En un contexto global marcado por crisis simultáneas, W. Christopher Waddell participó en una serie de reuniones con líderes de organizaciones humanitarias en Europa para hablar de cómo ayudar mejor a quienes más lo necesitan.
Durante estos encuentros, organizados en Londres y Bruselas, el Obispo Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dejó claro que este esfuerzo no es solo logístico.
Es una expresión directa de lo que significa seguir a Jesucristo.
“En nuestras, creencias Jesucristo es la esperanza”, afirmó.
Una ayuda que sigue creciendo

El contexto de estas reuniones también incluyó un dato relevante.
En 2025, la Iglesia destinó 1.58 mil millones de dólares en ayuda humanitaria, alcanzando a 196 países y territorios.
Este esfuerzo se basa en la enseñanza constante del Evangelio.
Amar al prójimo como a uno mismo.
Y eso se traduce en acciones concretas. En Europa, por ejemplo, la ayuda incluyó donaciones médicas en Montenegro, iniciativas de preparación ante emergencias en Bosnia y Herzegovina, y distribución de alimentos en Londres en colaboración con organizaciones locales.
Trabajar juntos hace la diferencia

Uno de los puntos centrales de las conversaciones fue la colaboración. Porque frente a desafíos globales, ninguna organización puede responder sola.
El obispo Waddell lo resumió así:
“Al trabajar juntos, podemos llegar a muchas más personas de las que podríamos alcanzar por nuestra cuenta.”
Esa idea fue compartida por otros líderes presentes, quienes destacaron que la cooperación entre organizaciones, gobiernos y comunidades es clave para responder de forma efectiva.
Hoy, el número de crisis activas en el mundo ha aumentado, eso hace que la coordinación sea más importante que nunca.
Más que ayuda, una forma de discipulado

Más allá de cifras o proyectos, el mensaje tuvo un enfoque de que servir no es solo una responsabilidad social, es parte del discipulado.
Durante las reuniones, también se destacó algo que a veces pasa desapercibido. Muchas de estas iniciativas funcionan porque hay personas dispuestas a involucrarse, colaborar y buscar soluciones en conjunto.
A pesar de la complejidad del panorama global, el mensaje final fue optimista.
“A pesar de todos los desafíos en el mundo, vemos cosas buenas sucediendo.”
El obispo Waddell señaló que hay personas en todo el mundo que están dando un paso al frente para ayudar. Cuando las personas actúan, la esperanza deja de ser una idea y se vuelve visible.
Diferentes capacidades, un mismo propósito

En la reunión en Bruselas, también se destacó otro punto importante. Las diferencias son parte de la solución.
Personas de distintos contextos, organizaciones y países aportan habilidades únicas. Y cuando esas capacidades se combinan, el impacto puede ser mayor.
La idea es sumar lo que cada uno puede ofrecer. El enfoque de la Iglesia en este tipo de esfuerzos sigue ayudar, servir y responder a necesidades reales.
Cuidar de los necesitados no es opcional. Es parte del propósito mismo de la Iglesia. En un mundo con tantos desafíos, ese principio sigue siendo relevante.
Más allá de las diferencias o distancias, la necesidad de ayudar a otros sigue siendo algo que todos pueden entender.
Fuente: Church News



