espiritualmente engendrados por Cristo, convirtiéndonos en sus hijos e hijas espirituales (Mosíah 5:7). Esto muestra otra dimensión de por qué se le llama “Padre”: Él nos da nueva vida en el evangelio.
¿A quién oramos y a quién adoramos?

En la práctica y doctrina de la Iglesia, la oración se dirige al Padre Celestial, siempre en el nombre de Jesús. Jesús enseñó a sus discípulos:
“Oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos” – Mateo 6:9
Pero esto no disminuye la importancia de Jesús, ya que de igual forma lo adoramos y honramos por su papel como Salvador y Redentor. La adoración incluye gratitud, reverencia y el esfuerzo constante por seguir su ejemplo, especialmente a través de la Santa Cena.
Cuando la Biblia habla de “un solo Dios”, no se refiere a que el Padre y el Hijo sean la misma persona. Significa que están unidos en mente, misión y amor, trabajando juntos para nuestra salvación.
Jesús mismo oró: “Que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:11), invitándonos a unir nuestra voluntad con la de Él y del Padre.
Cómo entender la relación Padre-Hijo en nuestra vida

Entender que Dios el Padre y Jesús son personas distintas pero unidas nos ayuda a profundizar en nuestra relación con ambos. El Padre sigue siendo nuestro Padre Celestial, Jesús nuestro Salvador y guía espiritual, y juntos nos muestran cómo vivir con propósito, amor y fidelidad.
Al estudiar las escrituras y seguir las enseñanzas modernas, podemos sentir el amor personal de ambos y comprender que nuestra fe se construye sobre esa relación viva y real.
Fuente: Ask Gramps



