Cuando pensamos en los profetas y apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, probablemente imaginamos discursos, conferencias generales, viajes y años de servicio.
Pero detrás de esas responsabilidades también hay historias bastante inesperadas: escapes curiosos, decisiones difíciles, situaciones de peligro, grandes desafíos financieros e incluso experiencias que parecen sacadas de una película.
Aquí reunimos 10 de ellas, guardando una de las más sorprendentes para el final.
10. Brigham Young llegó a considerar incendiar Salt Lake City

En 1858, Utah se encontraba en medio de un conflicto con el gobierno de Estados Unidos conocido como la Guerra de Utah.
Ante la posibilidad de que las tropas estadounidenses ocuparan Salt Lake City, el presidente Brigham Young contempló una estrategia extrema: era preferible abandonar la ciudad antes que permitir que fuera tomada por el ejército.
La idea se inspiró en lo ocurrido durante la Guerra de Crimea, cuando los rusos destruyeron parte de Sebastopol antes de que las fuerzas enemigas pudieran ocuparla.
Miles de Santos de los Últimos Días comenzaron a trasladarse hacia el sur de Utah. La ciudad quedó prácticamente vacía cuando las tropas llegaron el 26 de junio de 1858.
Sin embargo, el conflicto terminó resolviéndose por la vía diplomática. Una comisión enviada por el presidente James Buchanan llegó con un perdón para los habitantes de Utah y las tropas finalmente no ocuparon Salt Lake City.
Más allá de lo extraño que pueda parecernos hoy, esta historia muestra lo complicada que fue aquella época para los primeros Santos.
La Restauración no ocurrió en un ambiente cómodo; sus primeros miembros tuvieron que tomar decisiones difíciles mientras intentaban preservar su comunidad y su libertad religiosa.
9. Negocios con fotografías del Templo de Salt Lake

En 1911, Gisbert Bossard, un miembro de la Iglesia que había terminado distanciándose de ella, consiguió entrar al Templo de Salt Lake y tomó decenas de fotografías no autorizadas de su interior.
Después, junto con el empresario Max Florence, intentó utilizar las imágenes para obtener dinero.
Florence incluso envió algunas fotografías al presidente Joseph F. Smith y le propuso comprarlas. La respuesta del presidente Smith fue no negociar con quienes estaban intentando beneficiarse de material obtenido de manera indebida.
En lugar de intentar mantener el asunto en secreto, la Iglesia permitió que las fotografías fueran publicadas y posteriormente crear fotografías oficiales y de mejor calidad del templo.
El apóstol James E. Talmage participó en ese proyecto, que terminó dando lugar al libro “The House of the Lord”, publicado en 1912.
A veces, una situación complicada termina abriendo una puerta que nadie había previsto. En este caso, el intento de convertir el templo en un escándalo terminó contribuyendo a que más personas conocieran su propósito y significado.
8. Escapó de prisión con ayuda de un perro

Antes de convertirse en miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, Parley P. Pratt fue encarcelado en Ohio en 1830.
Según el relato de su autobiografía, al día siguiente salió caminando de la prisión después de despedirse del oficial que lo custodiaba. Cuando el hombre se dio cuenta de que Pratt estaba escapando, soltó un perro para perseguirlo.
El animal comenzó a acercarse rápidamente. Pratt entonces tuvo una idea bastante curiosa, se detuvo, señaló hacia adelante y comenzó a gritar como si hubiera algo más allá. El perro siguió corriendo en esa dirección y pasó de largo.
Pratt continuó su camino y consiguió escapar. Según su propio relato, el oficial que lo había custodiado terminó leyendo el Libro de Mormón que Pratt había dejado atrás y posteriormente se convirtió a la Iglesia.
Incluso en situaciones que parecen completamente fuera de nuestro control, podemos seguir actuando con fe, ingenio y determinación.
7. Un hombre llegó a proclamarse líder en Hawái

En la década de 1860, Walter Murray Gibson llegó a ejercer una enorme influencia entre los Santos de los Últimos Días de Hawái después de que los misioneros que se encontraban allí regresaran a Utah debido a las tensiones de la Guerra de Utah.
Gibson se presentó como líder de la Iglesia y llegó a vender cargos del sacerdocio y utilizar recursos de la Iglesia para sus propios intereses.
Cuando Brigham Young recibió informes sobre lo que estaba ocurriendo, envió a los apóstoles Ezra T. Benson y Lorenzo Snow para investigar la situación. También los acompañaron antiguos misioneros, entre ellos un joven Joseph F. Smith, quien años después sería presidente de la Iglesia.
Los apóstoles finalmente determinaron que Gibson había actuado fuera de la autoridad de la Iglesia y fue excomulgado. Joseph F. Smith permaneció posteriormente en Hawái para ayudar a reorganizar las congregaciones y fortalecer nuevamente a los miembros.
Esta historia también deja una enseñanza importante: tener influencia sobre otras personas no es lo mismo que tener autoridad de Dios. En la Iglesia, el servicio y el liderazgo deben estar acompañados de responsabilidad y fidelidad al evangelio de Jesucristo.
6. Dallin H. Oaks enfrentó a un hombre armado

En 1970, Dallin H. Oaks era profesor de Derecho en Chicago y servía en el liderazgo de una estaca. Una noche, mientras esperaba a su esposa, un hombre armado se acercó y le exigió dinero y las llaves de su automóvil.
Oaks consideró enfrentarlo físicamente. Sin embargo, en ese momento relató haber recibido una impresión espiritual: si intentaba quitarle el arma, la situación podía terminar con la muerte del joven.
En lugar de luchar, decidió hablar con él y colocarle una mano en el hombro. Finalmente, el hombre huyó sin llevarse nada.
Oaks posteriormente explicó que aquella experiencia le dejó una profunda impresión sobre el valor de escuchar las impresiones del Espíritu.
La historia no trata de demostrar que siempre debemos reaccionar de una determinada manera ante el peligro, sino de cómo una impresión espiritual puede cambiar nuestra forma de actuar en un momento crítico.
5. La Iglesia cerca de una crisis financiera muy seria

En 1893, Estados Unidos atravesó una grave crisis económica y la Iglesia también sintió sus efectos.
Las donaciones disminuyeron drásticamente y llegó a tener dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. La Primera Presidencia describió la situación como uno de los momentos económicos más difíciles que había enfrentado la Iglesia.
En medio de aquella crisis, el apóstol Heber J. Grant viajó a Nueva York para buscar financiamiento. Según los relatos históricos, consiguió préstamos de varios bancos y logró obtener los recursos necesarios para ayudar a la Iglesia a superar aquel momento.
Pero Grant también pagó un precio personal. Arriesgó gran parte de sus propios recursos y nunca recuperó completamente lo que perdió. Años después, Heber J. Grant se convertiría en el séptimo presidente de la Iglesia.
Su historia demuestra que servir al Señor significa que podemos seguir adelante incluso cuando las circunstancias son realmente difíciles.
4. José Smith fue atacado en la noche y predicando al día siguiente

La noche del 24 de marzo de 1832, José Smith fue sacado de la casa donde se encontraba en Hiram, Ohio, por un grupo de hombres.
Fue golpeado, desnudado y cubierto con alquitrán y plumas. También intentaron hacerle ingerir ácido nítrico, lo que le dañó un diente. Sidney Rigdon, miembro de la Primera Presidencia, también fue atacado aquella noche.
Los amigos de Joseph pasaron varias horas ayudándolo a quitar el alquitrán de su piel. Sin embargo, al día siguiente era domingo y Joseph Smith volvió a predicar.
Según los relatos históricos, algunas de las personas que habían participado en el ataque estaban presentes entre quienes escucharon el sermón. Ese mismo día, Joseph también participó en bautismos.
No significa que Joseph no sintiera dolor ni que la persecución fuera fácil. Significa que no permitió que la oposición determinara si continuaría cumpliendo con aquello que consideraba su responsabilidad ante Dios.
3. Spencer W. Kimball y su cirugía de alto riesgo

Mucho antes de convertirse en presidente de la Iglesia, Spencer W. Kimball enfrentó graves problemas cardíacos.
En 1972, los médicos descubrieron que necesitaba una cirugía compleja. El riesgo era considerable, pero finalmente se decidió realizar el procedimiento.
El 12 de abril de 1972, el cirujano Russell M. Nelson realizó una cirugía a corazón abierto a Kimball. En ese momento, el presidente Nelson todavía no era apóstol.
La operación tuvo éxito y el presidente Kimball vivió otros 13 años. En diciembre de 1973 se convirtió en el duodécimo presidente de la Iglesia y sirvió durante más de una década. Años después, Russell M. Nelson también llegaría a ser presidente de la Iglesia.
Así es como un futuro Presidente de la Iglesia ayudó a salvar la vida de otro futuro Presidente de la Iglesia, muchos años antes de que ninguno de los dos ocupara ese llamamiento.
2. Un futuro apóstol y el primer submarino nuclear

Antes de ser llamado al Quórum de los Doce Apóstoles, Richard G. Scott fue ingeniero nuclear.
Después de regresar de su misión de tiempo completo en Uruguay, fue contratado para trabajar bajo la dirección del almirante Hyman G. Rickover, una de las figuras principales del desarrollo de los reactores nucleares navales de Estados Unidos.
Scott participó en el diseño del reactor del USS Nautilus, el primer submarino del mundo impulsado por energía nuclear.
Su carrera científica fue bastante particular. Llegó a completar estudios avanzados en ingeniería nuclear relacionados con el trabajo que realizaba, aunque por el carácter clasificado del proyecto no recibió un título académico formal en ese momento.
Décadas después, en 1988, fue llamado al Quórum de los Doce Apóstoles.
Y quizá lo más interesante no sea que un apóstol haya trabajado en tecnología nuclear, sino cómo él mismo veía ambas partes de su vida. Para Richard G. Scott, la ciencia y la fe no eran enemigas; podían llevarlo a apreciar todavía más la creación y el poder de Dios.
1. El relato de Ella Jensen y Lorenzo Snow

En marzo de 1891, Ella Jensen, una joven de 19 años de Brigham City, Utah, enfermó gravemente de escarlatina. Según los registros históricos, murió después de varios días de enfermedad.
Su familia llamó a, quien en ese momento era miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Snow llegó acompañado de Rudger Clawson y, según el relato publicado posteriormente en “Improvement Era”, encontraron que Ella llevaba varias horas muerta.
Snow pidió que trajeran aceite consagrado. Clawson realizó la unción y Snow selló la bendición mediante la autoridad del sacerdocio.
El relato cuenta que Snow pidió a Ella que regresara porque su obra en la tierra todavía no había terminado. Después de que ellos abandonaron la casa, la familia informó que Ella volvió a respirar.
La historia fue publicada décadas después, en 1929, y también fue incluida posteriormente en materiales históricos de la Iglesia sobre Lorenzo Snow. Ella vivió muchos años más, se casó y tuvo ocho hijos. Murió a los 86 años.
Para los Santos de los Últimos Días, este relato también resulta significativo por una bendición patriarcal que Lorenzo Snow había recibido anteriormente de Joseph Smith, padre, en la que se le prometía que, si fuera necesario, los muertos podrían levantarse ante su llamado.
EStas historias nos dejan ver que detrás de los títulos de “profeta” y “apóstol” había personas que también tuvieron que enfrentar miedo, oposición, enfermedades, responsabilidades enormes y decisiones que exigían fe.
Y eso puede ser una de las partes más interesantes, los profetas y apóstoles no vivieron vidas sin problemas; aprendieron a seguir a Jesucristo en medio de ellos.
Fuente: maisfe.org
