Un reciente reel publicado por Olivia Dunson en su cuenta de Instagram ha llamado la atención por la sinceridad con la que explica una decisión que tomó por sorpresa a muchos de sus seguidores: después de haberse alejado de la Iglesia de Jesucristo a los 18 años, decidió volver.
Pero hay algo que Olivia quiso dejar especialmente claro. Para ella, su regreso a la Iglesia no fue por obligación, presión o falta de alternativas, sino porque lo quiso hacer por voluntad propia.
Y, sobre todo, porque descubrió que el problema nunca había sido su fe.
«¿Por qué volverías después de haber escapado?»

Olivia cuenta que recientemente muchas personas le han hecho esa pregunta: ¿Por qué volverías después de haber esacado de esa Iglesia? Esto debido a que algunos se sorprendieron al verla regresar luego de que se haya alejado de la Iglesia.
«¿Dejaste la Iglesia, escapaste de la Iglesia mormona, y por qué volverías?», recordó Olivia mientras explicaba la razón de su retorno a la Iglesia.
Su respuesta fue directa:
«Tal vez, solo tal vez, la razón por la que me alejé y luego volví fue porque yo quería».
Con esa frase, Olivia quiso cuestionar una idea que, según explica, a menudo se da por sentada: que todas las personas que se alejan de una religión lo hacen necesariamente porque la religión les hizo daño. Si bien esto sucede, la experiencia de Olivia fue diferente.
Ella explica que su alejamiento de la fe no tuvo que ver con una pérdida de creencias ni con un rechazo al evangelio. Durante aquella etapa, ella atravesaba problemas de salud mental, tomaba decisiones que hoy reconoce que no le ayudaban, enfrentaba una adicción, tenía dificultades en la universidad y experimentaba un cambio en sus prioridades.
También reconoce que la inmadurez influyó en esa etapa de su vida.
«No fue una decisión que pensé detenidamente y con la que me sintiera bien», explica. «En ningún momento pensé que fuera una buena idea».
El problema nunca fue la fe

Para Olivia, es importante que las personas comprendan que alejarse de la Iglesia no siempre significa que alguien haya dejado de creer en Dios o que haya concluido que la fe era el origen de sus dificultades. Las historias y circunstancias de cada persona son diferentes.
En su caso, afirma que su vida empeoró considerablemente durante el tiempo en que dejó de practicar su fe como lo hace ahora.
«No fue un escape para mí. Mi vida era exponencialmente peor cuando no estaba practicando mi fe en la medida en que lo hago ahora».
Por eso decidió regresar. Y cuando explica las razones, habla de aquello que ama y de lo que encontró nuevamente al regresar.
«Amo esto», dice. «Es genuinamente sanador».
Después añade:
«Amo a Jesucristo, amo el evangelio restaurado, amo a mi comunidad, amo el Libro de Mormón y amo cómo me hace sentir».
Su conclusión es todavía más personal:
«Me salvó la vida. ¿Por qué no querría volver a tenerlo?»
Olivia insiste en que, desde su perspectiva, el problema nunca fue la fe. Su dificultad era que ella estaba atravesando una etapa en la que se estaba haciendo daño a sí misma y tomando decisiones que la alejaron de la vida que realmente quería vivir.
«No fue que la fe me hiciera daño. Era yo haciéndome daño a mí misma».
Alejarse no significa que todo esté perdido

La experiencia de Olivia puede resonar especialmente con muchas personas que se alejaron de la Iglesia durante la juventud.
Los 18 años suelen ser una etapa de enormes cambios. Llegan nuevas responsabilidades, estudios, trabajo, amistades y decisiones. Para muchos jóvenes, también es el momento en que comienzan a cuestionarse quiénes son, qué quieren hacer con su vida y qué lugar ocupará la fe en sus propias decisiones.
Algunos continúan firmes en la Iglesia mientras que otros se distancian durante un tiempo. Y las razones detrás del alejamiento pueden ser muy diferentes entre una persona y otra.
Las preguntas sin respuestas, heridas, conflictos personales, experiencias dolorosas, presiones sociales, nuevas prioridades o problemas familiares pueden ser causas comunes por las que muchos dejan la Iglesia. No necesariamente todos dejan la Iglesia por falta de fe.
Por eso, una de las reflexiones más importantes que deja la historia de Olivia es que cada persona tiene su historia y no debemos juzgar a nadie simplemente porque se ha alejado de la fe.
Siempre podemos volver a elegir

El evangelio de Jesucristo nos enseña que la vida está llena de oportunidades para volver, cambiar y comenzar de nuevo. Sin embargo eso no significa que todas las dificultades desaparezcan de inmediato.
Olivia tampoco menciona que su regreso a la Iglesia haya resuelto mágicamente todos sus problemas. En cambio, ella reconoce que, al volver a vivir su fe de forma activa, encontró algo que necesitaba. Y volvió a la Iglesia porque, después de experimentar una etapa diferente de su vida, comprendió que la fe seguía teniendo un lugar importante en su vida.
Es probable que así como Olivia todos pasemos por un momento de crisis en la fe y, para algunos, quizá haya heridas profundas que necesiten sanar. Sin embargo, siempre podemos preguntarnos qué queremos hacer hoy. Olivia nos recuerda precisamente que volver a la Iglesia siempre es posible y no tiene por qué ser motivo de vergüenza.
Y si hoy estás lejos de la Iglesia o te alejaste durante tu juventud como Olivia, debes saber que tu historia con Dios no ha terminado. Todavía puedes elegir, buscar, sanar en Dios y si en algún momento decides regresar, puedes hacerlo porque, Dios siempre te recibirá con Sus brazos abiertos.
