Emma no esperaba que ese día cambiara su historia. Había conocido a David años atrás, pero nunca habían tenido una cita formal. Hasta que, después de su misión, él le hizo una pregunta directa
Quería que fuera su novia. Ella se sorprendió, no sabía que estaban “saliendo”. Pero dijo que sí. Meses después, estaban comprometidos.
Desde afuera, parecía un cuento perfecto. Pero Emma sabía algo que muchos no ven cuando miran una relación feliz Antes de llegar ahí, había tenido despedidas difíciles.
Relaciones que terminaron con frases como “oré y siento que no es lo correcto” o “simplemente no somos compatibles”. Con el tiempo entendió algo importante.
A veces, una relación termina porque primero necesitamos encontrarnos a nosotros mismos.
La idea equivocada de que el amor significa perderse

En la cultura actual, estar en una relación muchas veces se presenta como una fusión total.
Pensamos que amar es compartir todo, el tiempo, los gustos, los planes, la identidad… Pero esa idea, aunque suena romántica, puede ser peligrosa. Porque una relación sana no borra la identidad, la fortalece.
El problema aparece cuando alguien empieza a dejar de lado lo que ama, lo que le interesa o lo que lo define, solo para encajar en la vida de otra persona. Poco a poco, sin darse cuenta, deja de ser quien era.
Y comienza a depender emocionalmente de la relación para sentirse completo.
Ni siquiera las mejores relaciones llenan todos los espacios

La profesora Chelom Leavitt, especialista en relaciones familiares, explicó una realidad que puede sorprender
Ni siquiera una gran relación satisface todas las necesidades emocionales de una persona.
Eso no es una falla, es parte del diseño. Las personas también necesitan amigos , tiempo a solas, metas personales y crecer como individuos.
Emma, por ejemplo, ama leer y David disfruta trabajar la madera. Son intereses distintos. Y eso no los separa, los equilibra.
Porque el amor sano no exige que ambos sean iguales. Permite que ambos sean completos.
Dios nunca pidió que dejemos de ser nosotros mismos

Desde una perspectiva espiritual, esto tiene aún más sentido. Dios no creó copias, creó individuos con dones diferentes, personalidades diferentes y especialmente misiones diferentes.
El presidente Thomas S. Monson enseñó:
“Nunca permitan que un problema que resolver sea más importante que una persona que amar”.
Pero también es cierto lo contrario:
Nunca debemos permitir que una relación nos haga olvidar quiénes somos como hijos de Dios.
El matrimonio y el noviazgo no existen para reemplazar nuestra identidad, existen para refinarla, fortalecerla y ayudarnos a crecer. No para desaparecer dentro de ella.
Las rupturas también son una forma de dirección

Mirando atrás, Emma reconoce que cada relación que terminó cumplió un propósito. En ese momento dolió. Pero con el tiempo entendió que cada experiencia le enseñó algo. Cada despedida aclaró lo que realmente necesitaba y cada etapa la preparó.
A veces, Dios usa las despedidas para guiarnos hacia donde realmente pertenecemos. Y también para ayudarnos a convertirnos en la persona correcta, antes de encontrar a la persona correcta.
Las mejores relaciones no nacen de la necesidad o dependencia, sino de la elección y de la decisión consciente de compartir la vida. Una relación sana es cuando dos personas completas deciden caminar juntas, no cuando dos personas incompletas intentan llenarse mutuamente.
Porque el amor verdadero no borra, reduce o limita. El amor verdadero expande. Y cuando una persona se mantiene fiel a quien es, mientras aprende a amar a alguien más, descubre algo importante
Nunca tuvo que dejar de ser ella misma para ser amada.
Fuente: Daily Universe



