Sabemos que, para muchas personas, recibir la investidura puede sentirse confuso al principio. No siempre sabemos qué llevar, a qué hora llegar o cómo prepararnos para algo que es nuevo y profundamente espiritual al mismo tiempo.
Por eso, desde la experiencia de quienes sirven como obreros del templo, reunimos algunos consejos sencillos que pueden ayudarte a llegar más tranquila o tranquilo, con menos dudas y con el corazón mejor dispuesto para vivir este día especial.
Llegar a tiempo también es parte de la preparación

El templo te pedirá llegar al menos una hora antes de tu sesión. No es un detalle menor. Ese tiempo permite recibir instrucciones, organizarte con calma y empezar el día sin apuros.
Si puedes llegar unos minutos antes, mejor. La investidura no se vive con prisa, y llegar con margen ayuda a que el corazón esté más tranquilo desde el inicio.
No vas sola ni solo

Para tu primera investidura necesitas un acompañante del mismo sexo. Puede ser alguien de tu familia o de tu barrio. Esa persona estará contigo durante todo el proceso y también debe llegar contigo una hora antes.
Este detalle no es solo organizativo. El templo se vive en comunidad y con apoyo, incluso en experiencias profundamente personales.
La ropa: preparada con anticipación

Un consejo práctico que hace toda la diferencia. Toda la ropa debe estar lista antes de ese día.
Los gárments se compran previamente en el centro de distribución con tu recomendación. Dentro del templo no se venden ni se arriendan. Por eso, ir acompañado al centro de distribución puede ser muy útil, especialmente para tomarte medidas y elegir con calma.
En el centro encontrarás ayuda, cintas métricas y telas de muestra. La comodidad también forma parte del respeto al convenio.
En cuanto a la ropa blanca:
- Mujeres: vestido blanco, sencillo, mangas largas.
- Hombres: camisa blanca manga larga, corbata y pantalón de vestir blancos.
Si no puedes o no deseas comprar toda la ropa, no hay problema. En el templo se puede arrendar vestimenta por un costo muy bajo y hay tallas disponibles. También la ropa ceremonial puede comprarse o arrendarse, y para la primera vez suele haber un descuento especial.
Pequeños detalles que alivian el momento

Llevar todo fuera de las bolsas y listo para usar ahorra tiempo y nervios. Ordenar ropa en el momento suele tomar más de lo que uno imagina. La preparación externa ayuda a la calma interna.
Respecto a joyas y peinado, la recomendación es simple. Aros pequeños, una cadena sencilla, peinados cómodos y sin volumen excesivo. Nada elaborado. El templo no pide perfección estética, sino sencillez.
Siempre habrá alguien cuidando de ti

Desde que llegas, un obrero u obrera del templo estará asignado para acompañarte. Conocen tu nombre y saben que ese día es especial para ti. No tienes que memorizar qué hacer ni a dónde ir, porque nunca estarás sola o solo.
Muchos obreros oran previamente por las personas que recibirán su investidura. Saber eso cambia la perspectiva. Alguien que no te conoce personalmente ya está pensando en ti delante del Señor.
Un momento que se vive, no que se apresura

Antes de entrar, la presidencia del templo dará una instrucción breve. A esa instancia entras solo con tu acompañante. Aunque algunas personas desean entrar con más familiares, solo se necesita una persona. El resto puede esperar.
Durante la sesión, los obreros saben que es tu primera vez. Nadie te apura. Todo se explica con cuidado y respeto. El templo enseña a través de la experiencia, no de la presión.
Tu acompañante también puede llevar un nombre familiar para realizar ordenanzas vicarias, y al final puedes invitar a familiares o miembros del barrio a esperarte en la sala celestial. Para muchos, ese momento se queda grabado para siempre.
Una invitación a la confianza

Recibir la investidura no es una prueba que hay que pasar bien ni una lista que hay que cumplir perfecto. Es una experiencia espiritual que se vive con ayuda, con guía y con mucho cuidado.
Si algo no queda claro, habrá alguien para ayudarte. Si te sientes nerviosa o nervioso, no estás solo. El templo está preparado para recibirte tal como estás.
Que estos consejos no sean una fuente de presión, sino una forma de llegar con más paz. Al final, lo más importante no es hacerlo todo perfecto, sino entrar con un corazón dispuesto a aprender y a confiar en el Señor.
Porque el templo no está pensado para generar ansiedad, sino para guiarnos paso a paso.
Fuente: @alejandra.burge



