Pregunta:
¿Cómo es el mundo de los espíritus?
Respuesta:

La pregunta sobre qué sucede después de la muerte ha interesado a las personas durante miles de años. Muchas religiones y culturas han tratado de explicar qué ocurre cuando dejamos esta vida. Dentro de las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el mundo de los espíritus es una parte real del plan de Dios, donde las personas continúan viviendo, aprendiendo y preparándose para la resurrección y el juicio final.
Una enseñanza que puede sorprender a muchas personas es que el mundo de los espíritus no está en un lugar lejano del universo. Brigham Young enseñó:
“Cuando dejen ustedes aquí su cuerpo, ¿a dónde irán? Al mundo de los espíritus… ¿Y dónde está el mundo de los espíritus? Está aquí mismo. No vamos más allá de los límites de esta tierra, porque fuimos traídos a ella con el propósito de habitarla por toda la eternidad. No vamos a otro lugar, excepto donde el Señor lo permita”.
Las Escrituras también enseñan que el espíritu es materia, pero más refinada que la materia física que conocemos. En Doctrina y Convenios 131:7–8 se enseña:
“No hay tal cosa como materia inmaterial. Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, y solo los ojos más puros pueden discernirlo;no lo podemos ver; pero cuando nuestros cuerpos sean purificados, veremos que todo es materia”.

Esta enseñanza ayuda a entender que el mundo de los espíritus no es solo una idea o un estado de sueño, sino un lugar real donde viven los espíritus.
Otra enseñanza importante es que las personas conservan su identidad después de la muerte. El espíritu tiene forma humana y las personas continúan siendo ellas mismas.
Conservan su memoria, su personalidad, sus sentimientos y su manera de pensar. La muerte no cambia quién es una persona; simplemente separa el espíritu del cuerpo por un tiempo hasta la resurrección.
El Libro de Mormón explica claramente qué ocurre inmediatamente después de la muerte:
“Los espíritus de todos los hombres, en cuanto se separan de este cuerpo mortal…son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida. Y sucederá que los espíritus de los que son justos serán recibidos en un estado de felicidad que se llama paraíso: un estado de descanso, un estado de paz…los espíritus de los malvados…serán echados a las tinieblas de afuera; habrá llantos y lamentos y el crujir de dientes, y esto a causa de su propia iniquidad, pues fueron llevados cautivos por la voluntad del diablo” (Alma 40:11-13).

En las enseñanzas del evangelio se explica que el mundo de los espíritus es el mismo lugar para todos en cuanto a ubicación, pero no todos viven la misma condición allí. Algunos entran en un estado de paz y descanso llamado paraíso, mientras que otros permanecen en un estado conocido como prisión espiritual. La diferencia no es el lugar, sino la condición espiritual de cada persona y las decisiones que tomó durante su vida.
Muchas personas creen que después de morir uno va inmediatamente al cielo o a un castigo definitivo, pero las escrituras enseñan algo diferente. Tanto miembros como no miembros de la Iglesia, e incluso los niños, van primero al mundo de los espíritus.
El juicio final no ocurre inmediatamente después de la muerte. El Libro de Mormón enseña que el Salvador es quien juzga, y que Él no delega ese juicio final a otros (2 Nefi 9:41). Cada persona será juzgada de acuerdo con su fe, sus obras, su arrepentimiento y su disposición para aceptar el evangelio.
En el caso de los niños que mueren pequeños, las enseñanzas de la Iglesia explican que ellos también van al mundo de los espíritus, pero su estado es de paz, porque son inocentes. Ellos esperan allí la resurrección, cuando Cristo regrese a la tierra.
La prisión espiritual no debe entenderse simplemente como un lugar de castigo, sino como un estado de aprendizaje y preparación. Allí se encuentran muchas personas que no tuvieron la oportunidad de conocer el evangelio en la tierra o que no lo entendieron completamente.

Las Escrituras enseñan que el evangelio se predica en el mundo de los espíritus, y que las personas pueden aceptar esas enseñanzas. Doctrina y Convenios 138 explica que se organizó la predicación del evangelio entre los espíritus para que ellos también tuvieran la oportunidad de aceptar la verdad.
Esto significa que la oportunidad de cambiar, arrepentirse y progresar no termina con la muerte. Sin embargo, también se enseña que puede ser más difícil cambiar después de la muerte, porque el espíritu ya no tiene un cuerpo físico y no puede satisfacer ciertos deseos o hábitos que se formaron durante la vida mortal.
El mundo de los espíritus tampoco es un lugar vacío o silencioso. Brigham Young enseñó:
“Los espíritus que moran en estos tabernáculos terrenales, cuando partan de aquí, irán directamente al mundo de los espíritus…están allá juntos y si se acompañan y se reúnen en grupos y asociaciones como lo hacen aquí, es su privilegio.Sin duda, ellos aún, en mayor o menor grado, ven, oyen, conversan y se tratan mutuamente, tanto los buenos como los malos”.
El Libro de Mormón enseña que el mismo espíritu que desarrolla una persona en esta vida será el mismo espíritu que tendrá después (Alma 34:34). Por eso, esta vida es un tiempo de preparación, porque aquí estamos formando la persona que seremos por la eternidad.

Aun así, las personas siguen teniendo albedrío en el mundo de los espíritus. Siguen pudiendo pensar, aprender, reflexionar y tomar decisiones. El progreso continúa.
Después de la resurrección y el juicio final, todas las personas recibirán un grado de gloria según sus decisiones y su crecimiento espiritual. Las Escrituras enseñan que existen diferentes grados de gloria: el reino celestial, el terrestre y el telestial. No todos recibirán la misma gloria, pero cada persona recibirá una gloria acorde a la vida que decidió vivir.
La doctrina enseña que Dios es perfectamente justo y perfectamente misericordioso. Él no castiga a las personas eternamente sin oportunidad de cambio, sino que el propósito de Su plan es el progreso y la redención de Sus hijos.
El mundo de los espíritus, entonces, no es el final, sino una continuación. Es un lugar donde las personas siguen viviendo, aprendiendo, cambiando y preparándose para la resurrección.
Entender esto cambia la forma en que vemos la muerte, porque significa que quienes han muerto no han desaparecido ni están lejos, sino que continúan viviendo en otra esfera, esperando el día en que todos resucitemos y continuemos avanzando en el plan de Dios.
Fuente: Ask Gramps
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