Elder Tuʻitavuki se bautizó en 2019, pero apenas dos meses después dejó la Iglesia. Tenía amigos, pero no contaba con apoyo en casa, así que dejó de asistir. Durante años no tomó asistió a la Iglesia de Jesucristo, hasta que en 2023 volvió con la familia de un amigo. Ese regreso trajo consigo el sentimiento del llamado a arrepentirse, a acercarse nuevamente a Cristo. Fue ahí donde comenzó su verdadero progreso.
El vacío que solo Dios puede llenar

Entre trabajos y pruebas, sentía que algo faltaba en su vida. Ese vacío no desaparecía. Al regresar a la Iglesia, comprendió que el cambio real solo podía venir de poner a Dios primero.
En 2024 enfrentó una decisión importante: quedarse y trabajar para su familia o servir una misión. Aunque dependían de él económicamente, supo que necesitaba más el evangelio que cualquier otra cosa. Su prioridad era clara: Dios primero.
Una misión de aprendizaje y amor

Una frase que marcó su misión fue del difunto Presidente Jeffrey R. Holland:
«Let people repent. Let people grow. Believe that people can change and improve.»
(“Deja que las personas se arrepientan. Deja que crezcan. Cree que pueden cambiar y mejorar”).
Durante la misión, aprendió lo que significa amar de verdad. Su corazón se abrió especialmente por los compañeros que tenían dificultades. Ayunaba y oraba por ellos en secreto, solo para que sintieran esperanza.
La verdadera alegría

Recuerda especialmente a un compañero que había perdido toda motivación y quería regresar a casa. Elder Tuʻitavuki no lo presionó ni lo juzgó, solo ayunó y oró por él. Un día, ese compañero se le acercó y preguntó
«Elder Tuʻitavuki, ¿podemos ir a trabajar?»
Ese momento le dio una alegría inmensa. Para él, los mayores momentos de felicidad no eran sus propios logros, sino ver cómo otros encontraban nuevamente la voluntad de servir.
Y está seguro de que así también siente el Señor cuando nos arrepentimos y volvemos a Él.
Jesús, vivo en la vida diaria

Antes de la misión, Jesucristo era solo un personaje de un libro. Pero servir lo llevó a comprender algo profundo: Jesús vive y está presente en nuestra vida diaria. Vive en nuestras acciones, nuestras palabras y en cada decisión que tomamos.
Él puede transformar nuestra vida completamente. Como dice Elder Tuʻitavuki:
“Él realmente vive”.
Elder Tuʻitavuki terminó recientemente su misión como Asistente del Presidente para todos los misioneros en Tongatapu, dejando un ejemplo claro: la fe y el arrepentimiento pueden cambiar vidas, paso a paso, decisión tras decisión.
Fuente: Historia Elder Tuʻitavuki



