Un grupo de Hombres Jóvenes en Idaho Falls aceptó caminar 80 kilómetros en menos de 20 horas sin pausas largas o atajos, solo buscaban avanzar.
La idea vino de su obispo, quien buscaba algo más que una actividad recreativa. Quería una experiencia que los sacara de lo cómodo y que los obligara a decidir si continuar o rendirse.
Además de sentir cansancio esta actividad fue una oportunidad real de acercarse a Dios en medio del esfuerzo.
Cuando el desafío deja de ser físico

El recorrido comenzó en la tarde, en el Parque Nacional Grand Teton. Comenzaron el día con bastante ánimo, pero con el paso de las horas, la experiencia cambió a un dolor muscular, agotamiento mental.
La caminata dejó de ser un reto físico y se convirtió en una prueba personal. Varios de ellos pensaron en detenerse aun cuando la meta estaba cerca, pero el cuerpo ya no respondía igual.
En medio del cansancio, algunos decidieron orar pidiendo fuerzas para continuar. Aunque la respuesta no fue inmediata varios de ellos cambiaron la forma de ver el momento.
Uno de los jóvenes explicó que después de orar dejó de enfocarse en lo negativo y empezó a notar lo que sí podía hacer. Otro joven, entendió que no podía hacerlo solo y que necesitaba ayuda de Dios.
Recordar a Cristo en medio del esfuerzo

En uno de los momentos más difíciles, uno de los líderes invitó a los jóvenes a pensar en el sacrificio de Jesucristo. Lo hizo como una forma de entender que Cristo conoce el dolor y puede fortalecer en medio de él.
Esa idea fue importante para cambiar la forma en que algunos enfrentaron el resto del camino, pues le dió un sentido a su cansancio.
También, durante toda la caminata, hubo un vehículo de apoyo disponible con agua, comida y primeros auxilios. Si bien, no todos lo usaban al mismo tiempo, todos sabían que estaba ahí.
Así como ese apoyo hizo posible terminar la caminata, el Salvador hace posible nuestro progreso espiritual. Uno de los líderes comentó que nadie habría terminado sin ayuda. De la misma forma, no podemos regresar a la presencia de Dios sin Jesucristo.
Terminar no siempre significa lo mismo

La mayoría logró completar las 80 kilómetros en menos de 20 horas, pero también otros lo hicieron en una mayor cantidad de tiempo, uno de los jóvenes tuvo que detenerse antes por una condición en sus pies. Aun así, él sabía que había llegado más lejos de lo que pensaba.
El valor no estuvo solo en llegar, sino en cuánto avanzaron con lo que tenían.
Esta experiencia les enseñó a enfrentar lo difícil sin rendirse de inmediato. También que la fe no siempre elimina los desafíos, pero sí permite atravesarlos con otra perspectiva.
Uno de ellos lo relacionó con la historia de David, antes de enfrentar a Goliat. David ya había pasado por otras pruebas, pero eso le dio confianza. El principio es que las experiencias difíciles preparan el corazón para confiar más en Dios.
Reconocer la presencia de Dios en medio del esfuerzo real es una lección importante en nuestras vidas. Nosotros podemos construir ese aprendizaje cuando ya no quedan fuerzas y aun así decidimos avanzar.
Fuente: LDS Living
