En el mundo del deporte profesional, cada año cuenta. Las carreras son cortas, la competencia es intensa y muchos atletas sienten que no pueden perder ni una temporada. Por eso, cuando algunos jugadores deciden pausar su carrera durante dos años para servir como misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la decisión suele generar curiosidad.

Eso fue lo que ocurrió recientemente con dos deportistas profesionales, uno es el jugador de la NBA Sam Merrill y el otro es el beisbolista Jackson Cluff. Sus experiencias misionales volvieron a llamar la atención en medios nacionales, donde ambos respondieron preguntas sobre lo que realmente significa servir una misión.

Para ellos, la misión no fue una pausa en su desarrollo personal, sino una experiencia que cambió la forma en que enfrentan la vida y su carrera.

Dos años lejos de la cancha

Sam Merrill. Imagen: KSL Sports

Sam Merrill, actual jugador de los Cleveland Cavaliers, habló sobre su misión durante un podcast junto a algunos de sus compañeros de equipo. Cuando surgió el tema, uno de ellos comentó que Merrill se había ido dos años a servir como misionero y regresó hablando español con fluidez.

Merrill explicó que partió a su misión en Nicaragua poco después de graduarse de la secundaria. Durante ese tiempo, su vida cambió por completo. El enfoque ya no estaba en entrenamientos, estadísticas o partidos. La rutina diaria consistía en caminar, hablar con personas y compartir un mensaje sobre Jesucristo.

Cuando le preguntaron si jugaba baloncesto durante la misión, Merrill respondió con sinceridad que casi nunca lo hacía. La mayor parte del poco tiempo que tocó un balón fue durante su capacitación inicial en el Centro de Capacitación Misional en México.

Después de llegar al campo misional, el deporte prácticamente desapareció de su rutina. La prioridad era servir a las personas y compartir el evangelio.

Una experiencia que dejó huella

El base de los Cleveland Cavaliers, Sam Merrill (5), lanza una canasta de tres puntos durante el partido de la NBA entre los Utah Jazz y los Cleveland Cavaliers en el Delta Center de Salt Lake City el martes 2 de abril de 2024. Merrill se graduó y jugó en la preparatoria Bountiful y la Universidad Estatal de Utah. Créditos: Megan Nielsen. Imagen: Deseret News

Durante el podcast, Merrill también contó que apenas tres meses después de llegar a Nicaragua, él y su compañero fueron asaltados mientras caminaban por la calle.

Un grupo de hombres les pidió que entregaran sus teléfonos. Cuando Merrill obedeció, uno de ellos regresó y le lanzó una piedra que le golpeó directamente en la boca.

El impacto fue fuerte y terminó necesitando meses de tratamiento dental. Sin embargo, cuando Merrill habla de su misión, no lo hace con resentimiento ni arrepentimiento. Todo lo contrario.

Dice que la misión le enseñó a trabajar duro, a ser resiliente y a enfrentar desafíos con fortaleza. Incluso después de una experiencia así, asegura algo que sorprende a muchos. No cambiaría esos dos años por nada.

Una decisión que puso la fe primero

Jackson Cluff. Imagen: Washington Post

Algo similar ocurrió con Jackson Cluff, un jugador de béisbol que pasó por la Universidad Brigham Young y más tarde fue seleccionado en el draft de las Grandes Ligas.

Después de su primer año universitario, Cluff tomó una decisión poco común para un atleta que busca avanzar rápidamente en su carrera. Decidió pausar el béisbol por dos años para servir una misión.

Muchos podrían pensar que detenerse en ese momento podría afectar sus oportunidades deportivas. Sin embargo, Cluff explicó que para él la decisión era clara.

Sentía que servir una misión era algo que realmente quería hacer. Así que dejó temporalmente el deporte y fue llamado a servir en Atlanta, Georgia.

Una perspectiva que va más allá del deporte

El segunda base de los Nacionales de Washington, Jackson Cluff, a la izquierda, realiza la jugada durante la sexta entrada de un partido de béisbol de entrenamiento de primavera, el lunes 15 de marzo de 2021, en Júpiter, Florida. Imagen: AP

Cuando habla sobre esa decisión, Cluff reconoce que a veces sus compañeros se sorprenden al saber que dejó el béisbol por dos años.

Pero su respuesta siempre es que no tiene ningún arrepentimiento. La misión fortaleció su fe y cambió la manera en que ve su vida y sus metas.

De hecho, asegura que el impacto personal y espiritual de esos años ha sido más importante que cualquier logro deportivo.

No significa que el deporte no sea importante para él. Pero ahora lo ve dentro de una perspectiva diferente. La misión le dio dirección, propósito y una comprensión más clara de lo que realmente importa.

Más que una pausa en la carrera

Los misioneros tocan tu puerta con un mensaje de paz. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Para muchos jóvenes, especialmente aquellos que sueñan con carreras profesionales o académicas exigentes, la idea de detener todo durante dos años puede parecer arriesgada.

Las historias de Merrill y Cluff muestran otra perspectiva. La misión puede ser un tiempo en el que se desarrollan cualidades que también influyen en otros ámbitos de la vida: disciplina, resiliencia, empatía y propósito.

Servir una misión no necesariamente retrasa el crecimiento personal. En muchos casos lo profundiza.

Al final, estos atletas regresaron a sus carreras deportivas con algo más que experiencia. Volvieron con una fe más fuerte y con una visión más clara de quiénes quieren ser. Para ellos, esa es una victoria que va mucho más allá del marcador.

Fuente: Deseret News 

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