En los últimos ajustes anunciados por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, uno ha llamado especialmente la atención: ahora las mujeres pueden servir en presidencias de la Escuela Dominical. Para muchos, este cambio representa una mayor participación en espacios de enseñanza y liderazgo. Sin embargo, también se mantiene un principio organizativo claro: las presidencias continúan siendo de un solo género.

Esto ha generado preguntas sinceras. Si hombres y mujeres ya colaboran en muchos aspectos del servicio en la Iglesia, ¿por qué las presidencias no son mixtas?

La respuesta no se basa en costumbre ni en conveniencia cultural, sino en un patrón que la Iglesia enseña como parte del orden divino. Según el Manual General:

“Jesucristo posee todas las llaves del sacerdocio. Bajo Su dirección, se dan las llaves del sacerdocio a los hombres para que las utilicen en llamamientos específicos a fin de ayudar a llevar a cabo la obra de Dios”.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Las presidencias funcionan como un equipo unido. No son solo un grupo de personas con responsabilidades individuales, sino un equipo que delibera, ora y actúa en conjunto. Este modelo requiere cohesión y claridad en la forma en que se organizan y toman decisiones.

En organizaciones directamente relacionadas con las llaves del sacerdocio, como el cuórum de élderes o la Sociedad de Socorro, la estructura del liderazgo sigue ese patrón. Incluso en organizaciones auxiliares como la Escuela Dominical, se mantiene una consistencia que refleja orden en toda la Iglesia.

Una enseñanza constante en la doctrina de la Iglesia es que hombres y mujeres tienen el mismo valor eterno, aunque sus funciones no siempre sean idénticas. El élder M. Russell Ballard enseñó:

“Los hombres y las mujeres desempeñan funciones diferentes pero igualmente valiosas”.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

De forma similar, el presidente Dallin H. Oaks explicó:

“Ante los ojos de Dios, ya sea en la Iglesia o en la familia, las mujeres y los hombres son iguales, con responsabilidades diferentes”.

Estas ideas ayudan a entender que la igualdad en el Evangelio no significa uniformidad en todas las asignaciones, sino una complementariedad que fortalece la obra.

El Manual General también pone énfasis en la seguridad, el respeto y los límites apropiados, especialmente en contextos de servicio. 

Por ejemplo, se establece que: 

“Cuando haya adultos que interactúen con jóvenes en contextos de la Iglesia, deben estar presentes al menos dos adultos responsables. Quizás deban combinarse los cuórums para hacerlo posible”.

personas en la reunión sacramental
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Además se aclara que deben ser:

En cada clase para jóvenes debe haber presentes al menos dos adultos responsables. Los adultos podrían ser dos hombres, dos mujeres o un matrimonio. Para cumplir este requisito, es posible que se tengan que combinar clases”.

Aunque esta norma se enfoca en la protección de menores, el principio de mantener límites claros también influye en cómo se organizan las presidencias. Al ser de un solo género, se reducen posibles incomodidades y se facilita una dinámica de trabajo más sencilla y consistente.

Además, las presidencias no solo coordinan tareas. Muchas veces tratan asuntos sensibles que requieren confianza, discreción y comunicación constante.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Esto no significa que hombres y mujeres trabajen por separado. De hecho, una de las características más importantes de la Iglesia es el consejo en unidad. En los consejos de barrio y de estaca, líderes de diferentes organizaciones, hombres y mujeres, participan como iguales para buscar revelación.

El presidente Russell M. Nelson lo expresó claramente:

“Mis queridas hermanas, sea cual sea su llamamiento, sin importar sus circunstancias, necesitamos sus impresiones, sus reflexiones y su inspiración. Necesitamos que hablen sin reservas y den su opinión en los consejos de barrio y de estaca”.

Así, la colaboración entre hombres y mujeres no solo existe, sino que es esencial.

El anterior presidente Russell M. Nelson anunció el templo de Cleveland, Ohio. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El hecho de que ahora las mujeres puedan servir en presidencias de la Escuela Dominical refleja que la Iglesia sigue avanzando dentro del marco que el Señor ha establecido. Estos cambios muestran crecimiento, pero también coherencia.

Las escrituras enseñan que el Señor guía a Su Iglesia “línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí” (2 Nefi 28:30). Ese proceso permite que los miembros vayan comprendiendo gradualmente Su voluntad.

Al final, la organización de la Iglesia tiene un propósito claro: ayudar a las personas a venir a Cristo, fortalecer a las familias y edificar unidad. El Manual General describe esto como “la obra de Dios de salvación y exaltación” (Manual General, 2.0).

Para quienes aún tienen preguntas, la invitación sigue siendo la misma: estudiar, reflexionar y buscar guía espiritual. Con el tiempo, muchos descubren que la guía del Señor no solo tiene sentido, sino que también trae paz.

Fuente: LDS Daily

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