Las escrituras guardan relatos de sacrificios y fe que, si bien admiramos, también generan confrontación. Uno de ellos es la historia de la prueba de Abraham e Isaac.

Ese no es solo un relato más en el Antiguo Testamento. Es una advertencia directa para nosotros. Y es que una de las cosas que el Señor ha declarado es que seremos probados como Abraham.

“Es preciso que sean disciplinados y probados, así como Abraham, a quien se le mandó ofrecer a su único hijo”. 

¿De qué forma ocurre esto?

Cuando Dios pide lo impensable

Abraham y Isaac
Dios le manda a Abrahama a sacrificar a su único hijo Isaac. Arte: «Abraham Taking Isaac to Be Sacrificed» por Del Parson

Primero, recordemos un poco los antecedentes de esta prueba. Abraham dejó su tierra por mandato de Dios y había visto muchos milagros por su obediencia. Uno de ellos fue Isaac, su hijo, y el cumplimiento visible del convenio con Dios.

Justo cuando la vida de Abraham no podía ser mejor, vino la petición particular de Dios:

“Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”.

En esta parte es donde el relato se vuelve más personal. La prueba no era solo si Abraham obedecería, sino que debía escoger a quién amaba más. Pero como el presidente Spencer W. Kimball enseñó, Abraham sabía que: 

“Dios no exigiría de él nada que no fuera para su bien”

 Pero, ¿por qué pedir algo así?

Si bien el sacrificio de Isaac fue necesario para probar la fe de Abraham, no dejó de ser una prueba dolorosa. Imagen: Pinterest

Mediante esa prueba Abraham aprendió a aplicar la fe obedeciendo incluso sin comprender la razón detrás del mandato que recibió. Luego tomó a su hijo Isaac y emprendieron una caminata de tres días.

Pero a pesar de la fe, es imposible imaginar el dolor y la angustia de Abraham en esos tres días. Dios le había prometido una gran posteridad, pero ahora debía levantar el cuchillo para destruirla.

Al reflexionar en ese momento muchos se preguntan: pero ¿por qué Dios le pidió algo así? Aunque haya parecido un pedido cruel, esa petición tuvo un propósito.

La imagen del sacrificio de Isaac incluyó tres escenas: el hijo cargando la leña, la subida al monte y su sumisión a la voluntad de su padre. ¿Esto te recuerda algo o a alguien? Sí, es Jesucristo.

jesucristo
La experiencia de Abraham e Isaac fue un pararelismo al sacrificio de Jesucristo. Imagen: Canva

El paralelismo del sacrificio de Isaac con el sacrificio del Hijo de Dios es evidente, pero en la experiencia de Abraham había algo más: el Señor estaba moldeando un líder cuyo corazón estuviera completamente alineado con la fe.

El presidente Joseph Fielding Smith una vez enseñó que:

“Una religión que no exige el sacrificio de todas las cosas… nunca tiene el poder suficiente para producir la fe necesaria para la vida y la salvación“.

Esa declaración explica por qué se le pidió esto a Abraham. Sin sacrificio total, no hay fe total.

Ser probados como Abraham hoy

Si bien vivimos en una época menos estricta, el Señor nos sigue probando como Abraham. Imagen: Canva

Así como se le requirió este gran sacrificio a Abraham, los primeros Santos de los Últimos Días de la época de la Restauración también tuvieron que hacer grandes sacrificios para que el evangelio de Jesucristo vuelva a la tierra.

Ahora, aunque vivimos en una época más “civilizada” y menos estricta, eso no quiere decir que estemos exentos de las pruebas abrahámicas. Ser probados como Abraham hoy puede significar:

  • Defender principios cuando parece que perdemos oportunidades.
  • Permanecer fieles cuando las promesas de Dios parecen retrasarse.
  • Confiar en Dios cuando lo que Él requiere de ti no tiene sentido.
  • Soltar algo que amas porque Él lo pide.

En todos esos casos, tal como en el de Abraham, la prueba no es perder algo, sino estar dispuestos a perderlo. Ahí es donde se demuestra la fe.

Si hoy estás en ese dilema y te cuesta perder algo que amas por Dios, recuerda el final de la historia de Abraham. Isaac no murió y Dios cumplió todas Sus promesas. Si bien a veces tendrás que sacrificar algo preciado, lo que Dios te ofrecerá será mucho más grande que la pérdida.

Fuente: Meridian Magazine

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