Pregunta
La sociedad en la que vivimos es muy prometedora y está llena de muchas oportunidades. Sin embargo, no todo es solamente bueno. Es evidente que las divisiones sociales y la polarización también están muy presentes en nuestro diario vivir. ¡Una lástima!
El avance de las redes sociales solo lo ha empeorado y ahora normalizamos escuchar juicios y comparaciones casi constantemente. Esto está llevando a muchos a preguntarse: ¿por qué debería importarnos cómo viven los demás?
Para los cristianos puede que esa pregunta sea evidente, pero aquí es donde se abre espacio a otra más personal: ¿Dónde termina el respeto por el albedrío y dónde comienza nuestra responsabilidad hacia el prójimo?
Si alguna vez te has hecho estas preguntas, sigue leyendo.
Respuesta

Todo empieza recordando las enseñanzas de Jesucristo y, en este caso, vale la pena recordar una de Sus enseñanzas clave:
“Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22:37-39)
Como dice el Señor en dicha escritura, ambos mandamientos tienen el mismo peso espiritual. No podemos pretender cumplir uno sin vivir el otro.
En las enseñanzas de la Iglesia de Jesucristo, amar a Dios implica necesariamente amar a todos Sus hijos sin condiciones ni exclusiones porque, como afirma el Libro de Mormón:
“Él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha… y todos son iguales ante Dios”.
Ahora, si Dios ama a todos Sus hijos y busca su bienestar constantemente, ¿por qué nosotros no haríamos lo mismo?
Ejercer caridad en un mundo diverso

Ese amor a la manera de Cristo se llama “caridad” y ejercerlo es un mandamiento. Cuando lo hacemos, la caridad convierte nuestro interés por los demás en una oportunidad de transformación personal y social.
El profeta José Smith enseñó una vez:
“Nada es más eficaz para llevar a las personas a abandonar el pecado que tomarlas de la mano y velar por ellas con ternura”.
En prácticas palabras, él expresó que la bondad genuina, incluso si es pequeña, tiene una influencia poderosa y duradera.
Las enseñanzas de Jesucristo nos recuerdan que todos somos Hijos de Dios y ver a los demás desde esa perspectiva, incluso cuando hay diferencias, nos ayuda a responder con caridad en lugar de indiferencia.
El ejemplo del Buen Samaritano

Una de las razones por las que la indiferencia hacia los demás es cada vez más común y hasta justificable tiene que ver con estas frases aparentemente lógicas:
“Sus decisiones los llevaron ahí.
No es mi responsabilidad.
Alguien más se encargará”.
Frente a esas ideas, tanto las escrituras como las palabras de los líderes generales de la Iglesia de Jesucristo afirman algo claro: no son válidas.
Un ejemplo claro de esto es la parábola del Buen Samaritano. Según el relato, aunque eran enemigos, el Buen Samaritano no lo pensó dos veces y corrió al auxilio del hombre judío herido en el camino.

Esto demuestra que el discipulado auténtico trasciende barreras culturales y prejuicios para brindar amor mediante acciones de servicio a quien lo necesite. Y lo mejor, es que el servicio no solo deja huella en quien lo recibe sino también en quien lo ofrece.
Como enseñó el élder Dieter F. Uchtdorf:
“Al extender nuestras manos y corazones hacia los demás con amor cristiano, algo maravilloso nos sucede. Nuestro espíritu se sana, se refina y se fortalece. Nos volvemos más felices, más pacíficos y más receptivos a los susurros del Espíritu Santo”.
El crecimiento espiritual jamás ocurrirá desde tu zona de confort sino cuando sirves con amor incluso a pesar de la incomodidad hacia otros.
Los grandes males y cómo revertirlos

Dicho lo anterior, uno de los pasos más importantes para terminar con esta cadena de indiferencia social es reconocer los patrones de conducta que provocan la indiferencia.
El evangelio enseña claramente que la desigualdad y el egoísmo se encuentran entre esos patrones de conducta. Cuando nos dejamos llevar por ellos, es más fácil que el orgullo nos ciegue impidiéndonos atender el llamado de cuidar a los pobres y a los necesitados.
Frente a esto, el presidente Nelson declaró:
“En pocas palabras, nos esforzamos por construir puentes de cooperación en lugar de muros de segregación. Negros y blancos, esclavos y libres, hombres y mujeres: todos somos iguales ante Dios”.
Esas palabras son un llamado a poner fin a la desigualdad y el egoísmo y más bien, enfocarnos en la unidad basada en el amor.

Entonces, ¿por qué debería importarnos cómo viven los demás? Porque el amar al prójimo es una señal de que se está aprendiendo a amar como Cristo.
Cada acto de bondad y servicio tiene un efecto que trasciende. Y al final, servir a otros es una de las formas más claras de servir a Dios. Ten eso presente la próxima vez que te sientas tentado a responder con indiferencia.
Fuentes: Ask Gramps
