En noviembre de 2020, la vida de un joven miembro de la Iglesia de Jesucristo, dio un giro inesperado.

Todo comenzó durante un partido de fútbol, tras recibir un fuerte golpe en la rodilla, pensó que se trataba de una lesión más. Sin embargo, con el paso de los días el dolor se volvió cada vez más intenso y las respuestas no llegaban.

Visitó a distintos especialistas, pero ninguno lograba identificar qué estaba ocurriendo. Finalmente, un médico solicitó una resonancia magnética y los resultados revelaron que había un tumor.

Poco después se realizó una biopsia y llegó el diagnóstico definitivo. Se trataba de un tumor maligno de grado tres.

Cuando no sabes qué hacer, Dios puede mostrar el camino

Créditos: Élder Hernandez. Imagen: Facebook

Recibir una noticia así nunca es sencillo. Ni él ni su familia conocían mucho sobre esa enfermedad ni sabían cuál sería el siguiente paso.

Sin embargo, en medio de la incertidumbre comenzaron a ver cómo las puertas correctas empezaban a abrirse.

Aunque no entendían todo lo que estaba pasando, sintieron que el Padre Celestial los estaba guiando hacia las personas y los lugares que necesitaban encontrar.

Gracias a esa dirección pudieron ingresar al Hospital del Niño Poblano y comenzar el tratamiento.

Con su historia nos ponemos a pensar que a veces esperamos que Dios elimine inmediatamente nuestras dificultades. Otras veces, Su ayuda llega mostrándonos el siguiente paso, enviando personas que pueden ayudarnos y dándonos la fuerza necesaria para seguir adelante.

Una prueba que requería fe

Imagen: Shutterstock
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Su primer internamiento duró tres meses. Durante ese tiempo recibió la primera quimioterapia de su vida con la esperanza de reducir el tumor.

Los resultados no fueron los que esperaba.

El tratamiento no logró disminuir el tamaño del cáncer y los médicos determinaron que sería necesaria una amputación.

La noticia fue difícil de procesar, había miedo, preguntas y muchas emociones que parecían imposibles de controlar. Pero mientras se preparaban para la cirugía, él y su familia decidieron depositar su confianza en el Señor.

La fe no eliminó la realidad de la prueba, pero les permitió enfrentarla con una paz que no podían encontrar por sí solos.

La paz que llegó en el momento más difícil

Mano apuntando al cielo
Imagen: Canva

La operación duró aproximadamente seis horas. Cuando despertó, sabía que su vida había cambiado para siempre. Había dolor físico y comenzaba una nueva etapa llena de desafíos.

Sin embargo, también recuerda la presencia del Espíritu Santo, la cual lo acompañó en todo este proceso.

Aun en medio de la recuperación, sintió una tranquilidad difícil de explicar. Una certeza de que no estaba solo y por eso la oración se convirtió en una de sus mayores fortalezas.

Cada vez que el dolor aumentaba o el desánimo intentaba aparecer, encontraba consuelo al hablar con su Padre Celestial.

Aquellas experiencias fortalecieron su testimonio de que Dios escucha las oraciones y permanece cerca de Sus hijos incluso durante los momentos más difíciles.

Cuando los planes de Dios son mejores de lo que imaginamos

Créditos: Élder Hernandez. Imagen: Facebook

Pasaron dos años, veinticuatro ciclos de quimioterapia y cuatro cirugías. El camino fue largo; sin embargo, aquella promesa que parecía tan lejana finalmente se cumplió.

Esta es la historia del Élder Hernández que hoy sirve como misionero de tiempo completo en Tehuacán, Puebla, representando a Jesucristo y compartiendo el Evangelio con otras personas. Al mirar atrás, reconoce que los planes de Dios son perfectos, incluso cuando no logramos comprenderlos de inmediato.

«Sé paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas; pero sopórtalas, pues he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días» (Doctrina y Convenios 24:8).

Jesucristo nos conoce de manera personal, nuestras pruebas, nuestras luchas y nuestros temores. Él ya recorrió ese camino por nosotros y comprende perfectamente lo que sentimos.

Y aunque las respuestas no siempre llegan de la forma que esperamos, su experiencia le enseñó que el amor del Salvador nunca falla y que, con Su ayuda, es posible seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.

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