A veces pensamos que el testimonio llega de formas complejas o en momentos muy específicos. Pero hay ocasiones en las que todo comienza con algo tan sencillo como una canción.
Eso fue lo que vivió Pythagore, en Kinshasa, en la República Democrática del Congo.
Todo empezó cuando su padre comenzó a interesarse por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Un amigo le había hablado de la Iglesia, así que decidió visitar una pequeña rama cerca de su casa.
Antes de tomar una decisión, le pidió a su hijo mayor que lo acompañara. Ese día, Pythagore no sabía que algo tan simple como el himno de apertura marcaría su vida.
Una canción que respondió más de lo que esperaba

Durante la reunión sacramental, el primer himno fue «Loor al Profeta”, un himno sobre el profeta José Smith.
Mientras escuchaba la letra, empezó a sentir algo diferente. No fue una emoción exagerada ni un momento dramático, sino sintió que ese era el lugar donde su familia debía estar.
Con esa certeza tranquila, la siguiente semana, toda la familia fue a la iglesia.
Poco después, su padre decidió bautizarse. Y mientras tanto, el resto de la familia comenzó a reunirse con los misioneros.
En mayo de 1999, todos fueron bautizados. Una decisión que empezó con una invitación y se confirmó con un himno.
Cuando la música se vuelve parte del testimonio

Desde ese momento, la música no fue solo algo bonito en su vida. Se convirtió en parte de su fe.
En su familia, cantar sobre el Salvador se volvió una tradición, especialmente en la época de Pascua. Cantaban en casa y también organizaban actividades musicales en su comunidad.
Entre todos los himnos, el himno “Savior, Redeemer of My Soul” (traducido, «Salvador, Redentor de mi alma»)
Uno de sus versos dice:
“Cambia enemigos en amigos”.
Esa línea no solo le parecía bonita. Con el tiempo, la vería cumplirse de manera muy real.
Cuando todo parece cerrarse

Años después, fue invitado a participar como miembro de un coro global con el Coro del Tabernáculo de la Manzana del templo y cantar durante la conferencia general.
Pero había un problema, necesitaba una visa para viajar a Estados Unidos. Intentó hasta cuatro veces y su frustración fue creciendo. Había hecho todo correctamente, pero las puertas seguían cerrándose.
Llegó un punto en el que empezó a perder la esperanza. Pero, le quedaba una última oportunidad antes de que fuera demasiado tarde.
Sacó una cita más y cuando llegó el día para acercarse a la embajada solo había una ventanilla atendiendo, y durante toda la mañana no se había aprobado ninguna visa. Pero justo antes de su turno, otro funcionario llegó y abrió una segunda ventanilla.
Lo atendieron y le hicieron algunas preguntas, luego escuchó lo que había esperado por tanto tiempo:
“Tu visa ha sido aprobada”.
Una respuesta que va más allá del esfuerzo

Para él, ese momento no se trataba solo de suerte o coincidencia. Sintió que el Señor había tomado sus esfuerzos y había hecho posible lo que él no podía lograr por sí solo.
Desde entonces, ese himno tiene un significado aún más profundo para él. No solo por lo que dice, sino por lo que ha vivido. Hoy sigue cantando, sirviendo y compartiendo su fe a través de la música.
A veces, Dios usa cosas pequeñas, como un himno, para guiarnos hacia decisiones que cambian toda nuestra vida. Porque cuando el corazón está dispuesto, incluso una canción puede convertirse en respuesta.
¿Cuál es el himno que hizo historia en tu vida?
Fuente: LDS Living



