Cuando Brad Bywater vio a su hija graduarse de la secundaria en mayo de 2023, estaba sentado en una silla de ruedas.

A su alrededor, otros padres se ponían de pie, aplaudían y celebraban. Él también quería hacerlo, pero su cuerpo ya no respondía como antes. Sentía frío, náuseas, un sabor metálico en la boca y un cansancio tan profundo que incluso pensar parecía costarle esfuerzo.

Brad, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en San Tan Valley, Arizona, había vivido desde siempre con una enfermedad renal poliquística. Esta condición hereditaria provoca la formación de quistes en los riñones hasta que, con el tiempo, dejan de funcionar.

Durante años supo que ese momento podía llegar. Sin embargo, cuando finalmente comenzó a sentirse mal, la realidad fue mucho más dura de lo que imaginaba.

“Creo que lo dejé en el fondo de mi mente”.

Pero cuando los síntomas se volvieron más fuertes, la preocupación se convirtió en algo constante.

Créditos: Leah Bowers

Para enero de 2023, sus riñones ya estaban fallando, caminar hasta la cocina lo dejaba sin aire. Además, tenía que lidiar con episodios muy dolorosos cuando algunos quistes se rompían y sangraban internamente. Ese dolor podía durar semanas.

En marzo de ese año, Brad y su esposa, Angela, recibieron una llamada de su nefrólogo. El médico les pidió que fueran cuanto antes porque necesitaban conversar.

La función renal de Brad había caído por debajo del nivel que indicaba la necesidad de un trasplante. Ese día hablaron sobre la lista nacional de espera, un proceso que puede tomar varios años.

Mientras avanzaban con los exámenes para entrar oficialmente a la lista, Brad comenzó diálisis peritoneal. Cada noche debía estar en casa temprano para conectarse a una máquina que limpiaba las toxinas de su cuerpo mientras dormía.

Créditos: Brad Bywater

Con humor, Brad admitió que aquello “arruinaba un poco las salidas” con su esposa.

Cinco meses después, fue incluido oficialmente en la lista nacional de espera para un trasplante de riñón en Mayo Clinic. Entonces, su familia publicó un mensaje sencillo en Facebook. Solo pidieron que, si alguien lo deseaba, considerara hacerse las pruebas para saber si podía ser donante.

La respuesta los conmovió profundamente.

Brad no esperaba mucho. Tal vez cinco o seis personas. Pero los mensajes comenzaron a llegar de familiares, amigos, conocidos e incluso personas de la secundaria con quienes no hablaba desde hacía años.

“Intenté hacer una lista de todos los que se habían inscrito, pero perdí la cuenta cuando llegué a unos 60”.

Imagen: Canva

Para él, fue una experiencia humilde y reveladora.

“No me había dado cuenta de cuánto me querían”.

Entre quienes vieron la publicación estaba Chris Runkel, quien en ese momento era el hermano ministrante asignado a Brad y Angela. No eran amigos cercanos, pero algo dentro de Chris no lo dejaba tranquilo.

Sentía que debía hacerse las pruebas.

Al principio, la idea le parecía demasiado intensa. Incluso pensó, con sinceridad, que le gustaban sus órganos y no estaba seguro de querer pasar por algo así.

Pero la impresión seguía allí, Chris le contó a su esposa, Candee, lo que estaba sintiendo. Poco después, ella también recibió una confirmación espiritual de una forma inesperada.

No fue durante una oración larga ni en un momento solemne. Fue mientras estaba detenida en un semáforo.

bendición salud
Imagen: Canva

Candee recordó sentir una fuerza que la recorrió de la cabeza a los pies. En ese instante, supo que su esposo debía seguir adelante con el proceso. También sintió una paz muy clara, todo estaría bien.

Con esa certeza, Chris inició las pruebas médicas en Mayo Clinic. El proceso fue largo y riguroso. Los médicos debían confirmar que su salud, tipo de sangre y otros factores fueran compatibles con Brad.

Mientras avanzaba, Chris tenía la sensación de que sería compatible.

Y así fue.

Cuando los Runkel supieron que Chris podía donar su riñón, llamaron a los Bywater.

Era un día soleado de junio en Arizona cuando Candee llamó a Angela. Al escuchar la noticia, Angela no pudo contener las lágrimas.

“Me quebré. ¿Cómo agradeces un sacrificio así?”.

Imagen: Canva

De inmediato llamó a Brad, quien estaba trabajando entre pacientes en su consultorio de optometría. La noticia lo dejó tan emocionado que necesitó unos minutos para recomponerse antes de seguir atendiendo.

Brad sabía que su caso era especial. Solo había estado en diálisis cuatro meses, mientras que muchas personas esperan años.  Pero también sentía que ninguna palabra alcanzaba para expresar su gratitud.

Con el tiempo, esa experiencia le ayudó a comprender de una manera más profunda el amor de Jesucristo.

“Eso mismo siento por mi Salvador y por lo que Él ha hecho por mí.Lo que Chris hizo por mí y la gratitud que siento por él abrió aún más mi corazón para recibir el amor del Salvador”.

El día de la cirugía, el 26 de septiembre de 2023, Brad y Angela llegaron nerviosos al hospital.

Créditos: Brad Bywater

Mientras caminaban hacia el ascensor, alguien tocaba en un piano público el himno “Más cerca, Dios, de Ti”, para Brad, fue un momento de paz.

Luego, al subir por el ascensor y abrirse las puertas, vieron a Candee esperándolos. Brad recordó que, al verla, sintió el Espíritu con mucha fuerza. Ese día, Chris Runkel hizo algo que pocos hermanos ministrantes llegan a hacer, donó un riñón.

Aunque Chris y Candee ya no están asignados como hermanos ministrantes de Brad y Angela, la relación entre ambas familias no terminó con ese llamamiento. Al contrario, se convirtió en una amistad profunda, marcada por el servicio, la gratitud y el amor cristiano.

Ahora se ministran de otras maneras.

Al mirar atrás, Brad reconoce que no todos serán llamados a donar un órgano. Pero todos podemos cambiar la vida de alguien.

“No tienes idea de cuánto puedes ayudar a una persona o cuánto puedes cambiar su vida. No tiene que ser donar un riñón. Puede ser simplemente estar ahí para alguien, estar dispuesto a sacrificarse y servir”.

Fuente: Church News

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