Nota del redactor: Los hechos en este artículo corresponden a la experiencia personal de “Tom” compartida en el sitio web “Called To Share”.
El Señor siempre escribe grandes historias de fe en todo el mundo y, a veces, tienen inicios muy peculiares. La experiencia de Tom nos enseña cómo un simple viaje de curiosidad sin ningún plan establecido puede dar paso a un milagro misional que puede cambiarlo todo.
Mientras lees su historia, recuerda aquellos momentos en los que sentiste que Dios no respondía tus oraciones. Esto le pasó a Tom, pero su forma de reaccionar en medio de ese «tiempo de espera» marcó un antes y un después en su relación con Dios.
Un milagro misional

En noviembre de 1977 Tom viajó a Salt Lake City por trabajo. Como él tenía algunas horas libres, decidió pasar por la Manzana del Templo solo por pura curiosidad.
Fue así como él entró al centro de visitantes y comenzó a recorrer las exhibiciones. Todo estaba tranquilo hasta que Tom se detuvo frente a un panel con los 13 Artículos de Fe. Mientras leía con atención cada una de las declaraciones, algo comenzó a cambiar dentro de él.
Lo que sintió allí fue una certeza clara. En ese momento supo que lo que leía era verdad.
Antes de retirarse del lugar, Tom llenó una tarjeta de referencia misional solicitando más información, pidió un ejemplar del Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo y tomó algunos folletos misionales.
Luego de esa experiencia, Tom subió directo a un avión y emprendió su rumbo a casa en Santa Clara, California, con una emoción que no sabía bien cómo explicar.
Preparando el corazón para el mensaje

Al llegar a casa, Tom le contó toda su experiencia a su esposa. Ella también se emocionó y juntos comenzaron a leer el Libro de Mormón y los folletos que Tom había traído.
Pero no solo era eso. Ambos conversaban por las noches sobre lo que leían, comparaban enseñanzas, hacían preguntas y cada vez más, algo en su interior les decía que siguieran adelante.
Pasaron varias semanas y Tom no recibía noticias en cuanto a la tarjeta que había dejado en Salt Lake solicitando más información. Ni siquiera sabía si alguien lo había recibido. Sin embargo, seguía leyendo el Libro de Mormón junto a su esposa.
El tiempo siguió transcurriendo hasta que finalmente la espera terminó en febrero de 1978 cuando dos misioneros tocaron la puerta de Tom.
Desde la primera conversación se sentía paz. Ellos les enseñaron con paciencia, respondieron sus dudas y les ayudaron a hacer cambios y dejar hábitos que, para Tom, lo habían acompañado por años, como el alcohol y el tabaco. No fue fácil, pero en el transcurso él sintió una fuerza que lo sostuvo.
Parecía que incluso antes de la llegada de los misioneros, Tom y su esposa ya estaban preparados para recibir el evangelio así que finalmente el 22 de abril de 1978, ambos fueron bautizados. Ese día marcó el inicio de una nueva etapa más centrada en Jesucristo para ellos.
Otra perspectiva de la historia que no conocían

La historia no terminó ahí sino que muchos años después, Tom pudo visitar a uno de los misioneros que conoció, quien vivía en Caldwell, Idaho. Durante su conversación, el exmisionero contó algo que Tom desconocía.
Lo que él no sabía era que la misión había cerrado temporalmente donde vivía Tom y cuando finalmente se reabrió, el misionero fue asignado para reiniciar la obra junto a un nuevo compañero recién llegado del Centro de Capacitación Misional.
Cuando llegaron al departamento donde vivirían, lo encontraron en pésimas condiciones. Decidieron que no podían salir a enseñar hasta limpiarlo todo. Así que se pusieron ropa de trabajo y empezaron a ordenar.
Cuando separaron un escritorio de la pared, una pequeña tarjeta que estaba pegada en la parte trasera cayó al suelo. Era la tarjeta de referencia de Tom que había estado olvidada allí por meses.

El misionero la despegó, leyó el nombre y la dirección, y se dio cuenta de que nunca se le había dado seguimiento a la referencia de Tom. Entonces miró a su compañero y le dijo:
“Póngase el traje. Vamos a esta casa ahora mismo”.
Ese fue el día en el que ambos tocaron la puerta de Tom. Lo que él pensaba que era una respuesta a su solicitud, para los misioneros fue en verdad un milagro.
Puede que así como Tom, tú sientas que a veces Dios se está retrasando o que una oración aún no ha sido contestada, pero lo que esta experiencia nos recuerda es que el Señor nunca olvida y Su tiempo es perfecto.
Fuente: Called To Share



