Abre el Libro de Mormón y busca palabras como azul, verde o amarillo. No las encontrarás.

De hecho, el libro menciona únicamente cuatro colores: blanco, negro, rojo y, una sola vez en el texto original en inglés, gris. Para la mayoría de los lectores, este detalle pasa desapercibido. Sin embargo, algunos detractores han señalado esta aparente ausencia como un problema.

Curiosamente, sucede todo lo contrario.

La escasez de colores acerca al Libro de Mormón al patrón lingüístico de otros textos verdaderamente antiguos, como la Biblia hebrea y los poemas de Homero, y lo aleja de lo que probablemente habría escrito una persona del siglo XIX.

¿Por qué esperamos encontrar más colores?

El Libro de Mormón. Imagen: ShutterStock

La respuesta está en cómo entendemos el color en la actualidad.

En 1666, el científico inglés Isaac Newton realizó un famoso experimento al hacer pasar un rayo de luz por un prisma. Observó que la luz blanca se descomponía en diferentes colores y propuso que estos eran los componentes básicos de la luz.

También fue Newton quien popularizó la idea de que el arcoíris tiene siete colores, relacionándolos con las siete notas musicales, una clasificación que, en realidad, fue bastante arbitraria.

Antes de ese descubrimiento, las distintas culturas describían los colores de maneras muy diferentes. Algunos pueblos medievales, por ejemplo, hablaban de un arcoíris compuesto por solo cuatro colores.

Especialistas e historiadores del color coinciden en que la forma en que percibimos y clasificamos los colores no depende únicamente de la biología, sino también de la cultura.

En otras palabras, la idea de cuántos colores «debería» mencionar un texto es relativamente reciente. Los escritos antiguos seguían una lógica completamente distinta.

Lo mismo ocurre en la Biblia y en Homero

En otras ocasiones habla de un cielo de bronce o cobre, de ovejas «violetas» e incluso de miel «verde». Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Ese mismo patrón aparece al comparar el Libro de Mormón con otros registros antiguos.

La Biblia hebrea posee muy pocas palabras específicas para designar colores. Solo el blanco, el rojo y el verde cuentan con términos propios, mientras que el azul ni siquiera posee una palabra exclusiva en el hebreo antiguo.

El caso de Homero resulta todavía más llamativo. En sus obras describe repetidamente el mar Mediterráneo como «color vino», nunca como azul. En otras ocasiones habla de un cielo de bronce o cobre, de ovejas «violetas» e incluso de miel «verde».

Durante mucho tiempo algunos estudiosos pensaron que Homero podía haber sido daltónico. Hoy la explicación aceptada es diferente: las culturas antiguas clasificaban los colores de otra manera, muchas veces relacionándolos más con la sensación o el contexto que con un tono específico.

Un patrón que se repite en los idiomas antiguos

mujer leyendo el libro de mormón; escrituras
Imagen: Venir a Cristo

En 1969, un estudio considerado fundamental en la historia de la lingüística analizó veinte idiomas diferentes y descubrió un patrón sorprendente.

Prácticamente todas las lenguas desarrollan su vocabulario de colores siguiendo el mismo orden histórico.

Primero aparecen palabras para blanco y negro; después surge el rojo; y solo mucho más tarde se incorporan términos específicos para el verde, amarillo, azul y otros colores.

Desde esa perspectiva, el Libro de Mormón encaja precisamente en esa etapa temprana, igual que otros textos cuya antigüedad ya ha sido ampliamente demostrada.

¿Dónde aparecen los colores en el Libro de Mormón?

Nefi, Lamán, Lemuel y Sam.
Nefi, Lamán, Lemuel y Sam. Créditos: David Guerrero, Church News

El rojo aparece asociado con los amlicitas, quienes se marcaban con ese color como señal distintiva (véase Alma 3:13–14). El gris solo aparece una vez en el texto original en inglés, en la expresión grey hairs («cabellos grises»), para describir cómo el cabello de Lehi y Saríah comenzaba a encanecer debido al dolor causado por la desobediencia de Lamán y Lemuel.

En la traducción oficial al español ese pasaje se traduce simplemente como «sus cabellos blancos estaban a punto de ser depositados en el polvo» (véase 1 Nefi 18:18). Es un detalle curioso, puesto que en casi todas las culturas antiguas, el gris solo comenzó a reconocerse como un color propio mucho después del rojo. Y, en el texto original, aparece precisamente para describir esa transición gradual del cabello oscuro al cabello canoso.

También existe una referencia a los «escarlatas» en la visión de Nefi sobre la grande y abominable iglesia (véase 1 Nefi 13:7). Para un lector moderno, «escarlata» puede parecer simplemente un tono de rojo. Sin embargo, diversos especialistas en historia textil explican que durante la Edad Media europea escarlata era, ante todo, el nombre de un tejido de lana extremadamente costoso, que podía fabricarse en diversos colores.

Por ello, en ese pasaje el énfasis no está en el color, sino en el lujo y la ostentación, las «las vestiduras preciosas», junto con la seda, el oro y otras riquezas.

El color más importante del Libro de Mormón no es realmente un color

piedras
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Si el Libro de Mormón parece tener pocos colores desde una perspectiva moderna, es porque sus autores estaban interesados en otro contraste mucho más importante: la luz y las tinieblas, la materia prima de la que, según esa antigua manera de entender el mundo, nacen todos los colores.

Ese simbolismo aparece constantemente a lo largo del libro.

Las piedras que el hermano de Jared presentó al Señor eran «blancas y diáfanas, como cristal transparente» (Éter 3:1).

Alma hijo describió su conversión diciendo que había pasado «del más tenebroso abismo» para contemplar «la maravillosa luz de Dios» (Mosíah 27:29). Más adelante, al relatar esa misma experiencia a su hijo Helamán, declaró:

«¡Oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi!» (Alma 36:20).

Esa parece ser la verdadera paleta del Libro de Mormón: el contraste entre la oscuridad y la luz, un símbolo presente en toda la enseñanza cristiana, desde el «Sea la luz» del Génesis hasta la constante invitación del evangelio a venir a la luz de Jesucristo.

Un detalle difícil de explicar si fuera una invención moderna

La mayoría de los mitos sobre la Iglesia de Jesucristo tienen que ver con José Smith y el Libro de Mormón. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Un bloguero observó hace algunos años que, si José Smith hubiera inventado el Libro de Mormón en el siglo XIX, sería lógico encontrar referencias a colores comunes en su época, como azul, verde, amarillo o naranja. Sin embargo, ninguno de ellos aparece.

El análisis más detallado del vocabulario relacionado con los colores refuerza esa observación. La escasez de colores es precisamente una de las razones por las que el Libro de Mormón transmite una apariencia de antigüedad. Su vocabulario sigue el mismo patrón que se encuentra en otros textos reconocidos por los estudiosos como auténticamente antiguos.

Mientras que la Biblia fue incorporando nuevos términos de color a través de siglos de traducciones y revisiones, el Libro de Mormón fue traducido en un solo proceso y nunca pasó por esa evolución lingüística.

Por esa razón, su vocabulario de colores conserva hasta hoy una sencillez que, para muchos investigadores, resulta consistente con la antigüedad del texto.

Y tú, ¿ya habías notado que esos colores no aparecen? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Fuente: The Interpreter Foundation

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