La bondad no siempre aparece en grandes gestos ni en acciones que cambian el mundo de un día para otro. A veces, comienza con algo mucho más simple: una decisión diaria.
Ese fue el mensaje central que compartió la presidenta Camille N. Johnson, presidenta general de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, durante su participación en la Cumbre de la Bondad 2026, realizada el viernes 10 de abril en el Rice-Eccles Stadium de la Universidad de Utah, en Salt Lake City.
Frente a más de 150 líderes de distintos ámbitos, su mensaje fue claro y directo:
«Nuestros actos de bondad, uno al día a lo largo de toda la vida, son vitales para el bienestar de nuestras familias, nuestra comunidad y nuestra nación».
La bondad como práctica diaria

Durante su intervención, la presidenta Johnson enfatizó que la bondad no es solo un rasgo deseable, sino una cualidad que se desarrolla con práctica constante.
«La bondad es algo profundamente personal. Para mí, los actos diarios de bondad son la manera de cultivar un corazón compasivo y bondadoso».
Lejos de presentar la bondad como algo abstracto, la presidenta Johnson explicó que se trata de una disciplina del corazón. Algo que se construye día a día y decisión tras decisión.
«La bondad es una característica fundamental de las mujeres y los hombres más nobles».
Ese mensaje evocó una idea poderosa en cada uno de los asistentes al evento. No necesitamos esperar grandes oportunidades para marcar una diferencia porque la verdadera transformación comienza en lo cotidiano.
Pequeños actos que generan grandes cambios

Otro de los puntos más destacados del discurso de la presidenta Johnson fue su invitación a reenfocar nuestras prioridades. En un mundo donde los desafíos globales pueden parecer abrumadores, ella propuso una solución sencilla pero profunda:
«La labor más importante que cualquiera de nosotros realiza —la que tiene mayor impacto— sigue siendo cuidar de nuestros propios hijos, enseñar a leer a un amigo, atender con paciencia las necesidades de una persona».
Desde enseñar a leer a un amigo, preparar comida para alguien enfermo o acompañar a quien está pasando por un momento difícil, cada acto de bondad suma. Aunque parezcan cosas pequeñas, estos actos tienen un impacto real y duradero.
La bondad comienza en el hogar

La presidenta Johnson también reflexionó sobre cómo la bondad se aprende, especialmente dentro de la familia. Ella recordó experiencias de su infancia, cuando ayudaba a su madre a preparar alimentos para compartir con otros o visitaba a personas necesitadas.
«Creo que los niños son bondadosos por naturaleza y pueden influir en los adultos para que también lo sean», expresó la presidenta Johnson al reflexionar sobre sus recuerdos.
Sin embargo, también hizo una advertencia importante:
«También sé que a los niños se les puede inculcar la intolerancia y el odio».
Por eso, enfatizó la responsabilidad de enseñar con el ejemplo, mostrando actos reales de amor, servicio y empatía desde el hogar.
Un impacto que va más allá de lo personal

Aunque gran parte de su mensaje se centró en lo cotidiano, la presidenta Johnson también abordó el impacto global de la bondad.
Como presidenta general de la Sociedad de Socorro, una organización que sirve a más de 8 millones de mujeres en todo el mundo, ella ha sido testigo de iniciativas que transformaron comunidades enteras.
Entre dichas iniciativas, ella destacó los esfuerzos humanitarios de la Iglesia de Jesucristo enfocados en mujeres y niños, incluyendo:
- Nutrición infantil.
- Atención materna y neonatal.
- Programas de inmunización.
- Educación y desarrollo.
Estos programas han beneficiado a millones de personas en diferentes países, demostrando que la bondad organizada también puede tener un alcance global.
«Cuando bendices a un niño, estás haciendo una inversión en el futuro», expresó la presidenta Johnson.
No esperes el «momento perfecto» para servir

Uno de los mensajes más prácticos del discurso de la presidenta Johnson fue su invitación a actuar ahora, sin esperar circunstancias ideales.
«No tenemos que esperar a que llegue esa oportunidad única en la vida para viajar a África y alimentar a los niños que mueren de hambre… [nuestra] labor más importante es reconocer las necesidades individuales inmediatas de quienes [nos] rodean».
Esta perspectiva cambia completamente la forma en que vemos el servicio. En lugar de pensar en lo que no podemos hacer, la presidenta Johnson nos invita a enfocarnos en lo que sí está a nuestro alcance.

Al concluir su participación, dejó una invitación clara:
«Espero y oro para que nos volvamos más amables practicando un acto de bondad cada día».
Como ella misma enseñó, cuando la bondad se convierte en un hábito diario, no solo transforma a las personas sino que también transforma familias, comunidades y naciones enteras un día a la vez.
Fuentes: newsroom.churchofjesuschrist.org, Church News



