Muchos jóvenes crecen soñando con servir una misión. Para algunos, ese deseo llega a convertirse en una meta que guía gran parte de su juventud. Pero:

 ¿Qué pasa cuando los errores, las decepciones o incluso las palabras de otras personas parecen cerrar esa puerta?

Eso fue exactamente lo que vivió Kenna, una joven Santo de los Últimos Días que, después de años preparándose para servir al Señor, llegó a pensar que su oportunidad había desaparecido para siempre.

Tras atravesar un largo proceso de arrepentimiento durante su último año de secundaria, finalmente recibió nuevamente su recomendación para el templo y comenzó a prepararse para enviar sus papeles misionales. 

Sin embargo, poco antes de iniciar el proceso, volvió a caer en antiguos hábitos y tuvo que comenzar otra vez.

La situación fue tan difícil que terminó alejándose de la Iglesia. Con el tiempo también se alejó de su familia, perdió el rumbo espiritual que alguna vez había tenido y comenzó a involucrarse en conductas que lo llevaron a sentirse cada vez más vacío.

«Sentía que ya no pertenecía», recuerda.

Una amistad que cambió el rumbo de todo

Imagen: Canva

Durante sus estudios universitarios conoció a Audrey, una joven miembro activa de la Iglesia que se convirtió rápidamente en una de sus mejores amigas.Lo que más recuerda de ella no fueron discursos ni sermones. Fue algo mucho más sencillo, ella nunca la juzgó.

Aun cuando Kenna cuestionaba la Iglesia o se mostraba contrario a las creencias que ella defendía, Audrey continuó tratándolo con respeto y amistad genuina.

Una noche, mientras atravesaba una situación especialmente complicada relacionada con sus adicciones, Audrey fue quien la encontró y se aseguró de que estuviera a salvo.

Ese momento marcó un antes y un después. Por primera vez en mucho tiempo reconoció que necesitaba ayuda y decidió regresar al evangelio.

Descubrir que el arrepentimiento realmente funciona

Mano apuntando al cielo
Imagen: Canva

El regreso no fue rápido ni sencillo.

Comenzó nuevamente el proceso de arrepentimiento junto a su líder de Jóvenes Adultos Solteros. Durante los siguientes años enfrentó recaídas, programas de recuperación y momentos de profunda frustración.

Sin embargo, también descubrió algo que transformó su manera de ver el evangelio. El arrepentimiento no era un castigo. Era el camino para volver a Cristo.

Poco a poco recuperó su recomendación para el templo. Más adelante recibió su investidura y desarrolló un amor por el evangelio que, según cuenta, nunca antes había sentido de esa manera.

Cuando dejó de enfocarse únicamente en sus errores y comenzó a enfocarse en el Salvador, encontró la paz que llevaba años buscando.

La misión que parecía imposible

Imagen: Canva

Aunque todavía deseaba servir una misión, el miedo seguía presente. Durante mucho tiempo pensó que esa oportunidad ya había quedado atrás.

Por eso decidió concentrarse en fortalecer su relación con el Padre Celestial y con Jesucristo, confiando en que el Señor conocía su situación mejor que nadie.

Con el tiempo sintió la inspiración de estudiar en BYU–Idaho. Allí encontró un ambiente que lo ayudó a sanar emocional y espiritualmente.

Fue durante ese proceso que volvió a sentir con fuerza el deseo de servir una misión y esta vez decidió actuar. Habló con su obispo, comenzó nuevamente sus papeles y, pocas semanas después, recibió su llamamiento para servir en la Misión Michigan Lansing. 

Después de años pensando que nunca sería digno de servir, el Señor le mostró que Su plan seguía avanzando.

Cuando el Señor conoce el momento perfecto

Kenna en el día de su boda. Imagen: TikTok

Poco después de comenzar su capacitación misional recibió una noticia devastadora. Su padrastro había fallecido repentinamente.

Todo cambió en cuestión de horas, no sabía si debía continuar con la misión o quedarse junto a su familia. Fue entonces cuando su madre le dijo algo que nunca olvidaría:

«Tú luchaste mucho para servir una misión. Necesitas ir.»

Con el corazón lleno de incertidumbre, decidió seguir adelante.

Durante su servicio conoció a personas que también estaban atravesando pérdidas, dolor y circunstancias difíciles. Gracias a sus propias experiencias pudo testificar con sinceridad sobre el Plan de Salvación y la esperanza que viene por medio de Jesucristo.

En esos momentos comprendió algo importante. El Señor no había ignorado sus pruebas. Las estaba utilizando para bendecir a otras personas.

Ningún camino está demasiado lejos para volver

Kenna con su hija. Imagen: TikTok

Hoy, al mirar atrás, reconoce que muchas de las experiencias que alguna vez consideró fracasos terminaron formando parte de un plan mayor.

Su misión la ayudó a fortalecer su testimonio, a conocer a quienes influirían en su futuro y, eventualmente, a formar la familia que tiene actualmente.

Por eso su historia no trata sobre la perfección, trata sobre perseverar. Trata sobre volver a levantarnos cuando sentimos que hemos fallado demasiadas veces.

Y sobre todo, nos recuerda que mientras haya disposición para regresar a Cristo, nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo.

Video relacionado

También te puede interesar