Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, servir una misión es algo profundamente significativo. Muchos jóvenes crecen desde niños con la idea de la misión, y eso está bien, pero cuando la misión parece ser una medida de fe o “nivel espiritual”, ahí se vuelve algo negativo.

Debemos tener en cuenta que no todos tienen la misma condición para ser misioneros de tiempo completo, pero a veces, sin querer, ciertos comentarios hacen que los jóvenes se pregunten: ¿Realmente mi valor depende de si sirvo una misión?

Si te has hecho o te estás haciendo esa pregunta porque decidiste no ir a la misión, la respuesta cambiará completamente la forma en que te ves ahora mismo.

Tu valor no empieza con una placa misional

La identidad de una persona no está en una placa misional. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Antes de cualquier llamamiento misional incluso antes de cualquier decisión, hay una verdad que no cambia: Eres hijo o hija de Dios y eso no se prueba ni se pierde. Tal como declara el Señor:

«Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”. (Doctrina y Convenios 18:10)

Dios no dice “el valor de los misioneros” ni “el valor de los que cumplen ciertos requisitos” sino de las almas y eso te incluye a ti y a todos en el mundo sin importar si son misioneros o no. Esto significa principalmente que tu valor no es mayor que la de otros por servir una misión porque ya era infinito desde el principio.

La misión no es un “filtro” para ver quién vale más sino que es una oportunidad de servicio y transformación. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Entonces, ¿significa eso que la misión no importa? Para nada, la misión sigue siendo importante y mucho. Pero no por la razón que muchos creen. La misión no es un “filtro” para ver quién vale más sino que es una oportunidad de servicio y transformación.

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“El Señor ama el esfuerzo, porque el esfuerzo brinda recompensas que no pueden recibirse sin él”.

Esto deja claro que aunque Dios no mida tu valor por si fuiste o no a una misión, sí lo hace por tu disposición a seguirle y esforzarte donde estés.

Cuando no servir se siente como fallar

Quienes optan por no ir a la misión a menudo enfrentan tristeza o vergüenza. Imagen: masfe.org

Ahora, aquí viene otro punto a considerar y es que para algunos jóvenes es inevitable la decisión de no optar por la misión ya sea por salud, circunstancias, decisiones personales u otras razones. Pero a pesar de que esos motivos puedan ser razonables, muchos sienten culpa o incluso vergüenza solo por no ser misioneros.

Si ese es tu caso o conoces a alguien con esa idea, resulta útil recordar lo que enseña el Salvador. En las escrituras se nos revela algo importante:

“Yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones”.

La obra misional no empieza ni termina con una misión de tiempo completo. Imagen: masfe.org

Esto quiere decir que Dios no hace comparaciones injustas. Él ve el contexto completo y considera lo que puedes hacer según tus capacidades, lo que has vivido y lo que hay en tu corazón. Y ahí es donde entra una de las ideas más importantes: La obra misional no empieza ni termina con una misión de tiempo completo porque:

“Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios”. (Mosíah 2:17)

La verdaderoa obra misional también se vive ayudando a alguien que lo necesita, compartiendo la fe con un amigo, siendo un buen ejemplo e incluso defendiendo lo correcto donde estés. No es necesario salir de la ciudad ni tener una placa para ser misionero.

Entonces, ¿qué sí define tu valor?

hombre mirando al horizante
Tu verdadero valor se encuentra en tu identidad divina. Imagen: Canva

Primero dejemos en claro que nada de lo siguiente te define: si serviste o no una misión, cuánto tiempo serviste, dónde serviste ni cómo te comparas con otros. Tu verdadero valor se encuentra en tu identidad divina y tu relación con Jesucristo.

Como enseñó el élder Dieter F. Uchtdorf:

“Somos importantes para Dios no por nuestro currículo, sino porque somos Sus hijos”.

En resumen, la misión no define tu valor delante de Dios, no es un requisito para ser amado ni tampoco es una etiqueta que te hace «más digno» pero sí puede ayudarte a descubrir tu valor más profundamente.

La misión es una invitación divina y una de muchas formas de decirle a Dios:

“Aquí estoy. Quiero servirte”.

Y lo más importante es que puedes demostrarle esa disposición a servirle con o sin placa.

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