¿Por qué no construir un templo nuevo en lugar de invertir tantos recursos en renovar uno que tiene más de 130 años?
Es una pregunta que puede surgir al conocer la magnitud de los trabajos que se realizan actualmente en el Templo de Salt Lake, en Utah. Desde 2019, el templo permanece cerrado mientras especialistas trabajan en una renovación que va mucho más allá de una remodelación convencional.
El objetivo principal es reforzar la estructura para que pueda resistir un terremoto de gran magnitud, pero también preservar un edificio que tiene un significado especial para generaciones de Santos de los Últimos Días.
Y aquí hay algo importante: para los miembros de la Iglesia, un templo no es simplemente un edificio histórico. Es una casa del Señor y un lugar dedicado a la adoración y a los convenios con Dios.
Una construcción que comenzó junto con Salt Lake City

La historia del Templo de Salt Lake comenzó prácticamente al mismo tiempo que la de la ciudad.
El 28 de julio de 1847, apenas cuatro días después de que los primeros pioneros Santos de los Últimos Días llegaran al valle del Gran Lago Salado, Brigham Young señaló el lugar donde se construiría el templo.
La ciudad comenzó a desarrollarse alrededor de ese terreno, que posteriormente se convertiría en Temple Square.
La construcción del templo comenzó en 1853 y terminó 40 años después, en 1893. Durante ese tiempo, generaciones de miembros contribuyeron con dinero, materiales y trabajo para levantar lo que consideraban una casa dedicada al Señor.
Transportar los enormes bloques de granito tampoco fue sencillo. Algunos eran trasladados desde Little Cottonwood Canyon, a unos 32 kilómetros de distancia, mediante carretas tiradas por bueyes. Un solo viaje podía tomar varios días.
A pesar de las dificultades económicas, el clima y las necesidades de las familias, el proyecto continuó durante décadas.
El templo terminó convirtiéndose en el resultado de un esfuerzo colectivo de fe y sacrificio.
¿Por qué necesita una renovación tan compleja?

El Templo de Salt Lake fue construido para durar, pero también se encuentra en una zona con actividad sísmica importante.
En marzo de 2020, un terremoto de magnitud 5,7 afectó la zona de Salt Lake City. El templo sufrió daños menores, entre ellos el desplazamiento de algunas piedras de las torres y la caída de la trompeta de la estatua del ángel Moroni.
Aunque el edificio resistió, el terremoto recordó que una estructura de piedra tan antigua y pesada necesita una protección especial frente a un terremoto de mayor magnitud.
Por eso, la renovación actual busca fortalecer el templo sin reemplazar su estructura histórica. Uno de los elementos principales del proyecto es un sistema de aislamiento sísmico, diseñado para reducir la cantidad de movimiento que un terremoto transmite directamente al edificio.
Para instalarlo, los trabajadores han tenido que excavar alrededor de los cimientos y construir un nuevo sistema de soporte debajo de la estructura existente.
El proyecto incluye 98 aisladores sísmicos, cada uno con un peso aproximado de 8 toneladas. Estos permitirán que el edificio tenga cierto movimiento horizontal durante un terremoto, reduciendo así la fuerza que recibe directamente la estructura.
En otras palabras, no están construyendo un templo nuevo desde cero: están adaptando uno del siglo XIX para que pueda seguir existiendo durante muchas generaciones más.
¿No sería más fácil construir otro templo?

Desde un punto de vista práctico, construir un templo completamente nuevo podría parecer una alternativa más sencilla.
Pero el Templo de Salt Lake no puede separarse fácilmente de su historia.
La construcción comenzó apenas seis años después de la llegada de los pioneros al valle y tomó cuatro décadas. Miles de personas participaron de alguna manera en el proyecto y varias generaciones de Santos de los Últimos Días han considerado este lugar parte importante de su historia de fe.
Además, para los miembros de la Iglesia, el valor del templo no está solamente en sus paredes o en su antigüedad. Es un lugar que consideran sagrado, dedicado a Jesucristo y a los convenios que hacen con Dios.
Por eso, conservarlo significa también preservar una parte de la historia espiritual de quienes participaron en su construcción y de quienes lo han utilizado durante más de un siglo.
¿Y qué pasa con las personas que necesitan ayuda?

Esta es probablemente una de las preguntas más importantes cuando se habla del costo de un proyecto de esta magnitud.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también utiliza recursos para brindar ayuda humanitaria en diferentes partes del mundo.
Según cifras citadas en el material, durante 2025 la Iglesia informó una inversión de aproximadamente 1.580 millones de dólares en ayuda para personas necesitadas. Ese mismo reporte registró más de 3.500 proyectos humanitarios en 196 países y territorios.
Estos esfuerzos incluyen alimentos, agua potable, atención médica, respuesta ante desastres, capacitación y apoyo a comunidades vulnerables.
Por ejemplo, después de los terremotos que afectaron Venezuela en junio de 2026, la Iglesia movilizó alrededor de 5.000 kits de ayuda que se esperaba beneficiaran a más de 23.500 personas.
También se mencionan iniciativas anteriores en Colombia, Ecuador y Venezuela destinadas a apoyar necesidades relacionadas con salud, nutrición y atención a poblaciones vulnerables.
Para la Iglesia, cuidar a las personas y cuidar sus lugares de adoración forman parte de responsabilidades diferentes, pero ambas están relacionadas con su misión de seguir a Jesucristo.
Una historia que va más allá del edificio

El Templo de Salt Lake también representa el esfuerzo de generaciones que tuvieron recursos limitados, pero decidieron contribuir con lo que tenían.
Los primeros Santos de los Últimos Días no contaban con las herramientas ni la tecnología disponibles actualmente. Sin embargo, durante cuatro décadas encontraron maneras de continuar el proyecto.
Curiosamente, la renovación actual utiliza tecnología mucho más avanzada, pero conserva una idea similar: preparar el templo para que continúe sirviendo a las futuras generaciones.
Los pioneros utilizaron las herramientas de su época para construirlo. Hoy, especialistas utilizan tecnología sísmica para protegerlo. En ambos casos existe un mismo propósito: preservar un lugar que los miembros consideran importante para su fe.
Preparar hoy para evitar una pérdida mañana

Una de las razones principales detrás de la renovación es precisamente evitar que un terremoto futuro cause daños irreparables. Esperar a que ocurra un desastre para reconstruir después podría significar perder elementos históricos que ya no podrían recuperarse.
Otros edificios históricos alrededor del mundo han demostrado lo complicado y costoso que puede ser restaurar una estructura después de un terremoto, un incendio u otro desastre.
Por eso, el proyecto del Templo de Salt Lake también puede entenderse desde una lógica de prevención: invertir ahora para proteger algo que se considera valioso antes de que sea demasiado tarde.
Y eso ayuda a explicar por qué el proyecto no se limita a reparar paredes o actualizar instalaciones. Se está trabajando literalmente desde los cimientos para preparar un edificio construido hace más de un siglo para el futuro.
Más que preservar piedra

El Templo de Salt Lake es uno de los edificios más reconocibles de la Iglesia, pero para los Santos de los Últimos Días su importancia va mucho más allá de su apariencia.
Representa el sacrificio de quienes participaron en su construcción, la historia de una comunidad y, sobre todo, la creencia de que los templos son casas del Señor y lugares donde las personas pueden acercarse más a Dios y hacer convenios con Él.
Por eso, la renovación busca conservar tanto su estructura como aquello que representa.
Después de más de 130 años, el templo está siendo preparado para enfrentar los desafíos del futuro. Una construcción que comenzó con pioneros, carretas y décadas de sacrificio ahora incorpora tecnología moderna para seguir cumpliendo su propósito.
Y quizá esa sea una de las partes más interesantes de todo el proyecto: no se trata simplemente de conservar un edificio antiguo, sino de preservar un lugar que generaciones de Santos de los Últimos Días consideran parte de su historia de fe y preparar esa historia para las generaciones que todavía están por llegar.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
