Elias Olivetto había conseguido muchas de las cosas por las que había trabajado durante años.

Era boxeador y su carrera iba en ascenso. Había sido campeón bonaerense, nacional, regional, provincial, AMBAPA y Río Platense. Además, permanecía invicto y había tenido la oportunidad de representar a Argentina y a su ciudad, Olavarría, en diferentes competencias.

Tenía un buen trabajo y sentía que su futuro estaba encaminado. A simple vista, parecía tener todo lo necesario para sentirse satisfecho con su vida, pero algo no estaba bien.

Cuando conseguirlo todo no era suficiente

Imagen: Instagram de Elías Olivietto @elias09olivetto.

Antes de servir en una misión, Olivetto llevaba una vida muy relacionada con el boxeo y el trabajo. También había pasado mucho tiempo de noche y se había relacionado con personas y ambientes que lo llevaron por caminos que, con el tiempo, reconoció que no eran buenos para él.

Aunque continuaba teniendo éxito en lo que hacía, comenzó a darse cuenta de que ese éxito no solucionaba lo que llevaba dentro. Después de alcanzar varios de sus objetivos, atravesó un periodo de depresión que lo llevó a hacerse una pregunta importante: 

¿Qué era aquello que todavía le faltaba?

Fue entonces cuando comenzaron a regresar a su mente recuerdos de su infancia. Recordó especialmente a su mamá y los esfuerzos que había hecho para que él y sus hermanos crecieran siendo buenos hijos y pudieran conocer el camino del Evangelio.

Esos recuerdos despertaron en él nuevamente un deseo que había tenido tiempo atrás, servir en una misión.

Olivetto había estado inactivo durante gran parte de su vida y nunca había considerado seriamente salir a una misión. Ya había comenzado a trabajar y pensaba en construir su futuro de otra manera. Pero ahora veía las cosas diferente.

Dejó una carrera que parecía tener futuro

Imagen: Instagram de Elías Olivietto @elias09olivetto.

Tomar la decisión no fue simplemente cambiar de planes. Olivetto decidió dejar sus trabajos, sus oficios y su carrera como boxeador. Renunció a aquello por lo que había trabajado durante años para prepararse para servir al Señor.

Meses después, a los 23 años, llegó al Centro de Capacitación Misional (CCM), llevando en el pecho una placa con el apellido de su familia.

El 23 de noviembre de 2025 fue apartado como misionero.

Para alguien que había dedicado tantos años al deporte y que tenía una carrera que continuaba creciendo, comenzar nuevamente desde cero representó un cambio importante. 

Pero para Olivetto, la misión respondía a una necesidad que no había podido resolver con sus propios logros. Había descubierto que algunas cosas que buscamos alcanzar no necesariamente son las que terminan llenando nuestra vida.

La parte más difícil no estaba en el CCM

Imagen: Instagram de Elías Olivietto @elias09olivetto.

Durante su misión, uno de los mayores desafíos no está relacionado con aprender el trabajo misional, sino con pensar en su familia.

Le preocupaba saber que en casa podían estar atravesando dificultades económicas y de salud. La falta de trabajo y los problemas de algunos de sus familiares eran situaciones que no podía resolver desde la misión.

En ocasiones, esa preocupación hizo que continuar adelante fuera difícil. Sin embargo, también fue durante ese tiempo cuando comenzó a experimentar el cambio que había estado buscando.

A medida que sirve, Olivetto sintió que aquella parte de su vida que durante tanto tiempo había permanecido incompleta comenzaba a llenarse. Aprendió más sobre sí mismo y, especialmente, sobre Dios.

Su pasado también podía servir para ayudar a otros

Imagen: Instagram de Elías Olivietto @elias09olivetto.

Olivetto no tuvo que borrar su pasado para convertirse en un mejor discípulo de Jesucristo. Con el tiempo entendió que muchas de las experiencias difíciles que había vivido también podían ayudarlo a comprender a otras personas.

“Incluso siendo tan imperfecto, Dios hace una obra perfecta con nosotros si se lo permitimos”, explicó.

Durante su misión, pudo ver a personas acercarse nuevamente a Dios, encontrar un camino diferente y descubrir una paz que, según él, no había podido encontrar en otras cosas. 

Otro motivo que lo ayudó a continuar fue su deseo de ser un ejemplo para su hermana. Su familia había pasado un tiempo inactiva y, cuando él y sus hermanos crecieron, no siempre tuvieron a alguien que les mostrara cómo seguir el camino del Evangelio.

Por eso, aunque muchas veces no sabía exactamente cómo hacerlo, Olivetto decidió intentarlo. Ser un ejemplo para su hermana se convirtió en una razón para seguir adelante incluso en los momentos difíciles.

Para él, simplemente significaba intentar vivir de una manera que pudiera ayudar a su hermana a acercarse a Dios.

“Dios escribe una historia perfecta”

Imagen: Instagram de Elías Olivietto @elias09olivetto.

La experiencia de Olivetto lo llevó a una conclusión sencilla sobre su relación con Dios.

Después de haber pasado por diferentes etapas, entendió que no necesitaba tener una vida perfecta para permitir que Dios trabajara en ella. Él lo explicó de una manera particular:

“Si permitimos que Dios guíe nuestra vida y confiamos en Él, Él se encarga de escribir una historia perfecta con estos lápices tan imperfectos y flacuchos que somos nosotros”.

Olivetto había aprendido a pelear dentro de un ring. Pero durante su misión aprendió a confiar en Dios, enfrentar sus propias dificultades y ayudar a otras personas a encontrar el camino hacia Él.

No tuvo que convertirse en alguien perfecto para que Dios pudiera hacer algo con su vida. Solo tuvo que estar dispuesto a dejarse guiar.

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