Nota del editor: El siguiente artículo es una historia real del élder Choy, un misionero de la Iglesia de Jesucristo sirviendo actualmente en El Salvador, que compartió con Más Fe.
Para muchos, servir una misión es una experiencia de aprendizaje, milagros y crecimiento espiritual. Pero para algunos misioneros, también se convierte en una etapa de grandes pruebas que cambian la vida para siempre. Esa fue la experiencia del élder Choy, un joven que actualmente sirve en la Misión El Salvador San Salvador Este y que recientemente compartió una de las experiencias más difíciles que ha enfrentado.

Mientras se encontraba sirviendo como misionero, su vida cambió de un día para otro cuando recibió una noticia que ningún hijo espera escuchar estando lejos de casa: su madre había fallecido. En medio del dolor del momento, comenzaron a surgir muchas preguntas en su mente.
«¿Regreso a casa o sigo? ¿Qué haré de ahora en adelante?» recordó.
Sin embargo, en medio de ese proceso, el élder Choy explicó que encontró consuelo en algo que había enseñado muchas veces durante su misión: el Plan de Salvación. La misma promesa de las familias eternas que él compartía con las personas, fue la misma promesa que lo sostuvo para superar el dolor de la partida de su madre.
«Estar en la misión me ha ayudado a ser más fuerte, a tener un testimonio de Jesucristo», expresó élder Choy.

También compartió que permanece con la esperanza de volver a reunirse con su madre algún día. Uno de los versículos que le dio fortaleza fue Doctrina y Convenios 121:7:
«Hijo mío, paz a tu alma».
Para él, esas palabras se convirtieron en un recordatorio de que incluso en medio del sufrimiento, Dios no abandona a Sus hijos. Pero su historia también tiene un detalle muy significativo dentro de su familia.

Años atrás, José Nefi, el padre de élder Choy, también fue misionero en la costa calurosa del norte de Honduras, y sirvió enfrentando sus propios desafíos físicos, ya que lo hizo utilizando una prótesis en la pierna. Ahora, una generación después, su hijo enfrenta una prueba distinta, pero con la misma determinación de seguir adelante con fe.
De este modo, el testimonio del élder Choy refleja la lucha real de alguien que, aun con el corazón roto, decidió apoyarse en su fe para continuar.
Su experiencia ha conmovido a muchas personas porque recuerda que a veces la fe no elimina las dificultades, pero sí puede dar la fuerza necesaria para atravesarlas.
