Semanas después de que varios incendios forestales destruyeran cientos de viviendas en Spokane, Washington, dos Apóstoles de la Iglesia de Jesucristo viajaron hasta la zona para acompañar a las familias afectadas y recordarles que Dios conoce a Sus hijos y no los abandona.
El presidente Dieter F. Uchtdorf, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, y el élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, estuvieron en Spokane el domingo 23 de agosto de 2026.
Durante su visita participaron en una reunión sacramental especial con miembros de varias estacas de la zona. Alrededor de 1,300 Santos de los Últimos Días se reunieron en un centro de reuniones y otros miembros siguieron la transmisión desde distintos edificios de la Iglesia.
Después de la reunión, ambos apóstoles también recorrieron algunos de los vecindarios afectados y visitaron a familias que habían perdido sus hogares.
Su visita también se documentó en un video que reúne algunos de los momentos de esta visita. En el material se pueden escuchar las experiencias de las familias afectadas por los incendios, así como las conversaciones que el presidente Uchtdorf y el élder Andersen sostuvieron con ellas durante su recorrido por las zonas afectadas.
También se muestran momentos relacionados con la ayuda que miembros de la Iglesia y otras personas brindaron después de los incendios. El contenido está disponible en español mediante las opciones de idioma de YouTube. Para escucharlo en español, haz clic en el ícono de configuración, selecciona “Pista de audio” y elige “Español”.
Lo que dejaron los incendios

El 1 de agosto, tres incendios forestales avanzaron por el norte de Spokane. Las llamas consumieron aproximadamente 10,000 acres, provocaron la evacuación de unas 67,000 personas y destruyeron o dañaron alrededor de 900 viviendas y otras estructuras.
Más de la mitad de los miembros de la Estaca Spokane Washington Norte tuvieron que abandonar sus hogares durante las evacuaciones. De las aproximadamente 600 viviendas principales destruidas, 27 pertenecían a familias Santos de los Últimos Días y otras 12 sufrieron diferentes niveles de daños.

Ante esta situación, el presidente Uchtdorf expresó que él y otros líderes de la Iglesia habían querido estar allí personalmente para acompañar a quienes estaban atravesando la recuperación.
“Cuando escuchamos de su sufrimiento, sus pérdidas, su dolor y sus incertidumbres, nuestros corazones se acercaron a ustedes”, expresó.
El élder Andersen también reconoció el dolor de las familias que habían perdido sus pertenencias, pero destacó que las vidas fueron preservadas.
“Nos lamentamos con ustedes por lo que han perdido, especialmente sus posesiones personales. Pero nos regocijamos porque se salvaron vidas. Eso es un milagro”, enseñó.
“Dios conoce y ama a Su pueblo”

Uno de los mensajes centrales de la reunión fue que la ayuda no debía limitarse a los miembros de la Iglesia. Tanto el presidente Uchtdorf como el élder Andersen destacaron las muestras de solidaridad que surgieron entre los habitantes de Spokane, independientemente de sus creencias religiosas.
El presidente Uchtdorf relacionó estas acciones con los dos grandes mandamientos enseñados por Jesucristo: amar a Dios y amar al prójimo.
“Independientemente de quiénes sean, qué idioma hablen, cómo se vean, o si los conocemos o no”, explicó, todos somos hermanos y hermanas.
Ese es el profundo significado del evangelio de Jesucristo.
El élder Andersen compartió una idea similar al hablar sobre las personas que ayudaron a sus vecinos mientras ellas mismas enfrentaban las consecuencias de los incendios. Para ilustrarlo, recordó la parábola del buen samaritano y la enseñanza de servir a los demás sin hacer distinciones.
Para el presidente Ronald D. Hardy, presidente de la Estaca Spokane Washington Norte, la presencia de dos Apóstoles tenía un mensaje sencillo pero significativo: Dios sabe lo que está ocurriendo con Su pueblo y lo ama.
Lo que el fuego no pudo destruir

Durante su mensaje, el presidente Uchtdorf habló que los convenios que los miembros habían hecho con el Señor.
Recordó una experiencia de su esposa, la hermana Harriet Uchtdorf, quien durante su infancia en Alemania, después de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, subía las escaleras para comprobar si su hogar todavía estaba en pie.
Según explicó, ella solía decirle a su madre:
“Todavía está allí”.
El presidente Uchtdorf relacionó aquella experiencia con las circunstancias que estaban viviendo los miembros de Spokane. Aunque una vivienda pueda desaparecer, los convenios hechos con el Señor permanecen.

También comparó la reunión sacramental con la última cena de Jesucristo con Sus apóstoles. Antes de dirigirse a Getsemaní y enfrentar el sufrimiento que tendría por delante, el Salvador se reunió con ellos, partió el pan y cantó con ellos.
“Al reunirnos, esto puede darnos fortaleza”, enseñó.
Para los Santos de los Últimos Días, participar de la Santa Cena es una oportunidad semanal para recordar a Jesucristo, renovar los convenios y buscar Su fortaleza.
En una situación marcada por pérdidas materiales, hay cosas que pueden perderse en un incendio, pero la relación con Dios y los convenios con Él pueden seguir siendo una fuente de fortaleza.
“La Iglesia no los olvidará”

El presidente Uchtdorf también recordó un mensaje que compartió durante una conferencia general en 2011, “No olvidemos” al Señor, pero también tengamos la certeza de que Él no nos olvidará.
Con esa idea, invitó a los miembros a continuar cuidando de sus vecinos incluso después de que la emergencia inicial terminara.
La recuperación, explicó, no sería inmediata. Por eso, el apoyo debía continuar durante los meses y años que podrían tomar reconstruir sus hogares y sus vidas.
El élder Andersen hizo una promesa similar durante la reunión:
“Les prometo que la Iglesia no los olvidará, que la Iglesia estará con ustedes mientras encuentran su camino y son fortalecidos”.
La ayuda llegó antes que las palabras

Los líderes locales también compartieron cómo los miembros comenzaron a organizarse desde las primeras horas de los incendios.
El presidente Hardy explicó que los líderes de barrio empezaron a comunicarse con los miembros casi inmediatamente. En menos de 24 horas, los nueve obispos de la estaca ya tenían información sobre la situación de sus miembros.
Pero la ayuda no quedó limitada a los Santos de los Últimos Días.

Un centro de reuniones fue convertido en un centro de donaciones y recibió a personas que nunca antes habían entrado a un edificio de la Iglesia. Entre ellas estuvo una madre con su hija que acababan de perderlo todo.
Los miembros las ayudaron a encontrar los suministros que necesitaban y llevaron agua hasta su automóvil.
Este tipo de experiencias llevaron a los líderes locales a recordar que ministrar no siempre requiere grandes acciones; muchas veces comienza con una llamada, una conversación, una oración o simplemente estar presente.
“Hay esperanza” incluso después del fuego

Entre quienes compartieron su experiencia estuvo Brielle Schaber, una joven de la Estaca Spokane Washington Norte cuyo vecindario fue afectado por los incendios.
Para ella, una de las imágenes más significativas apareció en medio de la destrucción: pequeñas plantas y zonas de pasto comenzaron a crecer nuevamente entre el terreno quemado.
“Hay esperanza mediante Jesucristo”, dijo. “Es como la esperanza que vemos en el pasto verde y las plantas que ya están creciendo entre la tierra quemada”.
La imagen también estuvo presente durante la visita de los Apóstoles a los vecindarios afectados.

El presidente Uchtdorf explicó que, en ocasiones, las personas pueden reconocer la presencia de “ángeles” precisamente en medio del sufrimiento, a través de quienes aparecen para ayudar y acompañar.
Después de perder su casa, algunas familias dijeron haber experimentado que vecinos, amigos, miembros de la Iglesia y personas que ni siquiera conocían se acercaron para ayudar.
“Nuestro Padre Celestial no nos ha prometido que no habrá dolor, incendios, accidentes, enfermedades. Pero lo que Él promete es que estará allí. Caminará con nosotros durante la enfermedad, la pérdida, el dolor y el sufrimiento”, enseñó.
Y, haciendo referencia al pasto que comenzaba a crecer nuevamente entre las zonas afectadas por el fuego, dejó que así como la tierra puede volver a producir vida, las personas también pueden encontrar nuevo crecimiento y fortaleza después de atravesar una experiencia difícil.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
