En la víspera de la dedicación del Templo de Bacolod, Filipinas, el élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió un mensaje con los misioneros de la Misión Filipinas Bacolod sobre Jesucristo, los convenios y el poder espiritual del templo.
La reunión se realizó el 30 de mayo en Talisay, al norte de Bacolod, en la isla de Negros. Allí, el élder Andersen expresó la alegría que vive la Iglesia en el país.
“Es un momento maravilloso para Filipinas”.
El Templo de Bacolod, dedicado el 31 de mayo, es la sexta casa del Señor dedicada en Filipinas y la tercera dedicada este año en ese país, formado por más de 7,500 islas. Además, otros ocho templos se encuentran en construcción o planificación.

Aunque el templo empezó a construirse mucho antes de que los misioneros actuales comenzaran su servicio, el élder Andersen les recordó que su labor también forma parte de ese crecimiento.
“Lo que ustedes están haciendo es lo que hizo posible este templo”.
Con esto, resaltó que la obra misional prepara a las personas para recibir las bendiciones del templo. También señaló que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una Iglesia mundial, y que la obra misional sigue avanzando en todo el mundo.
El apóstol explicó que el Espíritu puede sentirse en cualquier idioma, cultura, raza o continente. Para él, esa realidad testifica que todos somos hijos e hijas de Dios.

Esa relación con el Padre Celestial, enseñó, se comprende mejor en el templo. Allí, los miembros hacen convenios mediante ordenanzas sagradas, como la investidura, el matrimonio eterno y los bautismos por los muertos.
El élder Andersen dijo que el templo trae poder a la vida de las personas y les permite sentir algo que no sentirían de otra manera. Por eso, pidió a varios misioneros compartir cómo las ordenanzas del templo habían bendecido a sus familias y sus propias vidas.
También animó a los misioneros a ayudar a los nuevos miembros a participar en las ordenanzas del templo, incluso mediante los bautismos por los muertos, porque eso puede traerles “un poderoso Espíritu de verdad”.

Durante el devocional también compartieron su testimonio la hermana Kathy Andersen; el élder Carlos G. Revillo Jr., presidente del Área Filipinas, y su esposa, la hermana Marites Revillo; el élder Chi Hong “Sam” Wong, primer consejero de la presidencia del Área Filipinas, y su esposa, la hermana Carol Wong; además del presidente de misión Federico de Dios y la hermana Joy Mirasol de Dios.
Antes de terminar, el élder Andersen invitó a los misioneros a abrazar lo que están aprendiendo, especialmente de manera espiritual, para que esas lecciones permanezcan con ellos durante toda su vida.
La obra misional en Bacolod

El élder Andersen también recordó la historia de la obra misional en Filipinas y en Bacolod. La Iglesia pasó de tener unos pocos miembros en Metro Manila a contar hoy con más de 905,000 miembros en el país.
Hace 65 años, el entonces élder Gordon B. Hinckley, quien más adelante sería Presidente de la Iglesia, bendijo Filipinas en los terrenos del Cementerio Conmemorativo de Guerra de Estados Unidos en Manila. Desde entonces, en 1961, la obra misional comenzó a avanzar con más fuerza.
En 1964, los primeros miembros de Bacolod fueron enseñados y bautizados en Metro Manila. Entre ellos estuvieron Carlos Flores Barredo Sr. y Rosario Barredo, así como Rufino Alvarez Villanueva Jr. y su esposa, Josefina Piedad Sacro.

Los Barredo estaban en Manila mientras Carlos se recuperaba de una enfermedad. Por otro lado, los Villanueva fueron bautizados en octubre de 1964 y luego regresaron a Bacolod para ayudar en la piscigranja de su familia.
Años después, cuando los misioneros llegaron a Bacolod, llevaban los nombres de ambas familias para encontrarlas. Al verlos, Rufino Villanueva fue a buscar el diezmo que había guardado durante los últimos dos años.

El élder Andersen destacó que esas parejas pioneras y sus familias llegaron a servir como líderes de la Iglesia en Filipinas. Luego compartió una frase que resume el impacto de su fe: “Puedes contar las semillas de una manzana, pero no puedes contar las manzanas que hay en una semilla”.
El élder Revillo también recordó su propia experiencia en Bacolod. Él sirvió allí como joven misionero en 1988, cuando se organizó la Misión Filipinas Bacolod.
“Los miembros eran maravillosos y las personas eran muy receptivas”.
Además, expresó que su misión lo bendijo, lo cambió y lo transformó.
“El converso más grande que traje a casa de mi misión fui yo mismo”.
Hoy, con el Templo de Bacolod dedicado, esa historia de fe sigue creciendo y bendecirá a muchas familias por generaciones.
Fuente: Church News
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