Todos conocemos historias de amor que al recordarlas, nos inspiran y causan mucha ilusión. Sin embargo, muy pocas de ellas atraviesan siglos y siguen teniendo relevancia hoy en día. La historia de Abraham y Sara es una de ellas.
Su relación, como la de todos, no fue perfecta ni sencilla. Fueron probados por el dolor, el hambre, el miedo y la incertidumbre. Y, sin embargo, cada prueba los unió más.
No es casualidad que profetas como Isaías los tomen como referencia. Su historia refleja una clase de amor que todos necesitamos seguir. A continuación, te contamos algunos detalles sobre la relación de Abraham y Sara y cómo somos bendecidos por ello.
Un amor que empezó con propósito

Desde el inicio de su matrimonio, Abraham y Sara demostraron ser compañeros espirituales que estuvieron juntos superando muchas pruebas. La primera de ellas llegó cuando mediante un llamado de Dios:
“Ahora bien, Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra, y de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”.
Esto significaba que tanto Abraham como Sara debían dejarlo todo para iniciar de nuevo en nuevas tierras. Siendo honestos, era una prueba grande, pero aun así, Sara fue con él.
“Y tomó Abram a Sarai, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano… y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron”. (Génesis 12:5)
En todo momento, en las buenas y en las malas, Sara se mantuvo leal a Abraham y él también a ella, demostrando así que, como enseñó el élder Neal A. Maxwell:
“La mayor felicidad que existe en el generoso plan de Dios está finalmente reservada para aquellos que estén dispuestos a esforzarse”.
Este no fue el único momento en el que ambos experimentaron oposición. Su matrimonio se mantuvo fuerte y feliz solo después de superar cada prueba juntos.
Segunda prueba: el hambre y Egipto

Poco después de llegar a la tierra que Dios les prometió después de dejar su tierra anterior, Abraham y Sara se enfrentaron a una gran hambruna, la cual los obligó a ir a Egipto en busca de alimentos.
Pero el hambre no fue el mayor obstáculo que les esperaba. En Egipto, les aguardaba una amenaza real que el Señor advirtió a Abraham:
“Y sucedió que cuando estaba cerca, ya para entrar en Egipto, el Señor me dijo: He aquí, Sarai tu esposa es de hermoso aspecto; por tanto, sucederá que cuando la vean los egipcios, dirán: Su esposa es; y te matarán, mas a ella le preservarán la vida”.
Para evitar que la vida de Abraham corriera riesgo, Dios propuso una solución inesperada que alertó a Sara:
“Hazlo de esta manera: Diga ella a los egipcios que es tu hermana, y vivirá tu alma”.
Esa solución angustió a Sara no porque quería desobedecer, sino porque era leal a su compromiso con Abraham y a su convenio con Dios. Sin embargo, después de hablar con Abraham, ambos decidieron confiar en Dios y confiar el uno en el otro.
Al final, Sara decidió defender su matrimonio y fue protegida por Dios. Aunque esa fue una prueba fuerte, no rompió su relación.
Tercera prueba: su posteridad

Otra de las pruebas que enfrentaron fue una que afectó principalmente a Sara: la esterilidad. Este dolor fue más intenso en especial porque el Señor les había extendido una promesa:
“Y luego la palabra de Jehová vino a [Abraham], diciendo: Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia”.
Pero los años pasaban y Sara no lograba concebir. Aun cuando esto le causó pesar, ella buscó cumplir la promesa de Dios y entregó a su sierva Agar para que Abraham tuviera descendencia con ella. ¿Te imaginas cómo se sentía Sara al aceptar que su esposo tuviera hijos con otra mujer?
Solo cuando Abraham supo que esto no afectaba a Sara fue que aceptó esta propuesta demostrándole que a pesar de esas circunstancias, Sara era la única mujer para él.
Finalmente Dios premió la fidelidad de ambos extendiéndoles una nueva promesa: Sara tendría un hijo. Y aunque ella dudó de la realidad de esto debido a su avanzada edad, Dios cumplió y así fue cómo nació Isaac.
Durante esos años de espera, la fe de ambos se fortaleció y con la llegada de Isaac, su gozo como matrimonio fue completo.
Su historia sigue vigente

El nacimiento de Isaac no fue un hecho común sino la señal de un convenio especial que Dios hizo con Abraham:
“Y haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera… y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra, sí, con las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna”.
Fue así como Abraham y Sara fueron escogidos para establecer lo que conocemos como el “convenio abrahámico” debido a que ambos fueron fieles a su matrimonio y a Dios, y lo mejor es que esa promesa nos sigue bendiciendo hoy.
Cada vez que alguien hace convenios con Dios efectuados por quien posee el sacerdocio, entra en esa misma promesa. Al final, la fidelidad de una pareja en la antigüedad sigue bendiciendo a familias modernas.
Más allá de esto, la relación de Abraham y Sara nos invita a la reflexión. Si estás casado, su historia te invita a preguntarte: ¿mi cónyuge y yo estamos enfrentando las pruebas como equipo?
Si eres soltero, su historia te muestra el tipo de relación que vale la pena que busques. Porque siempre habrá pruebas, pero Abraham y Sara son el ejemplo claro de que cuando Dios está al centro de todo, nada podrá quebrar el amor verdadero.
Fuente: Meridian Magazine



