Durante una oración nocturna, Kimberly White, una joven Santo de los Últimos Días se encontró pensando en un tema doctrinal complicado. Como suele pasar, empezó a imaginar:
“Si algún día hablara en la Conferencia General, diría esto…” y se dedicó a perfeccionar su discurso en su mente. Por un momento se sintió orgullosa de su “obra maestra”.
Pero pronto se detuvo. Se dio cuenta de lo absurdo de imaginar un escenario así, nunca recibiría un llamamiento de esa magnitud. Aunque se entregaba al Señor con todo su corazón, su pasado era complicado y representar a la Iglesia podría causarle más daño que bien.
Un llamamiento que lo cambió todo

Nunca había tenido un llamamiento de liderazgo, y fuera de la Iglesia tampoco se sentía influyente. Había intentado hablar en público sin éxito, escribir un libro que nadie compró, hacer un podcast de “Ven, Sígueme” que nadie escuchó, y tener un canal de YouTube o cuenta en X que nadie seguía.
En medio de esa oración, Kimberly sintió que estaba desperdiciando su tiempo imaginando algo que nunca sucedería. Le dijo al Señor:
“Señor, sé que no soy importante. No debo perder el tiempo soñando con hablar ante millones.”
Y entonces ocurrió algo inesperado: una voz clara en su mente, tan real como si alguien la hubiera dicho frente a ella, comunicó:
“Tú eres importante para mí.”
Ella se quedó sorprendida. Siempre había sabido que Dios la amaba, pero pensaba que era un amor general, como el cariño que uno siente por los cachorros solo por ser cachorros. Nunca imaginó que pudiera ser importante para Él.
Importancia no por logros, sino por valor ante Dios

Kimberly comprendió que ser importante para Dios no significa ser influyente o famoso. Significa ser digno de su atención y prioridad, aunque el mundo ignore nuestra existencia. Su vida, con todos sus fracasos y falta de reconocimiento, tenía valor ante Dios solo por ser Suya.
Y si alguien considerado un “nadie” es importante para Él, entonces todos lo somos. Si su vida importa a Él a pesar de los errores y las luchas, la tuya también.
Cada vida tiene propósito

Este descubrimiento llevó a Kimberly a comprender que no necesitamos fama ni logros para tener valor ante Dios. Cada oración, cada intento de hacer el bien, cada decisión de seguirle, importa y cuenta para Él.
Si Dios tiene tiempo para los “nadie”, también tiene tiempo para ti. Si cada vida es importante para Él, entonces la tuya también lo es.
Su mensaje es simple y poderoso: todos somos importantes para Dios, y eso le da propósito y significado a nuestra vida, más allá de lo que el mundo diga.
Fuente: Meridian



