Es una de esas preguntas que muchos se hacen, pero pocos se animan a hablar en voz alta.
Si en las Escrituras aparecen mujeres profetisas, si las mujeres pueden recibir revelación y sentir el Espíritu igual que cualquier hombre, entonces:
¿Por qué el presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre es un hombre?
La respuesta no es tan corta como algunos quisieran, pero cuando entendemos cómo funciona realmente la revelación, el sacerdocio y la organización de la Iglesia, muchas ideas empiezan a tener más sentido.
La Iglesia nunca ha enseñado que las mujeres tienen menos valor espiritual o menos capacidad para recibir inspiración de Dios.
Las escrituras sí hablan de profetisas

A veces pensamos que “profeta” significa únicamente el presidente de la Iglesia. Pero en las Escrituras el término es mucho más amplio.
Mujeres como Miriam, Débora, Hulda y Ana fueron llamadas profetisas porque recibían revelación, daban testimonio de Jesucristo y ayudaban espiritualmente al pueblo de Dios.
Ninguna presidía toda la Iglesia ni poseía las llaves del sacerdocio, pero eso no hizo menos real su influencia espiritual.
El mismo apóstol Juan enseñó que “el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía” (Apocalipsis 19:10). Y José Smith explicó que una persona con un testimonio verdadero de Jesucristo participa de ese espíritu profético.
Entonces entendemos que el don de profecía no pertenece exclusivamente a un cargo, es un don espiritual que puede manifestarse en cualquier discípulo fiel.
El don de profecía no depende del sacerdocio

Algo que muchas veces se malinterpreta es pensar que solo alguien ordenado al sacerdocio puede recibir revelación poderosa.
El élder James E. Talmage enseñó que no se necesita una ordenación especial para recibir el don de profecía. Y el apóstol Pablo invitó a todos los santos a buscar dones espirituales, especialmente el de profetizar.
La Iglesia enseña hoy exactamente lo mismo. Las mujeres pueden recibir revelación personal, familiar y para sus llamamientos. Pueden sentir inspiración divina, discernimiento espiritual y guía del Espíritu Santo en su vida diaria.
De hecho, el presidente Gordon B. Hinckley enseñó que las mujeres pueden desarrollar plenamente “el espíritu de profecía” mediante su testimonio de Jesucristo.
Entonces, la verdadera pregunta no es si las mujeres pueden ser espiritualmente proféticas porque sí pueden y sí lo son. La diferencia está en otra parte.
El don espiritual no es lo mismo que un oficio del sacerdocio

Aquí es donde normalmente empieza la confusión. En la Iglesia existen varias cosas distintas que solemos mezclar:
- Los dones espirituales
- La autoridad del sacerdocio
- Los oficios del sacerdocio
- Las llaves del sacerdocio
No son lo mismo, por ejemplo, una mujer puede recibir revelación para fortalecer a su familia, servir con autoridad espiritual en la Sociedad de Socorro o enseñar con gran poder mediante el Espíritu Santo.
Pero el presidente de la Iglesia no es llamado porque “profetiza más” que otros. El presidente de la Iglesia es el apóstol de mayor antigüedad dentro del Quórum de los Doce Apóstoles, siguiendo el orden establecido por revelación desde la Restauración.
Es una estructura organizacional basada en las llaves del sacerdocio y en el oficio apostólico.
No en quién tiene más sensibilidad espiritual.
Las mujeres sí participan de la obra del sacerdocio

Las mujeres enseñan el Evangelio, reciben revelación, sirven en consejos, lideran organizaciones mundiales, participan en la obra del templo y ayudan a edificar el Reino de Dios todos los días.
El presidente Russell M. Nelson enseñó repetidamente que las mujeres tienen acceso al poder del sacerdocio mediante sus convenios y su servicio fiel.
Y el élder Dallin H. Oaks explicó algo clave: cuando una mujer recibe un llamamiento y sirve bajo autoridad divina, está actuando con autoridad real, no simbólica.
Eso significa que en la Iglesia, la autoridad espiritual no se mide únicamente por una ordenación.
Entonces, ¿por qué el presidente siempre es hombre?

Porque desde el Nuevo Testamento hasta la Restauración, Jesucristo organizó Su Iglesia mediante un quórum apostólico compuesto por hombres que poseen las llaves del sacerdocio para dirigir toda la Iglesia.
Ese patrón continúa hoy. Ahora bien, algo importante y honesto es que no tenemos todas las respuestas sobre por qué Dios estableció exactamente esta organización. La Iglesia no enseña que las mujeres valen menos, que son menos espirituales o menos cercanas a Dios.
Lo que sí enseña es que este modelo viene por revelación y que confiamos en que el Señor dirige Su Iglesia.
Además, una verdad importante que no cambia es que las mujeres son esenciales en la obra de Dios.
La pregunta que realmente cambia algo

Tal vez la conversación no debería centrarse únicamente en quién preside la Iglesia, en vez podríamos preguntarnos
¿Cómo vivimos para tener el espíritu de profecía en nuestra vida?
Porque las escrituras dejan claro que cualquier discípulo puede buscar revelación, desarrollar sensibilidad espiritual y acercarse más a Jesucristo.
Antiguas profetisas lo hicieron, hoy también lo hacen millones de mujeres dentro de la Iglesia. La cercanía con Dios nunca ha estado limitada por el género.
Fuente: maisfe.org
