A los 21 años, la vida de Brinlee Luster, una joven Santo de los Últimos Días, dio un giro que nadie espera tan temprano. Hasta ese momento, su historia parecía avanzar como la de muchos jóvenes con estudios, planes, decisiones importantes por delante.

Sin embargo, un diagnóstico de cáncer de colon en etapa 4 cambió el ritmo de todo.

Fue el inicio de un proceso donde la fe dejó de ser algo por repetición y pasó a ser algo personal. Esta experiencia transformó su manera de ver a Jesucristo y de confiar en Él en medio de la incertidumbre.

El primer lugar al que quiso ir

Brinlee Luster yace en una cama de hospital, con su esposo Parker a su lado. Imagen: LDS living

Un día después del diagnóstico, mientras su familia intentaba entender lo que venía, Brinlee tuvo claro qué hacer primero. Ir al templo.

Para ella, no era una reacción impulsiva. Era una convicción.

“Ahí siento seguridad. No siento miedo”, explicó.

Ese día, en el templo, las lágrimas no fueron solo de tristeza. Cuando el Espíritu está presente, incluso en medio del dolor, cambia la forma en que vemos lo que viene.

Su familia también lo sintió. La ansiedad no desapareció por completo, pero cambió su esperanza y empezó a tener un lugar real en medio de la incertidumbre.

Preparada sin saberlo

Brinlee y su hermana gemela Mariela cuando eran jóvenes. Imagen: LDS living

Antes del diagnóstico, Brinlee ya llevaba más de un año con síntomas. Dolor, cansancio y muchas preguntas sin respuesta. Aun así, siguió adelante con su vida.

En ese tiempo, recibió una asignación para hablar en la reunión sacramental. El tema que sintió preparar fue la esperanza.

Mientras se preparaba, recordó el testimonio de una tía que había fallecido de cáncer. Sintió que debía leerlo. 

Ese testimonio la ayudó a entender que Dios no siempre elimina las pruebas, pero sí prepara el corazón antes de que lleguen.

Días después, el diagnóstico fue confirmado. Y aunque la noticia fue dura, su reacción sorprendió incluso a su familia porque ella sintió paz.

Fe en medio de decisiones reales

Brinlee y Parker el día de su boda a las afueras del Templo de Bountiful, Utah. Imagen: LDS living

El tratamiento debía empezar rápido. Pero había una decisión importante antes. La posibilidad de tener hijos en el futuro.

En medio de presión, gastos altos y desgaste emocional, Brinlee y su esposo decidieron avanzar con fe.

Oraron, buscaron ayuda y actuaron, así las cosas comenzaron a alinearse. Buscaron contactos correctos, citas disponibles, puertas que se abrieron en el momento preciso.

No fue fácil. Pero lograron asegurar esa posibilidad antes de iniciar la quimioterapia. Con esta prueba ellos entendieron que la fe no evita los procesos difíciles, pero sí guía las decisiones dentro de ellos.

Caminar con Cristo, no solo creer en Él

Imagen: LDS living

El tratamiento fue intenso, pasó por la quimioterapia, efectos secundarios y cansancio extremo. Pero en medio de todo eso, Brinlee sentía que no estaba sola en ese proceso, ella caminaba con Jesucristo.

Recordaba constantemente momentos de Su sufrimiento, especialmente Getsemaní.

Comprendió mejor lo que significa que el Salvador conoce nuestro dolor porque lo vivió.

Algo que llamó la atención de su familia fue que a pesar de estar pasando por la prueba más dura, era quien más fortalecía a los demás.

La fe real no siempre elimina el temor, pero sí puede sostener a otros cuando el nuestro se tambalea.

Su familia también tuvo sus propios procesos, momentos de preguntas, de frustración e incluso de enojo. Pero siguieron buscando a Dios, así recibieron respuestas, consuelo y una nueva perspectiva.

Después de la tormenta también hay un proceso

Brinlee en el hospital, rodeada de su madre Alyse, su hermana gemela Mariela y su esposo Parker. Imagen: LDS living

Tiempo después, ella entró a remisión, una etapa donde si bien no significa que todo terminó,  es un punto de alivio.

Sin embargo, Brinlee menciona algo que pocas veces se habla. Después de una prueba grande, también hay un proceso de adaptación.

Volver a la rutina, reconstruir planes, vivir con incertidumbre, todo eso también requiere fe. Y ya no es la fe del momento crítico, es una fe diaria.

Al mirar todo lo vivido, piensa en que la esperanza en Jesucristo no es optimismo vacío. Es una certeza que cambia cómo vivimos las pruebas.

Hebreos 12:2 enseña que Cristo soportó la cruz por el gozo puesto delante de Él. Brinlee lo entendió de una forma personal. Cuando alineamos nuestra voluntad con la de Dios, incluso el dolor puede tener propósito.

Hoy, su enfoque es seguir adelante, con fe y propósito, sin ignorar la realidad. Saber que Dios vive, que Jesucristo vive, y que hay vida más allá de esta.

Fuente: LDS Living 

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