El domingo 18 de enero de 2026, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dedicó el Templo de Alabang, Filipinas, el cuarto templo del país y el segundo en el área metropolitana de Manila. La dedicación estuvo a cargo del élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, acompañado por su esposa, Susan Bednar.
Para muchos miembros en el sur de Luzón, este templo representa algo muy concreto. Menos horas de viaje. Más oportunidades de asistir. Más momentos para detenerse y recordar lo esencial.
Un mensaje enfocado

El mensaje central que se compartió ese día fue:
El templo no es solo un lugar al que vamos. Es una experiencia que transforma la manera en que vivimos.
Durante una entrevista previa a la dedicación, el élder Bednar explicó que todo lo que ocurre dentro de la casa del Señor apunta a Jesucristo. Los convenios, las ordenanzas y la adoración tienen un propósito claro. Conectarnos con el Padre y el Hijo dentro del plan de felicidad.
Por eso, aunque solemos hablar de “ir al templo”, la invitación es otra. Entramos al templo para aprender cómo llevar ese espíritu a nuestro hogar. Lo que se enseña allí no se queda entre paredes sagradas. Se convierte en un modelo para la vida diaria, para nuestras relaciones y decisiones.
Un templo más cerca, una fe que crece

La dedicación se realizó en una sola sesión, transmitida a estacas y distritos del sur de Luzón. Con ello, el templo de Alabang se convirtió en la casa del Señor número 213 en funcionamiento en todo el mundo.
Filipinas vive un momento especial. Actualmente hay 14 templos dedicados, en construcción o en planificación en el país. Este año se sumarán las dedicaciones de Davao y Bacolod. No es casualidad. La Iglesia sigue creciendo en una tierra donde la fe se vive con alegría y resiliencia.
El élder Bednar destacó precisamente eso. A pesar de los desafíos constantes, desastres naturales y dificultades económicas, los filipinos eligen la esperanza. Eligen seguir adelante. Esa actitud, dijo, enseña lecciones profundas sobre el gozo que nace del Evangelio.
El poder que se aprende en la casa del Señor

Uno de los énfasis más claros del mensaje fue para los jóvenes. No importa la edad, la situación familiar o las circunstancias personales. El poder de la divinidad prometido en los convenios está disponible para cada miembro fiel.
En un mundo cada vez más confuso, el templo ofrece claridad. Dirección. Paz. Lo que se siente allí puede acompañarnos después en casa, en la escuela, en el trabajo y en decisiones difíciles.
Esa idea se repitió una y otra vez entre quienes participaron en la dedicación y en la casa abierta previa. Muchos hablaron de una paz difícil de explicar, pero fácil de reconocer.
Historias que reflejan lo que el templo significa

El matrimonio Sumagpao conoce bien esa experiencia. Elmer trabajó por 27 años en el Templo de Manila, y junto a Leanell sirvieron durante semanas como coordinadores de la casa abierta del templo de Alabang. Vieron llegar personas desde muy lejos, algunas retrasadas por el tráfico, otras simplemente curiosas.
Lo que más recuerdan no es el cansancio, sino las miradas. La alegría tranquila de quienes entraban por primera vez y sentían algo diferente.
Algo similar compartieron otros voluntarios y visitantes. Algunos jóvenes asistieron por primera vez a una dedicación. Familias completas regresaron varias veces durante la casa abierta. Incluso niños pidieron volver porque allí se sentían seguros.
Cuando el templo se vuelve parte de la vida cotidiana

Para muchos miembros del sur de Manila, este templo cambia la rutina espiritual. Antes, llegar al templo implicaba horas de viaje. Ahora está a minutos de casa, cerca de avenidas principales y transporte público.
Pero más allá de la comodidad, hay algo más profundo. El templo se vuelve una referencia constante, una invitación silenciosa a vivir de acuerdo con lo que allí se enseña.
Una madre comentó que ahora podrán asistir con más frecuencia. Un joven recordó sus primeras experiencias haciendo bautismos por los muertos. Una adolescente describió la dedicación como sentirse “en el cielo”. Ninguna historia fue exagerada. Todas fueron sencillas y reales.
Un recordatorio que va más allá del edificio

El Templo de Alabang se alza en medio de una ciudad activa, rodeado de tráfico, edificios y movimiento constante. Aun así, muchos coincidieron en lo mismo. Se siente diferente.
Y tal vez esa sea la mejor forma de resumir lo que se vivió ese domingo. El templo no busca aislarnos del mundo. Nos enseña cómo vivir en él con más luz, más propósito y más fe.
Al final, la invitación del élder Bednar fue clara y directa. Aprendemos en el templo para vivir mejor en casa. Para que lo sagrado no sea una visita ocasional, sino una influencia diaria.
Y en Alabang, Filipinas, ese mensaje encontró un hogar muy cerca del corazón de miles de familias.
Fuente: Church News



