Las escrituras contienen mensajes poderosos. Eso lo sabemos. Pero hay momentos en los que, al leerlas con atención, nos damos cuenta de que revelan verdades que a menudo no reconocemos.
El libro de Moisés, parte de la traducción del profeta José Smith, es una de esas escrituras que sin querer, comparten verdades únicas que hoy consideramos de suma importancia en nuestra fe.
Muchas de esas verdades responden preguntas profundas y crisis existenciales que abundan en nuestro mundo, así que prepárate porque aquí te compartimos 6 verdades esenciales que conocemos gracias al libro de Moisés.
El “por qué” de la Creación

El Libro de Moisés comienza con él en “un monte extremadamente alto”, viendo a Dios cara a cara antes incluso de la muy conocida experiencia de la zarza ardiente. Sin duda, una escena muy poderosa.
Allí, Dios le revela algo que redefine toda la existencia:
“Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”.
¿Cuántas veces hemos leído esa escritura? Yo creo que varias veces. Por lo menos, como exseminarista, recuerdo haberla repetido varias veces, pero ¿qué significa realmente?
Si analizamos bien, nos daremos cuenta de que en ese momento Dios le estaba enseñando a Moisés que no somos un accidente, sino que nuestra vida tiene un propósito.
Eso quiere decir que la obra de la Creación siempre fue un acto consciente de amor de Dios con una meta clara: nuestra vida eterna. ¿De qué forma saberlo cambia la manera en la que te ves? Piénsalo por un momento.
La rebelión de Satanás ocurrió antes de la Tierra

La caída de Lucifer es otro punto que genera dudas, ya que en el Antiguo Testamento apenas se menciona. Pero gracias al Libro de Moisés, tenemos más contexto sobre este suceso.
Al leerlo aprendemos que, en la vida premortal, Satanás propuso redimir a todos eliminando el albedrío y reclamando la gloria para sí mismo. Su plan parecía eficiente, pero nos impedía desarrollarnos como Dios quería.
Como resultado, el Libro de Moisés enseña que:
“Llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras”.
Este suceso nos revela la segunda verdad: el albedrío es el corazón del plan de Dios. Sin oposición, no hay elección y sin elección, no hay crecimiento.
Satanás no entendió el propósito de la Caída

La tercera verdad se encuentra al leer este pasaje fascinante en el Libro de Moisés:
“Y Satanás incitó el corazón de la serpiente… y procuró también engañar a Eva, porque no conocía la mente de Dios”.
Al detenernos ahí comprendemos algo interesante: Satanás intentó destruir el plan de Dios, pero no comprendía que la Caída era un paso necesario para cumplirlo.
Esto aclara muchas dudas, en especial porque algunos creen erróneamente que Satanás colaboró con el plan de Dios al tentar a Adán y Eva, pero en realidad, la escritura nos enseña que esto no fue así.
Otra enseñanza que se nos revela aquí es que Dios puede convertir la oposición en una herramienta de progreso. Sus planes jamás se destruirán.
Adán conocía a Jesucristo y fue bautizado

Otra de las dudas más comunes que muchos nos hacemos es cómo Adán y Eva vivían el evangelio. ¿Lo hacían así como nosotros ahora?
Frente a esta duda el Libro de Moisés revela que, desde el principio, el evangelio de Jesucristo ya estaba plenamente establecido y no difería mucho de nuestros tiempos.
Después de la caída, sucedió esto:
“Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano, sí, cuantos quieran”. (Moisés 5:9)
Luego de esto, Adán profetiza que gracias a Jesucristo volverá a ver a Dios “otra vez en la carne” y Eva testifica del gozo por la redención de Jesucristo que se les prometió.
Más adelante ocurrió algo aún más interesante:
“Sucedió que Adán clamó al Señor, y lo arrebató el Espíritu del Señor, y fue llevado al agua, y sumergido en el agua, y sacado del agua. Y de esta manera fue bautizado”.
Estos tratos de Dios con Adán nos enseñan que desde el inicio, Su evangelio siempre fue el mismo y las ordenanzas como el bautismo son el centro de Su plan.
Adán y Eva agradecieron por la Caída

Aquí llegamos a un punto sorpresivo para muchos y es que después de compartir su testimonio sobre el Salvador, Adán declara:
“Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos”.
Y esto no fue todo, sino que Eva añade que sin la Caída no habrían tenido posteridad ni conocido el gozo de la redención. Y allí es donde muchos malinterpretan sus palabras.
Ellos no estaban agradecidos por haber pecado, sino que agradecían la capacidad para aprender, escoger y obtener experiencia que vino a través de la Caída.
El élder George Q. Morris enseñó:
“Todo lo que parece ser castigos, tristeza y dificultades, en el fondo no lo es. Son bendiciones. Hemos alcanzado el conocimiento del bien y del mal, el poder de apreciar lo bueno, de ser nuestros propios agentes, el poder de obtener la redención y la vida eterna. Estas cosas tuvieron su origen en esta transgresión”.
Al final, la Caída fue parte de un proceso de transformación que nos sigue bendiciendo.
Dios también llora

Quizás una de las escenas más únicas y conmovedoras de todas las escrituras está en Moisés 7 en la cual, al observar la maldad del mundo, Enoc percibe algo inesperado:
“Y aconteció que el Dios del cielo miró al resto del pueblo, y lloró” (Moisés 7:28)
Confundido ante esta escena tan personal, Enoc pregunta:
“¿Cómo es posible que tú llores, si eres santo, y de eternidad en eternidad?”
Como respuesta, el Padre afirma con dolor:
“He allí a estos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos… Mas he aquí, sus pecados caerán sobre la cabeza de sus padres… ¿no han de llorar los cielos, viendo que estos han de sufrir?”
En ese momento Dios demuestra que no es distante ni indiferente ante nuestras circunstancias. Más bien, es un Padre que sufre cuando sufrimos. Esa imagen de Él llorando lo cambia todo.
En un mundo muy caótico, estas verdades nos dan perspectiva y nos recuerdan que nuestra historia es un plan perfecto diseñado con amor.
La próxima vez que abras el Libro de Moisés, léelo como una declaración poderosa de quién eres y hacia dónde vas. Puede que descubras otras verdades que hasta ahora nunca habías reconocido.
Fuente: LDS Living



