En algún momento, muchos miembros de la Iglesia se hacen esta pregunta en silencio. 

A veces después de semanas de agotamiento. Otras veces después de sentir ansiedad constante cada domingo. Y en ocasiones, simplemente porque el llamamiento dejó de acercarlos espiritualmente al Señor y comenzó a consumirlos emocionalmente.

Es normal preguntarse también:

“¿Y si estoy fallándole al Señor?, ¿y si esto demuestra poca fe?, ¿un discípulo fiel debería aguantar sin quejarse?”

En la Iglesia de Jesucristo, donde el servicio tiene un lugar tan importante, hablar de pedir un relevo o decir “no” a un llamamiento puede sentirse incómodo. Pero es importante recordar que el Evangelio enseña que Dios nunca quiso que el servicio destruyera a Sus hijos mientras intentan edificar Su reino.

Los llamamientos no miden el valor personal

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El Manual General enseña que los llamamientos existen para ayudar a los miembros a servir, crecer espiritualmente y acercarse más al Salvador. Son oportunidades para participar en la obra de Dios y bendecir personas reales.

Pero eso no significa que nuestra dignidad espiritual dependa de aceptar absolutamente todo sin pensar, sin orar o sin reconocer nuestras circunstancias.

El Señor jamás nos enseñó que tener más llamamientos nos hace más importantes. De hecho, Jesucristo constantemente corrigió la idea de competir espiritualmente.

“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” – Marcos 10:43.

En el Reino de Dios, el valor de una persona no está en el cargo que ocupa, sino en el corazón con el que sigue a Cristo.

Por eso, pedir ser relevado no convierte automáticamente a alguien en débil, desobediente o menos fiel.

Entonces, ¿sí se puede pedir un relevo?

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A veces las circunstancias difíciles de la vida hacen que neguemos llamamientos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Sí, y también se puede rechazar un llamamiento, pero no debería hacerse impulsivamente ni desde el orgullo. Tampoco desde la presión cultural de “aguantar todo porque así debe ser”.

La clave está en entender que los llamamientos se reciben mediante revelación, pero las decisiones sobre cómo servir también deben involucrar revelación personal.

El Manual General enseña que los líderes deben considerar la salud, el trabajo, la familia y las circunstancias personales antes de extender un llamamiento. Incluso declara que se puede dar tiempo para que la persona busque su propia confirmación espiritual.

Estamos acostumbrados a escuchar historias donde alguien aceptó un llamamiento imposible y luego todo salió milagrosamente bien. Pero también existen miembros que, después de buscar revelación, sienten que deben decir “no”. 

Eso significa que la Iglesia reconoce el principio de revelación personal en este proceso.

Hay madres y padres sosteniendo situaciones familiares muy pesadas y jóvenes lidiando con ansiedad severa o duelos silenciosos. El Señor conoce perfectamente esas realidades.

Antes de “renunciar”, debes preguntarte esto

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Imagen: Canva

Aún así, vale la pena detenerse y analizar honestamente qué está pasando.

¿El llamamiento me está acercando al Señor o me está alejando emocionalmente de Él?

No todos los llamamientos son fáciles, algunos nos sacan completamente de nuestra zona cómoda. Moisés se sintió incapaz, Enoc pensó que no podía hablar bien y Jeremías creyó que era demasiado joven. Dios llama a personas imperfectas para ayudarles a crecer.

Como vimos, hay llamamientos que coinciden con temporadas extremadamente difíciles de la vida. En esos casos, continuar funcionando únicamente por obligación puede terminar apagando el Espíritu, podrías preguntarte. 

¿Ya hablé realmente con Dios sobre esto?

A veces la respuesta será seguir adelante y confiar más en Él, aprender a delegar responsabilidades y otras veces la respuesta genuinamente será pedir un relevo.

El élder Jeffrey R. Holland enseñó:

“Esforcémonos por mejorar de forma continua, sin obsesionarnos con ser perfectos”.

Reconocer límites es honestidad.

Aprender a través del llamamiento o del relevo

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hay miembros que descubren sus mayores fortalezas en llamamientos que jamás habrían escogido. Personas tímidas que terminan enseñando o matrimonios que crecen sirviendo juntos.

Pero también hay temporadas donde el Señor enseña humildad, descanso, dependencia de Él o incluso la capacidad de reconocer que no podemos hacerlo todo.

Ser relevado no significa fracasar. Los relevos deben hacerse con gratitud y reconociendo la mano de Dios en el servicio prestado. Eso significa que terminar un llamamiento no es abandonar al Señor, muchas veces simplemente es cerrar una etapa.

El problema no es pedir un relevo

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hay una diferencia entre cansancio legítimo y evitar crecer espiritualmente. Y solo el Señor conoce completamente esa diferencia en cada caso.

Por eso esta conversación necesita menos juicio cultural y más discernimiento espiritual.

El Evangelio fue diseñado para llevarnos a Cristo y Él llama a las personas para escucharlas y comprenderlas.

Antes de cualquier llamamiento, asignación y responsabilidad en la Iglesia, seguimos siendo hijos e hijas de Dios.

Fuente: churchofjesuschrist.org

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