Durante un devocional dirigido a misioneros en el Centro de Capacitación Misional de Provo, el élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, el enseñó que el ministerio de Jesucristo ofrece un modelo claro para quienes desean servir en Su obra.
El apóstol explicó que el Salvador estableció lo que llamó “patrones divinos”: principios espirituales que reflejan cómo Jesucristo cumplió Su misión en la tierra.
Según el élder Soares, estos patrones no son casuales. Son eternos, deliberados y están centrados en el amor de Dios.
“Cuando alineamos nuestro servicio con los patrones que el mismo Salvador vivió, nuestro servicio gana consistencia espiritual, nuestros esfuerzos se magnifican y nuestro corazón cambia”.
El mensaje fue transmitido a los Centros de Capacitación Misional de todo el mundo y contó también con la presencia de su esposa, la hermana Rosana Soares.

Uno de los primeros patrones que el Salvador estableció, explicó el élder Soares, fue la manera en que llamó a Sus apóstoles.
En el Nuevo Testamento se relata que Jesucristo pasó la noche en oración antes de escoger a los Doce. Para el apóstol, ese detalle muestra que el llamado al servicio se realiza bajo dirección divina.
“Jesús pasó toda la noche en oración, demostrando que su selección se hizo bajo dirección divina».
El élder Soares explicó que ese mismo patrón continúa hoy. Los misioneros también son llamados mediante inspiración, oración y revelación.
“Testifico que han sido llamados para representar al Salvador y ayudar a Sus apóstoles en esta gran obra”.
Olvidarse de uno mismo para servir

Otro patrón importante del ministerio de Cristo es el principio de olvidarse de uno mismo en el servicio del Señor.
El élder Soares aclaró que esto no significa ignorar las necesidades personales ni perder la individualidad. Más bien implica consagrar los deseos y poner la obra de Dios por encima de la comodidad, el miedo o la comparación con los demás.
“Cuando nos olvidamos de nosotros mismos en la obra del Señor, dejamos a un lado distracciones personales y crecemos espiritualmente”.
También añadió que ese proceso transforma el corazón y aumenta la capacidad de amar a otras personas.
“Buscar olvidarnos de nosotros mismos no es una pérdida; es un intercambio sagrado. Cuando entregamos nuestro corazón al Señor, Él lo ensancha”.

El élder Soares también habló sobre la importancia de mantener la mirada puesta en el propósito del discipulado, incluso cuando aparecen dificultades.
El Salvador enseñó a Sus discípulos que habría oposición y rechazo. Para los misioneros actuales, esa oposición puede manifestarse de diferentes maneras: cansancio, dudas, nostalgia por el hogar o experiencias de rechazo.
Sin embargo, el apóstol recordó que el enfoque espiritual puede cambiar la forma en que se viven esas experiencias.
“Cuando nuestro enfoque se aleja de Jesucristo y de nuestro propósito, llega el desánimo”.
En contraste, cuando el centro del servicio es invitar a otros a acercarse al Salvador, el gozo se vuelve más constante.
“Cuando nuestro enfoque permanece en Él y en invitar a otros a venir a Él, el gozo se vuelve firme y resiliente”.
El gozo como poder espiritual

El élder Soares también habló sobre el papel del gozo en la obra misional.
Explicó que el gozo no debe entenderse solo como una emoción pasajera, sino como una decisión espiritual que nace de la fe.
“El gozo no es simplemente una emoción; es una elección centrada en los convenios y arraigada en la fe”.
Ese gozo, agregó, se relaciona con una profunda sensación de paz que surge al permanecer conectados con Jesucristo.
“Cuando eliges el gozo, especialmente en momentos difíciles, invitas poder divino a tu vida”.
Ese poder, dijo, no solo fortalece al misionero, sino que también bendice al compañero de misión y a las personas que escuchan el mensaje del evangelio.
“El gozo es contagioso, y al compartirlo se convierte en un testimonio silencioso de Cristo”.

Al concluir su mensaje, el élder Soares recordó que todos estos patrones tienen un mismo centro: Jesucristo.
El propósito de la obra misional, explicó, no es simplemente enseñar principios o programas, sino ayudar a las personas a acercarse al Salvador.
“Él es el mensaje. Él es el poder. Él es la razón por la que servimos”.
El apóstol invitó a los misioneros a estudiar la vida y el ministerio de Jesucristo para identificar estos y otros patrones espirituales que puedan guiarlos durante su servicio.
También prometió que seguir esos ejemplos del Salvador traerá bendiciones duraderas.
“Al seguir estos patrones divinos ejemplificados por el Salvador durante Su ministerio, su corazón se llenará de paz, su confianza se fortalecerá y el gozo prometido será suyo”.
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