La mayor retirada del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, Yen Soto, se prepara para participar en los «2026 Warrior Games», una competición que reúne a militares y veteranos heridos, enfermos o lesionados para promover la recuperación mediante el deporte adaptado.
Pero detrás de las medallas y las competencias, está la historia de una mujer que dedicó casi 22 años al servicio militar, superó múltiples lesiones físicas y encontró fortaleza en su fe tras convertirse a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en donde descubrió una fuente de propósito que continúa guiando su vida.
Una tercera oportunidad en los Warrior Games

Este evento se celebrará del 13 al 20 de junio en San Antonio, Texas, y reunirán a cerca de 200 militares y veteranos de distintas ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Para Yen Soto, quien reside en New Bern, Carolina del Norte, esta será la tercera vez en que participe de este formato de competencia.
Su primera participación, en 2024, terminó de manera inesperada cuando sufrió una fractura de clavícula durante una competencia de ciclismo. Un año después regresó y pudo competir plenamente, describiendo la experiencia como algo «increíble».
Ahora, a sus 41 años, mientras continúa recuperándose de dos reemplazos de rodilla y de desafíos persistentes relacionados con la salud mental, volverá a competir en varias disciplinas, entre ellas ciclismo, natación, remo, lanzamiento de disco, lanzamiento de peso, levantamiento de pesas y voleibol sentado.
El compañerismo que hace especiales a los Juegos

Más allá de la competencia, Yen afirma que uno de los aspectos más valiosos de este evento es la conexión que se crea entre quienes han enfrentado desafíos similares.
«Sentir la camaradería, el espíritu de equipo, el amor que todos los miembros del equipo se tienen entre sí, independientemente de la rama militar a la que pertenezcas, es una sensación maravillosa», expresó Yen.
Los Warrior Games celebran este año su decimosexta edición y utilizan el deporte como una herramienta para ayudar a la recuperación física, emocional y mental de militares y veteranos.
Casi 22 años sirviendo en el Cuerpo de Marines

La historia militar de Yen comenzó cuando era niña. Ella fue criada en Englewood, Colorado y desarrolló desde temprana edad un interés por el servicio militar. Cuando aún estaba en la escuela primaria encontró un folleto de reclutamiento de los Marines que llamó su atención, así que lo completó y lo envió por correo.
Para entonces le respondieron diciendo que aún era demasiado joven, sin embargo esa experiencia le dejó una impresión duradera. Años después, cumplió su promesa y se alistó en el Cuerpo de Marines en julio de 2003.
Durante casi dos décadas y media de servicio ascendió desde infante de marina raso hasta retirarse con el rango de mayor. Sin embargo, la exigencia física de la carrera militar tuvo consecuencias importantes.

Las lesiones acumuladas en sus rodillas terminaron requiriendo cirugías y posteriormente dos reemplazos completos. Pero eso no fue todo, Yen también sufrió fracturas en la clavícula, el pie y un dedo, además de un desprendimiento de retina.
A pesar de eso, ella continuó sirviendo y ayudando a otros militares heridos cuando fue asignada al Batallón de Veteranos Heridos. Al reflexionar sobre su carrera, explicó:
«Estar en el ejército me dio un sentido de propósito y me ayudó a comprender cómo servir a los demás«.
Cómo encontró la Iglesia de Jesucristo

Uno de los aspectos más significativos de la historia de Yen es que no creció como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su madre de heecho practicaba el budismo y su padre era católico, por lo que desde joven estuvo expuesta a diferentes tradiciones religiosas.
Aunque siempre creyó en Dios y en Jesucristo, durante sus primeros años en el ejército no asistía regularmente a ninguna iglesia. Pero todo cambió luego de conocer a quien más tarde sería su esposo, Andrew Soto, mientras ambos servían en el extranjero en 2008.
Andrew le hablaba frecuentemente de amigos Santos de los Últimos Días que lo invitaban a reuniones dominicales y actividades de servicio. Recordando aquellas conversaciones, Yen comentó:
«Cuando nos casamos, él decía: ‘Si tuviera que pertenecer a alguna iglesia, sería a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o a la fe judía’».

El momento decisivo llegó en 2014, mientras asistía a la Escuela de Candidatos a Oficiales en Quantico, Virginia. Allí Yen participó de un servicio interreligioso patrocinado por la Iglesia de Jesucristo. Aquella experiencia le dejó una profunda impresión.
«Eran personas muy amables y maravillosas. Disfruté mucho estar allí», expresó Yen al recordar ese momento.
Aquella primera experiencia fue seguida por nuevas amistades con miembros de la Iglesia de Jesucristo y conversaciones con los misioneros. Finalmente, Yen Soto fue bautizada en agosto de 2015.
Pocas semanas después, su esposo también se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Una fe que se convirtió en un ancla

Desde entonces, Yen ha hablado abiertamente sobre la influencia que el evangelio restaurado ha tenido en su vida.
Mientras enfrentaba cirugías, procesos de recuperación, desafíos relacionados con la salud mental y la transición fuera del servicio militar, ella encontró apoyo tanto en sus creencias como en su comunidad de fe.
Actualmente Yen sirve como segunda consejera en la presidencia de la Sociedad de Socorro de su barrio en Carolina del Norte, una responsabilidad que refleja su deseo de ayudar y fortalecer a otras personas.
Al pensar en todo lo que ha vivido durante los últimos años, expresó una declaración muy personales:
«Sinceramente, no sé cómo habría podido llegar tan lejos sin la Iglesia».
Su obispo, Marcus Whaley, por su parte, destacó no solo la capacidad de liderazgo de Yen, sino también la manera en que continúa sirviendo a los demás a pesar de los desafíos que ha enfrentado.
Logros por una gran resiliencia

La perseverancia de Yen también se ha reflejado en sus logros deportivos. Durante los Warrior Games 2025 obtuvo cuatro medallas de oro en natación, dos medallas de plata en ciclismo y una medalla de bronce en remo.
Ese mismo año participó además en la primera edición invernal de los Invictus Games en Vancouver y Whistler, Canadá, donde ganó una medalla de oro en snowboard.
Ahora, mientras se prepara para competir nuevamente, Yen también asumirá una responsabilidad especial como una de las capitanas del equipo de Marines. La organización destacó que los capitanes elegidos representan los valores que definen a los Warrior Games:
«Estos capitanes representan la resiliencia, el trabajo en equipo y el espíritu guerrero que define los juegos», indic una publicación de Instagram de los Warrior Games.
Más que una atleta

La trayectoria de vida de Yen Soto combina servicio militar, recuperación física, liderazgo y una fe que encontró siendo adulta como conversa de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Desde una joven que buscaba propósito en el servicio militar hasta una mujer que hoy sirve en su congregación, lidera a otros veteranos y continúa compitiendo a nivel nacional, Yen nos demuestra cómo la resiliencia nos puede llevar lejos.
Y mientras se prepara para una nueva edición de los Warrior Games, su historia nos recuerda que algunas de las victorias más importantes no se miden únicamente en medallas, sino en la capacidad de seguir adelante con fe, esperanza y determinación.
Fuente: Church News
