Hace tres temporadas, Parker Kingston no estaba celebrando touchdowns ni viviendo su mejor momento en BYU. De hecho, estaba considerando irse.

No se sentía feliz. Año tras año se veía en el mismo lugar, con pocas oportunidades y muchas dudas. Para cualquier atleta universitario, ese punto es decisivo. Cambiar de equipo parecía una opción razonable.

Pero Parker hizo algo que marcaría el rumbo de su historia. Oró.

Orar cuando no todo está claro

El receptor abierto de BYU, Parker Kingston (11), mira hacia atrás mientras anota un touchdown durante la segunda mitad del partido contra los UCF Knights en el Estadio LaVell Edwards de Provo el sábado 29 de noviembre de 2025. Créditos: Rio Giancarlo. Imagen: Deseret News.

No fue una oración elaborada. Fue honesta. Le pidió a Dios dirección, claridad y ayuda para saber qué camino tomar. Y aunque la lógica parecía decirle que se fuera, la impresión espiritual era insistente: quédate.

Decidió confiar. Un año después, volvió a sentirse en una encrucijada similar. Muchos receptores regresaban al equipo y Parker pensó que todo seguiría igual. Otra vez, la posibilidad de irse estaba sobre la mesa.

Otra vez, oró, y otra vez, eligió quedarse. Con el tiempo, pudo ver con claridad algo que no era evidente al principio. Dios no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero sí fortalece a quienes deciden confiar.

La mejor temporada… y el mejor momento

El año más exitoso en el campo coincidió con una experiencia espiritual que le recordó qué logros tienen un valor eterno. Imagen: Instagram de Parker Kingston

El resultado fue una temporada 2025 inolvidable. Parker lideró a BYU con 928 yardas recibidas y 67 recepciones. Fue una pieza clave del equipo y vivió el año más exitoso de su carrera.

Sin embargo, cuando se le preguntó por lo mejor de ese año, no habló de estadísticas.

Después de acompañar a su hermano al templo mientras se preparaba para servir una misión, Parker sintió que él también debía ir. Esa experiencia marcó algo profundo en su corazón.

Entrar al templo fue más significativo que cualquier anotación, incluso más que los momentos de gloria en el campo. Para él, ese fue el verdadero punto más alto del año.

Fe también cuando se cometen errores

Los tropiezos no detuvieron su crecimiento. Volver a orar le permitió aprender, recuperarse y avanzar con una nueva perspectiva. Imagen: Instagram de Parker Kingston

La temporada no estuvo libre de tropiezos. Hubo errores visibles, como balones soltados en momentos clave y decisiones que le costaron minutos de juego. Uno de esos errores incluso terminó con él en la banca.

En lugar de rendirse o llenarse de frustración, Parker volvió a lo que ya conocía. Orar.

Pidió una mente clara, un corazón abierto y la capacidad de ser una luz para otros, dentro y fuera del campo. No pidió evitar dificultades, sino aprender a atravesarlas con propósito.

Ese enfoque lo ayudó a recuperarse y cerrar la temporada con fuerza, incluyendo varios partidos de más de 100 yardas.

Confiar también es avanzar

Elegir quedarse fue un acto silencioso de fe que terminó abriendo puertas que antes no se veían. Imagen: Instagram de Parker Kingston

Parker Kingston regresará a BYU para la temporada 2026. Lo hará con experiencia, con madurez y con una convicción que va más allá del fútbol.

Su historia no es sobre talento solamente. Es sobre decisiones silenciosas, oraciones repetidas y la disposición de confiar cuando el camino no es obvio.

A veces, quedarse es el paso de fe que abre la puerta a lo que Dios ya está preparando.

Fuente: Deseret News 

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