En 2024, el profesor Christian Tornau, especialista en literatura latina de la Universidad de Würzburg (Alemania), fue invitado a ayudar a descifrar un manuscrito que contenía varios sermones atribuidos a Agustín de Hipona, uno de los teólogos y escritores cristianos más influyentes de la historia, cuyas enseñanzas marcaron profundamente el pensamiento cristiano durante siglos.
Mientras analizaba el documento junto a otros expertos, encontró dos sermones que no figuraban entre las obras conocidas del influyente obispo cristiano. Aunque al principio existían dudas sobre su autenticidad, dos años de investigación permitieron confirmar que efectivamente pertenecían a Agustín.
El hallazgo amplía el legado escrito de uno de los pensadores más importantes del cristianismo antiguo y ofrece una nueva mirada a un tema que sigue despertando preguntas entre quienes estudian la Biblia.
Un relato bíblico que sigue generando preguntas

Los sermones recién descubiertos analizan un episodio registrado en 1 Samuel 28, cuando el rey Saúl, desesperado porque el Señor ya no respondía a sus consultas mediante profetas ni sueños, decidió acudir en secreto a la adivina de Endor.
Saúl le pidió que llamara al profeta Samuel, quien ya había fallecido. Según el relato bíblico, Samuel apareció y anunció que, debido a la desobediencia del rey, tanto él como sus hijos morirían en la batalla contra los filisteos. Al día siguiente, la profecía se cumplió.
Este pasaje ha sido debatido durante siglos porque plantea preguntas difíciles. ¿Cómo pudo aparecer Samuel? ¿Qué ocurrió realmente? ¿Qué permitió Dios en esa situación? Son interrogantes que han ocupado a estudiosos y creyentes desde hace generaciones.
Agustín no ofrecía respuestas rápidas

Uno de los aspectos más interesantes de estos sermones es que Agustín no intentó resolver inmediatamente todas las dudas.
En el primero de ellos, presentado un domingo, expuso distintas interpretaciones posibles sobre el relato y permitió que su audiencia reflexionara por sí misma antes de llegar a una conclusión.
Días después, en un segundo sermón, retomó el tema para profundizar en sus implicaciones doctrinales y responder con mayor detalle a las preguntas que el pasaje planteaba.
Este método confirma algo que ya podía verse en otras de sus enseñanzas: la fe no consiste únicamente en recibir respuestas, sino también en aprender a meditar cuidadosamente las Escrituras y buscar comprensión con la ayuda del Señor.
Ese principio también armoniza con la invitación que hace el Evangelio restaurado a estudiar las Escrituras, preguntar con fe y buscar revelación personal mediante el Espíritu Santo, en lugar de conformarse con respuestas superficiales (Santiago 1:5; Moroni 10:4–5).
Una reflexión diferente sobre el rey Saúl

Quizá el aporte más llamativo de estos textos es la manera en que Agustín veía el desenlace espiritual de Saúl.
Tradicionalmente, el rey suele presentarse como un ejemplo de desobediencia y de alguien que rechazó repetidamente al Señor. Sin embargo, en estos sermones Agustín plantea una posibilidad distinta, después de escuchar la profecía de Samuel, Saúl todavía pudo haber tenido la oportunidad de arrepentirse.
No afirma que eso ocurriera, pero invita a considerar que la misericordia de Dios permanece disponible mientras exista disposición para volver a Él.
Esta reflexión resulta especialmente interesante porque no aparece en otras obras conocidas de Agustín ni era una interpretación común entre los primeros comentaristas cristianos.
El estudio sigue revelando nuevos aprendizajes

Los investigadores preparan ahora una edición crítica de estos sermones, acompañada de su traducción y del contexto histórico del hallazgo.
Aunque el descubrimiento no cambia el contenido de la Biblia ni añade nuevos libros sagrados, sí permite comprender mejor cómo uno de los grandes maestros del cristianismo enseñaba las Escrituras y guiaba a las personas a fortalecer su fe.
Para los Santos de los Últimos Días, este tipo de hallazgos también recuerdan un principio importante: el estudio diligente de las Escrituras siempre puede abrir nuevas oportunidades para comprender mejor la palabra de Dios, siempre que ese conocimiento se acompañe de revelación personal y de la guía del Espíritu Santo.
Al final, más allá de responder todas las incógnitas sobre un pasaje complejo, estos sermones nos recuerdan que el Señor invita a Sus hijos a buscar la verdad con paciencia, humildad y fe, confiando en que Él revela Su voluntad línea por línea y precepto por precepto (2 Nefi 28:30).
Fuente: Deseret News
