En una mañana fresca en Utah, las laderas alrededor del templo Sri Sri Radha Krishna se convirtieron en un punto de encuentro inesperado. Más de 250 miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llegaron para participar en un proyecto de servicio interreligioso que implicaba trabajo físico intenso como limpiar terrenos, plantar jardines, restaurar áreas verdes y colaborar en el cuidado del entorno.

Era trabajo real, sostenido durante horas, bajo la misma intención compartida de servir.

El espacio pertenece a una comunidad hindú liderada por Vaibhavi Devi Dasi, conocida como Vai, quien continúa una visión espiritual heredada de su esposo fallecido. Para ella, el servicio solo tiene sentido cuando está conectado con lo divino. En sus palabras,

“Servir a la humanidad no es servicio verdadero si se queda solo en lo material; pero cuando está unido a Dios, se vuelve completamente espiritual”.

Esa afirmación encontró eco en los voluntarios Santos de los Últimos Días presentes. Desde su propia perspectiva doctrinal, el servicio al prójimo está inseparablemente ligado al servicio a Dios. En ese punto, dos tradiciones distintas convergieron en la misma convicción de servir a otros es una forma directa de acercarse a Dios.

El trabajo como lenguaje espiritual compartido

Imagen: Meridian Magazine

Durante la jornada, los equipos se organizaron para tareas diversas como jardinería, limpieza ecológica, reparación de estructuras y cuidado de animales dentro del recinto. 

El entorno estaba diseñado bajo principios de no violencia y administración cuidadosa de la creación, lo que significaba que cada tarea debía hacerse manualmente.

Incluso decisiones simples reflejaban esa filosofía. Cuando un voluntario preguntó por el uso de químicos para eliminar maleza, la respuesta fue que estos no se utilizan. Cada planta debía ser retirada a mano.

En ese contexto, el servicio dejó de ser solo trabajo físico. Se convirtió en una expresión de convicciones profundas. La obediencia a principios espirituales se tradujo en esfuerzo concreto, sin reconocimiento ni protagonismo individual.

Una de las líderes del templo describió con humor respetuoso la relación entre ambas comunidades como la de “hermanos menores”, aunque en la práctica lo vivido no fue jerárquico, sino colaborativo. Lo que se formó fue el respeto mutuo nacido de la acción compartida.

Servicio sin jerarquías, liderazgo sin protagonismo

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La comunidad que administra el templo ha optado por una estructura de liderazgo distribuido tras la muerte de su principal guía espiritual. No existe una figura central que concentre autoridad, sino un consejo que dirige el trabajo con énfasis en la humildad, el servicio y la ausencia de interés personal.

En su modelo, el liderazgo no está asociado a beneficio económico ni a reconocimiento público. Está vinculado a la responsabilidad espiritual de sostener una comunidad.

Este enfoque resonó entre los voluntarios, no por similitud doctrinal, sino por un principio más amplio: la idea de que el liderazgo verdadero se expresa en servicio constante, no en posición.

Cuando el servicio cambia más que el entorno

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Al final de la jornada, el cambio en el lugar era visible. Los jardines restaurados y los espacios limpios mostraban el resultado del esfuerzo colectivo, pero para muchos participantes, la transformación más significativa estaba en las personas.

Las conversaciones entre voluntarios de distintas tradiciones fueron abriendo espacios de comprensión. La interacción redujo distancias que no se habían construido en ese día, sino que existían desde antes. El servicio funcionó como un lenguaje común donde las diferencias no desaparecieron, pero dejaron de ser barreras.

En ese sentido, el proyecto dejó una enseñanza clara: cuando el servicio se vive con intención espiritual, no solo cambia un lugar; también reordena la manera en que las personas se ven entre sí.

Más allá de doctrinas o estructuras religiosas distintas, la experiencia mostró que existe un punto de encuentro posible cuando el enfoque está en algo mayor que el individuo. Y en ese espacio compartido, el servicio no solo limpia terrenos, también abre entendimiento.

Fuente: Meridian Magazine 

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