En muchas religiones, tanto de Oriente como de Occidente, hay una imagen que se repite una y otra vez: Dios como Padre y los seres humanos como Sus hijos. Millones de personas oran a Dios de esa manera, hablan de la hermandad humana y reconocen el valor infinito de cada persona precisamente porque creen que todos venimos de Él.

Sin embargo, no todas las religiones entienden esta relación de la misma forma.

Para algunos cristianos, llamar “hijos de Dios” a los seres humanos es una metáfora que expresa cercanía, amor o dependencia. Para otros, es un título simbólico reservado solo para quienes aceptan a Dios y siguen Sus mandamientos.

Para los Santos de los Últimos Días, esta idea va mucho más allá.

Hijos de Dios en un sentido pleno

Una frase tan familiar como “Jesús te ama” cobró un nuevo sentido cuando un niño la dijo de forma diferente.
Una frase tan familiar como “Jesús te ama” cobró un nuevo sentido cuando un niño la dijo de forma diferente.

La doctrina restaurada enseña que todas las personas son hijos e hijas de Dios en un sentido literal, eterno y completo. Cada ser humano posee un origen divino, una naturaleza divina y un potencial divino. No somos creaciones accidentales ni espiritualmente neutras. Tenemos un núcleo eterno.

En el evangelio se enseña que cada persona es “un amado hijo o hija espiritual de Padres Celestiales”, con semillas de divinidad que pueden desarrollarse. A través de la Expiación de Jesucristo, todos pueden progresar, cambiar y acercarse a la perfección, no como una meta inalcanzable, sino como un proceso eterno.

Así como un hijo puede, con el tiempo, desarrollar atributos similares a los de sus padres, los hijos de Dios pueden llegar a ser más como su Padre Celestial.

¿Tiene base bíblica esta creencia?

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Biblia contiene numerosos pasajes que apuntan al potencial divino del ser humano. Desde el Génesis se enseña que el hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Después de que Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el propio Dios declaró que el hombre había “llegado a ser como uno de nosotros”, sugiriendo un proceso de desarrollo. En los Salmos se lee: 

“Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo”. – Salmo 82:6

Jesucristo mismo citó este pasaje cuando fue acusado de blasfemia, y en el Sermón del Monte mandó a Sus discípulos a llegar a ser perfectos como el Padre Celestial es perfecto. Los apóstoles enseñaron ideas similares. Pedro habló de llegar a ser “participantes de la naturaleza divina”, y Pablo enseñó que, como hijos de Dios, somos herederos y coherederos con Cristo.

Estas escrituras pueden interpretarse de distintas maneras, pero a la luz de la Restauración, los Santos de los Últimos Días las entienden como declaraciones claras del potencial eterno del ser humano, no solo como figuras poéticas.

Una enseñanza presente en el cristianismo primitivo

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Curiosamente, esta doctrina no habría resultado extraña para muchos cristianos de los primeros siglos. Varios padres de la Iglesia hablaron abiertamente de la deificación, es decir, del proceso por el cual los seres humanos pueden llegar a ser como Dios.

Ireneo enseñó que Cristo llegó a ser como nosotros para que nosotros pudiéramos llegar a ser como Él. Clemente de Alejandría escribió que el Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera llegar a ser como Dios. Basilio el Grande habló no solo de parecerse a Dios, sino incluso de llegar a ser Dios, en un sentido exaltado.

Con el tiempo, estas ideas comenzaron a perderse, especialmente en el cristianismo occidental.

¿Por qué esta doctrina se fue desvaneciendo?

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Uno de los factores fue el cambio en la manera de entender la Creación. Mientras los primeros cristianos enseñaban que Dios organizó el mundo a partir de materia preexistente, con el paso de los siglos se impuso la doctrina de la creación de la nada.

Esto amplió la distancia percibida entre Dios y la humanidad. Si Dios creó todo desde cero y estuvo completamente solo desde la eternidad, entonces el ser humano pasó a verse como radicalmente distinto y mucho más limitado. Poco a poco, la idea de que los hombres y mujeres pudieran heredar plenamente los atributos de Dios fue desapareciendo.

La Restauración y el regreso de una verdad antigua

mundo de los espíritus
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Las revelaciones recibidas por José Smith reabrieron estas preguntas fundamentales sobre Dios, la creación y la identidad humana. Desde los primeros años de la Restauración, se enseñó que Dios tiene forma, que ama profundamente a Sus hijos y que desea compartir Su gloria con ellos.

Las revelaciones también aclararon que la vida no comienza en la tierra, que la inteligencia es eterna y que Dios organizó el universo a partir de elementos existentes. El plan de salvación se presentó como una oportunidad para que los hijos de Dios recibieran un cuerpo físico y progresaran hacia una plenitud de gozo.

La exaltación se describió como recibir una herencia completa como hijos de Dios, disponible únicamente mediante la Expiación de Jesucristo y la fidelidad a los convenios del evangelio.

¿Esto significa que los Santos de los Últimos Días creen en muchos dioses?

Imagen: Stylar

No. Aunque esta doctrina a veces se malinterpreta, los Santos de los Últimos Días creemos firmemente que Dios siempre será nuestro Padre y el objeto de nuestra adoración. La exaltación no elimina la relación con Él, sino que la perfecciona.

Creen también en la unidad divina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, unidos en propósito y amor. La progresión eterna no se basa en orgullo o competencia, sino en rectitud, humildad y armonía con la voluntad de Dios.

Cómo se imagina la exaltación

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Más que pensar en recompensas abstractas o caricaturas populares, los Santos de los Últimos Días entendemos la exaltación a través de experiencias sagradas que ya existen en la vida mortal. El amor dentro de la familia, el servicio desinteresado, la belleza de la creación, la paz que proviene de guardar convenios y la esperanza que da Cristo son destellos de lo que vendrá.

La exaltación se entiende menos como “lo que recibiremos” y más como en quiénes nos estamos convirtiendoCreer en el potencial divino del ser humano profundiza la comprensión de la Expiación de Jesucristo. Su sacrificio no solo vence la muerte, sino que hace posible que personas imperfectas lleguen a ser transformadas, sanadas y elevadas. En esencia, la doctrina enseña que Dios no solo quiere salvarnos, sino exaltarnos.

Todos los seres humanos somos hijos de Padres Celestiales amorosos. Por medio de Jesucristo, Dios invita a Sus hijos a crecer, cambiar y llegar a ser más como Él. Esta verdad central del evangelio restaurado inspira esperanza, responsabilidad y gratitud, y recuerda que el destino final del ser humano es mucho más glorioso de lo que a veces imaginamos.

Fuente: Church News 

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