A veces una relación comienza con mucha ilusión. Alguien especial aparece, las conversaciones fluyen, empiezan las citas y poco a poco viene esa pregunta sobre el amor que todos alguna vez se han hecho: ¿será esta la persona indicada?

Pero por otro lado también puede suceder lo contrario. Lo que parecía prometedor comienza a complicarse con pequeñas diferencias, dudas, decepciones o situaciones que terminan por hacer que una relación que comenzó con mucha esperanza llegue a su fin.

Y cuando eso ocurre, no siempre es fácil saber qué hacer después. ¿Debería volver a intentarlo o esperar? ¿Cómo saber si estoy tomando una buena decisión? ¿Y qué pasa cuando siento que Dios no me está dando una respuesta clara?

Aunque existen muchos consejos sobre citas y relaciones, hay una fuente muy sabia que Dios nos ha dado y que no solemos consultar con frecuencia cuando se trata de noviazgo, y es: el Libro de Mormón.

Más que decirnos exactamente con quién debemos casarnos o qué hacer en cada cita, el Libro de Mormón ofrece principios que pueden ayudarnos a enfrentar las decepciones amorosas y confiar en Dios mientras descubrimos qué viene después. Estos son tres de ellos.

1. Éter 3:4: Entrega tus “piedras” al Señor

El hermano de Jared ve el dedo de Dios. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

¿Sabías que la historia del hermano de Jared esconde uno de los mejores consejos para el noviazgo? Quizá ni siquiera lo pensaste. Sin embargo, uno de sus momentos más conocidos contiene una enseñanza muy interesante sobre cómo tomar decisiones cuando no conocemos el resultado.

Recordemos un poco la historia. Cuando el hermano de Jared y su pueblo se preparaban para atravesar el océano, construyeron barcos siguiendo las instrucciones del Señor, pero había un problema: las embarcaciones eran tan cerradas que no tenían luz.

Para atender esa necesidad, el hermano de Jared tuvo que pensar qué podía hacer. Entonces preparó pequeñas piedras y le pidió al Señor que las tocara para que pudieran iluminar los barcos. Él dijo:

«Sé, oh Señor, que tú tienes todo poder, y que puedes hacer cuanto quieras para el beneficio del hombre. Por tanto, toca estas piedras con tu dedo, oh Señor, y disponlas para que brillen en la obscuridad».

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Tenemos que tomar decisiones por nosotros mismos para que el noviazgo se desarrolle de la mejor forma. Imagen: masfe.org

El Señor entonces tocó las piedras y estas comenzaron a iluminarse. Y ahora seguramente te preguntarás: bueno, pero ¿qué tiene que ver esto con el noviazgo?

Pues a veces esperamos que Dios nos diga exactamente qué hacer, con quién salir, cuándo terminar una relación, cuándo avanzar o incluso quién será nuestra futura pareja. Pero Dios también nos ha dado el albedrío, lo que significa que tenemos que tomar decisiones por nosotros mismos para que el noviazgo se desarrolle de la mejor forma.

El hermano de Jared tomó una decisión, llevó su propuesta al Señor y permitió que Él transformara aquello que había preparado en algo que pudiera dar luz. Algo parecido puede suceder con nuestras experiencias en el noviazgo.

Imagen: masfe.org

Podemos presentar nuestros esfuerzos, nuestras decisiones, nuestras relaciones e incluso nuestras decepciones al Señor. Tal vez no sepamos exactamente qué sucederá, pero podemos confiar en que Él puede ayudarnos a encontrar luz en el camino.

Amy Tanner, profesora de la Universidad Brigham Young, lo explicó de una manera muy especial al hablar de las “piedras” que ofrecemos al Señor:

“Si tomamos nuestra decisión y la ofrecemos al Señor, Él puede convertir todas nuestras piedras en luz”.

No todo saldrá como esperábamos incluso en una relación amorosa, pero eso no significa que Dios no pueda darnos guía. Sigue ofreciendo tus piedras al Señor, haz tu parte, toma decisiones y confía en que Él puede iluminar tu camino.

2. Alma 26:1: Todavía no sabes todo lo bueno que puede venir

Ammón y sus hermanos. Imagen: Captura de pantalla de YouTube (Videos del Libro de Mormón)

Una ruptura puede cambiar rápidamente nuestra manera de ver el futuro. Después de una relación que no funcionó, es fácil pensar:

“Tal vez nunca encontraré a alguien”, “el amor no es para mí” o “nada va a salir bien”.

En esos casos debes saber que está bien sentir tristeza o decepción es normal siempre y cuando no permitas que ese momento te convenza de que «no tienes esperanza». El Libro de Mormón tiene un buen ejemplo de esto en la experiencia de Ammón y sus hermanos.

Ellos salieron a enseñar el evangelio entre los lamanitas y seguramente tenían ciertas expectativas sobre lo que encontrarían. Sin embargo, su misión estuvo llena de dificultades y situaciones que nunca imaginaron. Cuando finalmente se reunieron después de todo lo que habían sufrido, Ammón expresó su asombro:

“Tenemos para regocijarnos, porque, ¿pudimos habernos imaginado, cuando salimos de la tierra de Zarahemla, que Dios nos concedería tan grandes bendiciones?”

No conviertas la decepción amorosa de hoy en una sentencia sobre tu futuro. Imagen: Canva

La frase “¿pudimos habernos imaginado?” resulta especialmente poderosa porque muchas veces damos por sentado que cierta relación funcionará, que esa persona será nuestra pareja o que las cosas deberían suceder en un determinado momento. Y cuando no ocurre así, sentimos que todo se arruinó.

Pero Ammón nos recuerda que no siempre podemos imaginar las bendiciones que todavía no han llegado. El presidente Russell M. Nelson enseñó en una ocasión a los jóvenes adultos:

“Su futuro será algo mucho más apasionante que cualquier cosa que puedan creer ahora”.

Eso también puede cambiar nuestra perspectiva cuando atravesamos una decepción sentimental. Tal vez esa relación que terminó no es el final del amor para ti. Tal vez todavía hay experiencias, personas, aprendizajes e historias de amor que aguardan por ti.

Por eso, cuando una cita salga mal o una relación termine, permítete sentir lo que necesitas sentir, pero no conviertas una decepción de hoy en una sentencia sobre tu futuro. Todavía no sabes todo el bien que está por venir.

3. Alma 37:40: Vive un día o una cita a la vez

Arte: Lehi and the Liahona, por Joseph Brickey

Uno de los problemas del noviazgo aparece cuando queremos conocer el final antes de haber vivido el principio. Conocemos a alguien y rápidamente queremos saber: ¿funcionará? ¿Nos casaremos? ¿Esta es la persona correcta? ¿Qué pasará en el futuro?

Estamos tan ansiosos que queremos el mapa completo, pero Alma 37:40 nos narra una historia que puede ayudarnos a pensar de otra manera. Alma estaba enseñando a su hijo Helamán y le recordó cómo funcionaba la Liahona, el instrumento que ayudó a la familia de Lehi a encontrar el camino en el desierto.

El Libro de Mormón explica ese instrumento funcionaba de acuerdo con la fe que tenían en Dios y que la familia recibió dirección y milagros “día tras día”. La Liahona les dio poco a poco la dirección que necesitaban para avanzar en su viaje y quizá nosotros necesitemos hacer algo parecido en el noviazgo.

Si sigues la guía de Dios y eres paciente con Sus tiempos, todo será para tu bien. Imagen: Canva

¡Qué fácil sería si Dios nos revelara el futuro de una relación antes de decidir si damos el siguiente paso! Pero en realidad Dios no obra de esa forma sino más bien nos da:

“línea sobre línea, precepto tras precepto; un poco aquí, y otro poco allí” (Doctrina y Convenios 128:21).

Es por eso que en lugar de preguntarte constantemente cómo terminará tu relación, mejor pregúntate: ¿qué necesito aprender hoy ¿Estoy tratando a esta persona con respeto y honestidad? ¿Estoy tomando decisiones que están de acuerdo con mis valores y mi fe?

No dejes que la ansiedad autosabotee tu relación. Permítete disfrutar cada momento y consulta con el Señor constantemente. Si sigues su guía y eres paciente con Sus tiempos, todo será para tu bien.

Dios también puede hablarte sobre el amor a través de las Escrituras

Una relación sana solo es posible si sigues los consejos de Dios. Imagen: masfe.org

Estos tres pasajes del Libro de Mormón no ofrecen una fórmula para encontrar pareja pero sí nos aportan principios para caminar con Dios mientras buscamos respuestas.

El hermano de Jared nos enseña a tomar decisiones y entregar nuestros esfuerzos al Señor. Ammón nos recuerda que no podemos saber todo lo bueno que todavía puede suceder. Y la Liahona nos enseña a avanzar con la luz suficiente para el día que tenemos delante.

¿Habías visto estos pasajes desde esa perspectiva antes? Esa es la magia que ocurre cuando aplicas las Escrituras a tus circunstancias. Quizá ellas no brinden respuestas de “sí” o “no” siempre, pero sí nos llevarán a la fuente divina y en la que siempre podremos confiar: Dios.

Como enseñó la hermana Tamara W. Runia:

“Doy testimonio de que esto, todo esto, va a resultar mucho mejor de lo que podríamos imaginar. Con el ojo de la fe puesto en Jesucristo, ruego que veamos que al final todo estará bien y que sintamos que estará bien ahora”.

Eso es lo que debemos recordar cuando el noviazgo no sale como esperábamos. No tienes que conocer toda la historia para confiar en el Autor de ella. Solo haz tu parte, ora y ama con sabiduría. Cuando tengas dudas en tu noviazgo, sigue caminando con la luz de Dios.

Fuente: maisfe.org

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