La Semana Santa trae varios momentos destacados en la vida de Jesucristo, y uno de ellos ocurre el Domingo de Ramos.

Ese día no fue solo una escena bíblica más, sino que fue un momento cargado de emoción, expectativa y mucho significado donde muchas personas salieron a las calles para recibir a Jesucristo incluso sin entender completamente quién era Él. Aún así, algo dentro de ellos les decía que ese momento marcaría todo el mundo.

Lo que se sintió ese Domingo de Ramos quedó marcado a través de símbolos que, hasta hoy, siguen guardando un significado especial y aquí te los compartimos.

El asno que lo acompañó en Su entrada

Jesucristo, el Rey de reyes, entró en Jerusalén montado en un burro. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Si alguien te dijera que un rey está llegando, probablemente imaginarías algo imponente como grandes caballos, coronas relucientes y un reflejo de poder. Pero Cristo, el Rey de reyes, eligió algo completamente distinto.

El Domingo de Ramos, Jesucristo entró en Jerusalén no montado en un caballo sino en un burro. ¿Por qué hizo una entrada así? No fue por casualidad ni porque fue el único animal que encontró o pensó sino que lo hizo para cumplir una profecía:

«Tu rey viene a ti, justo y trayendo salvación, humilde y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna».

Esa profecía reflejó un mensaje clave en cuanto al efecto que tendría la llegada de Jesucristo: Su reinado no sería como los demás.

Él no vendría a imponer autoridad como cualquier otro monarca o líder civil sino que vendría a salvar. Ese detalle, que puede parecer pequeño, cambia la forma en que vemos a Cristo porque nos recuerda que Su poder radica en su humildad.

Las palmas en el aire

En la cultura de la Jerusalén antigua, las palmas era una representación de victoria, liberación, alegría. Imagen: iStock

Casi inmediantamente después de la entrada de Cristo en Jerusalén montado en el asno, muchas personas participaron del momento protagonizando una escena clásica que todos recordamos.

Ellos cortaron ramas de palma, las levantaron en el aire y las extendieron en el camino como una forma de decir: “Creemos en Ti”. Quizá todos recordamos eso pero, ¿te preguntaste por qué exactamente ramas de palma?

Pues debemos saber que en la cultura de Jerusalén de ese tiempo, las palmas era una representación de victoria, liberación, alegría. Bajo ese sentido, quienes extendían las palmas en el aire lo hacían para reflejar la esperanza en el Salvador.

Aunque muchos en ese momento no entendían completamente lo que sucedería con Cristo, sí reconocían que algo grande estaba por suceder y ese acto con las palmas fue una demostración de su fe en el Salvador.

“Hosanna”: una palabra que lo dice todo

domingo de ramos
La multitud recibió a Jesucristo gritando «Hosanna». Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Además del acto de las palmas, también ocurrió otro momento destacado:

«Tomaron ramas de palmeras y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!» (Juan 12:13)

Esa palabra característica que gritaban no era solo una celebración sino una súplica ya que si revisamos el término nos daremos cuenta de que “Hosanna” significa “sálvanos ahora”.

Al expresar esa palabra, prácticamente las personas estaban diciéndole a Jesucristo: “Te necesito… y sé que puedes ayudarme.” Y eso es exactamente lo que Cristo busca de nosotros.

Desde entonces, esa palabra se convirtió en un símbolo característico para reconocer la grandeza y realeza del Salvador entrando por las puertas de Jerusalén.

Un coro de piedras

Al ver a los fariseos murmurar, Jesús les dijo: «Si estos callaran, las piedras clamarían». Imagen: iStock

Por más que muchos alababan a Jesucristo, no todo fue hermoso en el Domingo de Ramos. Otro de los símbolos surgió precisamente en un momento de oposición y es que en medio de todo, hubo quienes intentaron detener la celebración y el regocijo de las personas.

Frente a eso la reacción de Jesús fue directa:

«Entonces, algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Y él, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían». (Lucas 19:39-40)

Imagina eso último que Cristo dijo por un segundo: Si estos callaran, las piedras clamarían. ¿A qué se refería Cristo con esto?

Podemos traducir lo que dijo a: Si nadie hablara, la creación lo haría. En otras palabras, Cristo les estaba diciendo a los fariseos que dejaran a la multitud gritar y alabarlo porque reconocer a Cristo no debería ser algo que debamos guardar en silencio.

Cuando realmente entendemos quién es Jesús en nuestra vida, es difícil no querer expresarlo.

No era solo un evento, era una comunidad

El Domingo de Ramos fue un día en donde toda una ciudad entera se unió. Imagen: iStock

Con lo anterior queda claro que el Domingo de Ramos no fue para nada un evento privado. Ese día, una ciudad entera compuesta por personas distintas con historias distintas se movieron unidas por un mismo momento y eso también importa.

Después de todo seguir a Cristo nunca ha sido un camino completamente solitario y jamás lo será. Hoy, al igual que las personas que participaron del Domingo de Ramos, nos esforzamos por seguir al Salvador en comunidad, en familia y junto a otros que al igual que nosotros también se esfuerzan.

Puede que hoy no estamos en Jerusalén, ni tenemos ramas de palma en la mano ni veamos a Cristo entrando por una calle pero la pregunta sigue siendo la misma que la que hiceron las personas de Jerusalén:

«¿Quién es este?» (Mateo 21:10)

El Domingo de Ramos no es solo recordar lo que pasó sino es un momento para decidir qué significa Cristo en tu vida y escoger seguirlo.

Fuente: LDSLiving

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