Nota del editor: Las historias y experiencias presentadas en este artículo fueron publicadas originalmente por Anne Hinton Pratt para Meridian Magazine
Hay experiencias espirituales que resultan difíciles de explicar, pero que quienes las viven describen como momentos en los que recibieron exactamente la ayuda que necesitaban. En algunos casos, esa ayuda llegó a través de personas del otro lado del velo, quienes transmitieron información específica, dieron dirección o ayudaron a alguien a ver una situación desde una perspectiva completamente diferente.
Esta es una recopilación de experiencias que reúne varias de estas historias, cada una con circunstancias distintas, pero con un elemento en común: personas que recibieron conocimientos que terminaron cambiando algo importante en sus vidas.
“Mis antepasados vienen a mí por la noche”

Una de las historias comienza con una conversación entre la autora Anne Hinton y una amiga, a quien identifica como Jan. Durante aquella conversación, Jan le contó que había tenido una experiencia extraordinaria en la que un tatarabuelo suyo se le había aparecido en sueños y le indicó que debía trabajar en una determinada línea familiar.
Según el relato, el antepasado le explicó a Jan que su prima Jenny ya había encontrado los nombres de esa familia, pero que el trabajo del templo todavía no se estaba realizando. Jan decidió seguir aquella indicación dde su sueño y se puso en contacto con Jenny.
Cuando fue a visitar a Jenny, descubrió que ella ya tenía cientos de tarjetas con nombres familiares impresas, aunque todavía no había terminado el trabajo, y además había reservado cientos de nombres adicionales para que nadie más realizara esas ordenanzas.

Entonces Jan quiso saber cómo había logrado encontrar tantos nombres. La respuesta de Jenny fue:
“La mayoría de la gente investiga hasta encontrar un nombre, pero por alguna razón, mis antepasados vienen a mí por la noche y me dicen dónde están sus nombres. Voy a buscar donde me dicen, y allí están”.
La información que Jan había recibido resultó ser correcta y, con la ayuda de Jenny, el trabajo pudo completarse. Para ambas, aquella experiencia se convirtió en un ejemplo de cómo la información relacionada con la obra de historia familiar y del templo puede llegar de maneras inesperadas.
Una respuesta a una oración durante una misión

Otra experiencia ocurrió durante una misión en Brasil, cuando el élder Meléndez servía como presidente de rama de la Rama Posse Goiás.
Una noche de domingo, después de una conversación que lo había dejado preocupado, sintió que necesitaba desesperadamente orientación para saber cómo ayudar a una miembro de la Iglesia que había dejado de asistir durante mucho tiempo debido a experiencias difíciles que había vivido.
Al regresar a casa, se arrodilló para orar y pidió al Señor que le mostrara qué debía hacer y dónde podía encontrar la respuesta que necesitaba. Revisó los manuales de la Iglesia en varias ocasiones, pero no consiguió encontrar lo que estaba buscando. Así que finalmente, después de volver a orar, se fue a dormir.
Entonces tuvo una experiencia que nunca olvidaría. Mientras dormía, sintió que alguien había ido a buscarlo. La persona vestía completamente de blanco y él la siguió hasta una habitación también blanca, que comenzó a iluminarse cada vez más. No pudo ver el rostro de aquella persona, pero sí observó cómo señalaba hacia la fuente de luz, como invitándolo a acercarse y preguntar.

El élder Meléndez explicó lo que estaba sucediendo y pidió orientación. La luz no respondió con palabras, sino que extendió una mano y señaló los manuales de la Iglesia.
Él explicó que ya los había revisado sin encontrar la respuesta. Entonces la mano tomó un pequeño papel en el que había escrito un número. El élder tomó aquel número y la persona que lo había llevado allí lo acompañó nuevamente hasta regresar.
Cuando despertó, corrió hasta su escritorio. Allí estaban los dos libros que había dejado la noche anterior dentro de su mochila. Recordó el número que había visto en la experiencia y abrió inmediatamente el libro correspondiente.
“Al leer la página, vi que era justo lo que buscaba”, escribió.
La experiencia le había llevado directamente hasta la información que necesitaba para cumplir con su responsabilidad.
Una abuela que ayudó a una joven madre a cambiar su perspectiva

Quizás una de las historias más profundas de esta recopilación es la de Bonnie Heidenreich, una joven madre que llegó a sentirse profundamente frustrada con la vida que estaba llevando.
Bonnie tenía talento, imaginación y proyectos que quería desarrollar, pero gran parte de sus días transcurrían entre lavar platos, limpiar, hacer compras, recoger derrames y lavar ropa. Aquellas tareas comenzaron a hacerla sentir que estaba desperdiciando sus capacidades.
En medio de esa frustración llegó a preguntarse para qué Dios le había dado tanta imaginación si no podía utilizarla como deseaba y si aquella vida, dedicada en gran parte al cuidado de sus hijos y del hogar, realmente era lo que estaba destinada a hacer.
Una noche, alrededor de las 10:30, Bonnie se encontraba en el cuarto de lavado doblando la penúltima tanda de ropa. Estaba profundamente disgustada y, con los ojos cerrados, hizo una silenciosa súplica pidiendo ayuda. Fue entonces cuando, según su relato, sintió la presencia de su abuela Andersen y percibió que quería comunicarse con ella.
Bonnie describió lo que ocurrió como una especie de “comunicación pura”, en la que los pensamientos y las ideas eran transmitidos y comprendidos de manera inmediata. Su abuela comenzó recordándole que hablaba con empatía y autoridad porque ella ya había vivido aquella etapa de la vida. Había tenido diez hijos.

Entonces le mostró, en una imagen fugaz, a sus hijos y las vidas que habían construido.
El mensaje que Bonnie recibió fue que ninguna creación, libro, canción, trabajo o éxito podía compararse con la felicidad que podían traer los hijos bien educados. Las cosas que preocupaban a Bonnie eran temporales, mientras que sus hijos eran eternos.
Después, su abuela le habló de la importancia de ayudar a sus hijos a conocer a Dios para que pudieran regresar a vivir con Él. Bonnie comprendió que ella podía participar en esa obra y que debía comenzar precisamente con sus propios hijos.
La experiencia continuó con imágenes de los hijos de su abuela, de sus nietos y de las personas que habían sido bendecidas por ellos, quienes a su vez habían bendecido a otros. Bonnie pudo visualizar cómo esa influencia se extendía y multiplicaba de generación en generación. Pero el mensaje todavía tenía algo más para ella.

Su abuela le aseguró que, si vivía fielmente y alcanzaba la vida eterna, tendría una eternidad llena de oportunidades para crear cosas que en ese momento ni siquiera podía imaginar. La experiencia terminó y Bonnie se encontró sola en el cuarto de lavado, llorando sobre la ropa limpia.
Según escribió, probablemente todo aquello no había durado más de un minuto, pero fue suficiente para cambiar su perspectiva.
“Le di gracias al Señor por haber escuchado mi oración”, recordó.
Cuando una respuesta cambia la manera de mirar la vida

Aunque cada una de estas historias son diferentes entre sí, en cada caso, el conocimiento divino recibido llegó en circunstancias particulares y tuvo un efecto concreto en la persona que lo recibió.
Para quienes creen en la ministración de los ángeles, estas experiencias también nos recuerdan un pasaje en el Libro de Mormón:
“Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo; por lo que declaran las palabras de Cristo… las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer”.
Más allá de cómo cada persona interprete una experiencia espiritual, estas historias tienen un elemento que las conecta: quienes las vivieron sintieron que recibieron respuestas del otro lado del velo precisamente cuando la necesitaban.
Y en algunos casos, como ocurrió con Bonnie, esas respuesta aparentemente breves fueron suficiente para cambiar por completo la manera de mirar aquello que tenía delante.
Fuente: Meridian Magazine
