Prepararse para entrar al templo por primera vez puede venir acompañado de muchas preguntas:
¿Qué debería saber? ¿Cómo puedo prepararme? ¿Qué puedo esperar?
Para Sher Stephens, una madre de tres hijos y maestra de educación continua, esas preguntas también surgieron cuando quiso comenzar a preparar a sus hijos para recibir su investidura del templo.
No estaba segura de por dónde empezar ni de qué información era apropiado compartir con ellos. Entonces encontró el libro Your Guide to the Temple Endowment, de John Hilton III, que le ayudó a convertir esa preparación en algo mucho más sencillo.
“Llevaba un tiempo buscando un libro así”, explicó Sher.
Como educadora, estaba acostumbrada a buscar recursos que ayudaran a sus hijos a entender mejor los procesos y a reducir las dudas que suelen aparecer cuando uno se enfrenta a algo nuevo.
El libro explica de manera clara la ordenanza de la investidura, incluye información sobre las ordenanzas iniciatorias, los convenios que se hacen en el templo y la vestimenta ceremonial. También responde preguntas frecuentes y ofrece recomendaciones prácticas para quienes asistirán por primera vez.
Para Sher, todo esto hizo que hablar del templo en casa fuera mucho más natural.
Comenzó a prepararlos desde pequeños

Sher ya tenía una forma de preparar a sus hijos para las ordenanzas importantes.
Cuando cada uno cumplía siete años, dedicaba el siguiente año a prepararlo para el bautismo. Juntos hablaban sobre los convenios, leían libros y asistían a bautismos.
Ahora que su hijo mayor está por terminar la secundaria, quiso hacer algo parecido con la preparación para el templo.
Durante el verano comenzó a leer algunas páginas del libro con sus hijos mientras almorzaban. Incluso su hijo menor, que tiene 12 años, participa en estas conversaciones.
Para ella, no se trata simplemente de entregarles información sobre el templo, sino de ayudarles a sentirse preparados y con deseos de hacer convenios con Dios.
“Se ha convertido en un punto de partida para nuestras conversaciones”, explicó.
Leen una sección, hacen una pausa, preguntan, aclaran dudas y comparten experiencias. Así, el templo dejó de ser un tema que solo aparece cuando se acerca la primera visita. Se convirtió en parte de las conversaciones normales de su familia.
Hablar del templo sin hacerlo complicado

Algo que Sher ha descubierto es que estas conversaciones no necesitan convertirse en una clase formal.
Mientras almuerzan, sus hijos pueden contar cómo estuvo su día, hablar de sus planes y, entre todo eso, conversar sobre el templo.
Ese ambiente le permite responder preguntas conforme aparecen, en lugar de intentar explicarles todo de una sola vez.
Y quizá ahí está una de las claves de su experiencia: prepararse para el templo puede comenzar mucho antes de entrar por sus puertas.
Hablar sobre los convenios, estudiar las Escrituras y conocer mejor el propósito del templo pueden ayudar a que los jóvenes lleguen a ese momento con una comprensión más clara de por qué están allí.
“¿Por qué tendríamos que estar nerviosos?”

Con el tiempo, Sher comenzó a notar un resultado que no esperaba.
Después de una de sus conversaciones, les preguntó a sus hijos si había algo que les preocupara o si todavía tenían preguntas sobre recibir su investidura. Ellos simplemente la miraron y le preguntaron:
“¿Por qué tendríamos que estar nerviosos por ir al templo?”
Para Sher, escuchar eso fue significativo. Sus conversaciones habían logrado que sus hijos no vieran el templo como algo desconocido o intimidante, sino como un lugar al que esperaban asistir.
La preparación había cambiado la manera en que ellos se acercaban a esa experiencia.
En lugar de esperar hasta el último momento para explicarles qué significa recibir la investidura, la familia había construido poco a poco una comprensión del templo y de los convenios que allí se hacen.
Una experiencia que también fortaleció su testimonio

La preparación no solo ha ayudado a sus hijos. Sher también siente que estas conversaciones han llevado un espíritu especial a su hogar y han fortalecido su propio testimonio.
“Ha aumentado mi testimonio del amor que nuestro Padre Celestial tiene por cada uno de nosotros y del amor que podemos ver en Su plan”, explicó.
También habló del amor del Salvador por cada persona y añadió que “no hay ningún lugar donde eso sea más evidente que en el templo”.
Su experiencia muestra que hablar del templo en familia no tiene que comenzar con una explicación complicada. Puede empezar con una pregunta durante el almuerzo o simplemente con el deseo de ayudar a un hijo a entender por qué el templo es importante.
Porque cuando los jóvenes conocen mejor el propósito de los convenios y las bendiciones que Dios ofrece mediante ellos, la preparación deja de ser una lista de cosas que aprender y puede convertirse en una experiencia espiritual compartida en familia.
Y eso puede hacer una gran diferencia cuando llegue el momento de entrar al templo por primera vez.
Fuente: LDS Living
