La Iglesia anunció una nueva inversión de $65 millones para continuar apoyando a mujeres y niños en comunidades de África y Asia.
Durante los últimos tres años, una iniciativa de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha trabajado junto a organizaciones humanitarias de todo el mundo para mejorar las condiciones de vida de mujeres, niños y familias. El proyecto ya ha alcanzado a más de 52 millones de mujeres y niños y ahora continuará con una nueva inversión de $65 millones.
El anuncio fue realizado el 7 de agosto por la presidenta general de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, durante una reunión con representantes de siete organizaciones humanitarias y no gubernamentales que colaboran con la Iglesia.
Con esta nueva inversión, el compromiso de la Iglesia con esta iniciativa alcanza los $184 millones durante tres años. Pero para la presidenta Johnson, estas cifras representan algo mucho más personal.
“No ha sido un esfuerzo para bendecir colectivamente a 52 millones de personas”, explicó. “Ha sido un esfuerzo compartido para bendecir a 52 millones de hijos individuales de nuestro Padre Celestial”.
Esta manera de ver el servicio cambia la perspectiva. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia y una comunidad que busca tener mejores oportunidades.
“Creemos que cada persona es un hijo amado de Dios”, afirmó la presidenta Johnson.
Ese conocimiento inspira a los miembros de la Iglesia a ayudar a construir vidas llenas de esperanza y oportunidades.
Trabajar juntos para lograr cambios que permanezcan

La iniciativa reúne a la Iglesia con organizaciones como CARE, Save the Children, Vitamin Angels, iDE y The Hunger Project, entre otras.
Durante una reunión realizada en Salt Lake City, sus representantes hablaron sobre lo que han aprendido trabajando juntos en comunidades de 12 países de África y Asia.
Heather Danton, directora de seguridad alimentaria y nutrición de CARE, comparó esta colaboración con una colmena. Cada organización aporta conocimientos y fortalezas diferentes, explicó, y al unirlas pueden atender necesidades que una sola organización no podría resolver por sí misma.
La colaboración tampoco se limita a las organizaciones. Incluye a familias, comunidades, escuelas y gobiernos, procurando trabajar con las estructuras que ya existen en cada lugar.
Para la Dra. Winifred Mwebesa, de Save the Children, uno de los puntos más importantes es que las propias comunidades sean capaces de tomar decisiones y continuar con los resultados obtenidos.
El objetivo no es que una organización tenga que estar presente para siempre, sino ayudar a las comunidades a desarrollar las herramientas necesarias para seguir adelante por sí mismas. Ese enfoque también permite que los cambios tengan un impacto que pase de una generación a otra.
Algo tan sencillo como una vitamina

Uno de los ejemplos mencionados durante la reunión fue el trabajo relacionado con la nutrición infantil.
Ana Céspedes, directora ejecutiva de Vitamin Angels, explicó que proporcionar micronutrientes esenciales puede tener un impacto importante en la salud de los niños. Una simple dosis de vitamina A puede reducir en un 24 % la mortalidad de niños menores de cinco años.
Sin embargo, para Céspedes, uno de los aspectos más valiosos de la iniciativa no está únicamente en los resultados, sino en la manera en que las organizaciones han aprendido a trabajar juntas bajo valores compartidos.
La colaboración permite combinar conocimientos y recursos para atender diferentes necesidades de una misma comunidad. Y ese principio también puede aplicarse lejos de los grandes proyectos humanitarios. Reed Peterson, director ejecutivo de iDE, invitó a quienes quieren servir a mirar primero a su alrededor.
“¿Qué pasa con tu calle? ¿Qué pasa con tu vecindario? ¿Qué pasa con tu comunidad?”, preguntó.
El servicio no siempre comienza en un lugar lejano. Muchas veces empieza cuando prestamos atención a la persona que tenemos cerca y nos preguntamos qué podemos hacer por ella.
El conocimiento llega a toda la familia

Otro de los enfoques de la iniciativa es fortalecer a las mujeres, especialmente porque en muchas comunidades ellas tienen una responsabilidad directa en el cuidado y bienestar de sus familias.
Jenna Recuber, subdirectora ejecutiva de The Hunger Project, explicó que cuando una mujer recibe nuevos conocimientos, normalmente no los guarda para sí misma.
Un ejemplo se encuentra en Ghana, donde un grupo de aproximadamente 3.500 madres se ha convertido en educador dentro de sus propias comunidades. Algunas han creado grupos de apoyo entre madres para compartir información y ayudarse mutuamente.
También se han formado grupos de comunicación, incluso mediante WhatsApp, donde las mujeres comparten información relacionada con la salud. En algunos casos, estos espacios han permitido que las madres hablen abiertamente sobre sus experiencias después del parto y encuentren apoyo para sus necesidades físicas y emocionales.
Fortalecer a una persona puede terminar fortaleciendo a toda una familia y, con el tiempo, a toda una comunidad.
Servir también transforma a quien sirve

Para la presidenta Johnson, observar de cerca el trabajo de estas organizaciones le ha permitido reconocer características que reflejan el ejemplo de Jesucristo.
Destacó especialmente la humildad de personas que son expertas en sus áreas, pero que están dispuestas a acercarse a las comunidades y preguntar primero:
“¿Qué necesitan? ¿Qué creen que podría ayudarlos?”
Esa actitud es importante porque el servicio cristiano no consiste simplemente en llegar con respuestas. También requiere escuchar, aprender y reconocer las necesidades reales de los demás.
Danton explicó que conversar directamente con las personas permite identificar cambios pequeños en la vida diaria que pueden producir resultados duraderos, especialmente en áreas como la nutrición.
Peterson, por su parte, habló de algo que ha visto en las personas que participan en estos programas: mayor confianza y dignidad. Cuando alguien aprende una habilidad que puede utilizar para ayudar a su comunidad y generar ingresos, ese conocimiento puede convertirse en algo que también enseñará a sus hijos.
Así, el impacto no termina con una persona. Lo que una generación aprende puede convertirse en una oportunidad para la siguiente.
“Miremos a uno”

Al finalizar la reunión, la presidenta Johnson habló sobre una idea sencilla que puede cambiar la manera en que vemos el servicio. Las mujeres quieren que sus hijos estén sanos. Las familias quieren vivir libres de enfermedades y tener oportunidades para salir adelante. Esas necesidades son universales.
Por eso, su invitación no fue únicamente a pensar en los millones de personas que han recibido ayuda mediante esta iniciativa, sino en la persona que cada uno puede ayudar.
“Mi invitación a todos ustedes es que reconozcan al uno”, dijo.
Puede ser una mujer que no sabe leer en nuestra propia comunidad. Un niño que tiene hambre. Una familia que necesita apoyo.
No siempre tenemos que buscar una gran oportunidad para servir. A veces, seguir el ejemplo de Jesucristo significa simplemente reconocer a una persona y decidir hacer algo por ella.
Después de todo, detrás de los 52 millones hay 52 millones de personas. Y para Dios, cada una importa.
Fuente: Church News
