Durante años, la industria del entretenimiento como Disney, la televisión y la música han moldeado imaginarios completos sobre lo que es correcto, deseable o posible. Sin embargo, las creencias personales de quienes crean contenido terminan influyendo en lo que muchos consumimos, incluso cuando no es evidente.
En el caso de miembros Santos de los Últimos Días, esa influencia no suele ser directa ni declarada. Se trata de principios que aparecen en la forma de construir historias, desarrollar personajes y resolver conflictos.
Televisión y narrativa que transmite propósito

En la televisión estadounidense se pueden identificar aportes concretos de creadores Santos de los Últimos Días en series donde el eje no es la religión, pero sí lo son los valores.
Un caso claro es Touched by an Angel (Tocado por un Ángel), una serie dramática emitida por CBS que sigue a ángeles enviados para ayudar a personas en momentos críticos. A lo largo de sus episodios, la historia insiste en la posibilidad de cambio, en la guía divina y en el valor de cada vida.
La narrativa construye una visión donde Dios no es distante y donde siempre existe una oportunidad de redención.

Algo similar ocurre en Studio C, un programa de comedia producido por BYUtv, el canal de la Universidad Brigham Young, que apuesta por humor limpio y situaciones cotidianas.
No hay un discurso religioso explícito, pero sí una línea clara en el tipo de contenido que se presenta. Se evita lo degradante y se prioriza una visión del humor que respeta la dignidad de las personas.
Estas producciones no predican, pero sí construyen una forma de entender la vida donde las relaciones importan y donde el bien tiene un lugar real.
Drama y conflicto moral que reflejan el albedrío

En el terreno del drama, la influencia se vuelve más visible en la forma en que se estructuran los conflictos. El melodrama trabaja con decisiones difíciles y consecuencias reales, lo cual conecta directamente con el principio del albedrío.
Un ejemplo concreto es Gadianton, una obra escrita por Eric Samuelsen, dramaturgo estadounidense Santo de los Últimos Días, que explora temas de corrupción, poder y decadencia moral.
La historia no simplifica a los personajes, más bien muestra cómo las decisiones sostenidas en el tiempo construyen su destino. El conflicto no es superficial, es moral, y refleja la responsabilidad personal que enseña el Evangelio.
Aquí el drama no solo entretiene. Plantea preguntas sobre agencia, consecuencias y carácter.
Arte escénico que enseña sin explicarse

En representaciones más directamente vinculadas a la historia de la Iglesia, el enfoque sigue siendo narrativo antes que doctrinal. El Hill Cumorah Pageant, una producción escénica al aire libre que se realizaba en Nueva York y recreaba acontecimientos del Libro de Mormón, es un ejemplo claro.
A través de música, actuación y escenografía, se presenta una historia completa sin depender de explicaciones teológicas complejas.
El público no recibe una clase estructurada. Recibe una experiencia que transmite principios como la fe, el arrepentimiento y la redención desde la vivencia, no desde la teoría.
Esto demuestra que el arte puede comunicar doctrina sin necesidad de explicarla directamente.
Música que comunica sin etiquetas religiosas

En la música, la influencia es más transversal. El Coro del Tabernáculo en la Manzana del Templo, es un coro reconocido a nivel mundial que ha participado en eventos nacionales e internacionales.
Su repertorio incluye himnos, música clásica y piezas contemporáneas. Además de su estilo, el coro muestra una constante en su música que transmite reverencia, paz y esperanza.

Esa misma lógica se puede ver en otros espacios de la industria. En la película animada The Swan Princess, conocida en español como “La princesa cisne”, la música tiene un rol central en construir la historia.
Detrás de ese trabajo está Lex de Azevedo, compositor y músico Santo de los Últimos Días, quien desarrolló gran parte de la banda sonora, y David Zippel, letrista reconocido en la industria musical, quien escribió las letras de las canciones.
En este caso, no se trata de un contenido religioso. Sin embargo, la forma en que la música refuerza temas como el amor fiel, la identidad y el compromiso muestra una intención coherente con ciertos principios.
Esto permite reconocer que la influencia no depende del formato, depende de la convicción del creador.
Influencia que nace de decisiones personales

También hay presencia en el cine, la actuación y otras áreas creativas. Por ejemplo, Aaron Eckhart, actor estadounidense conocido por películas como Batman: El Caballero Oscuro, creció dentro de la Iglesia y ha desarrollado su carrera en la industria cinematográfica convencional.
Su trabajo no se define por contenido religioso, pero sus decisiones profesionales reflejan una formación y valores personales. En otros artículos también hemos abordado casos de figuras públicas que crecieron dentro de la Iglesia y han seguido caminos similares en la industria.
La influencia no viene de una estructura institucional, viene de individuos que viven su fe en lo que hacen.
Discernir lo que consumimos sigue siendo clave

Todo esto lleva a una conclusión necesaria. El contenido nunca es completamente neutro. Siempre comunica una visión del mundo, aunque no lo diga directamente.
Por eso, el evangelio invita buscar lo que edifica, lo que invita al bien y lo que fortalece la fe. No desde el rechazo automático, sino desde el criterio.
Discernir implica reconocer qué principios están presentes en lo que consumimos.
La fe no se limita a espacios religiosos, se puede reflejar en lo que creamos, en lo que elegimos y en lo que consumimos. El evangelio se reconoce en la forma en que una historia trata al ser humano, sus decisiones y su propósito.
¿Y tú? ¿Qué casos en el cine o música conoces que han sido influenciados por la Iglesia?
Fuente: Scholars Archive BYU
