La inteligencia artificial puede resolver problemas complejos, analizar información y responder preguntas sobre casi cualquier tema. Pero hay una pregunta que todavía necesita mayor atención: 

¿Cómo podemos asegurarnos de que también actúe de manera ética?

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, abordó este tema durante el Foro Interreligioso del G20, celebrado el 17 de octubre de 2026 en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos.

En su discurso, propuso una iniciativa que denominó el «Primer Examen de la Humanidad», una evaluación diseñada para analizar el razonamiento moral de los sistemas de inteligencia artificial y promover su desarrollo sobre principios centrados en el ser humano.

«La IA no alcanzará todo su potencial hasta que logremos que sea tan buena moralmente como poderosa», afirmó el élder Gong.

Qué es el Primer Examen de la Humanidad

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, habla sobre inteligencia artificial (IA) en el Foro Interreligioso del G20 de 2026 en Salt Lake City, Utah, el sábado 17 de octubre de 2026. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La propuesta toma como referencia el Último Examen de la Humanidad, una evaluación creada para medir las capacidades de razonamiento de los modelos de inteligencia artificial mediante miles de preguntas de distintas disciplinas.

Sin embargo, el élder Gong considera que medir cuánto sabe una IA no es suficiente. También es necesario evaluar cómo responde ante cuestiones relacionadas con la ética, la fe y los valores humanos.

El objetivo del Primer Examen de la Humanidad sería establecer criterios que permitan identificar si estos sistemas ofrecen respuestas confiables, respetuosas y fundamentadas en principios morales.

Esta evaluación también ayudaría a detectar problemas como los prejuicios religiosos, la información falsa y las respuestas que aparentan seguridad, pero que pueden ser incorrectas o engañosas.

La preocupación no es menor. A medida que la IA adquiere nuevas capacidades, sus errores también pueden tener consecuencias más amplias. Por eso, el desarrollo tecnológico necesita ir acompañado de responsabilidad moral.

Por qué la IA necesita una brújula moral

El élder Gerrit W. Gong del Cuórum de los Doce Apóstoles, al centro izquierda, saluda a los asistentes después de hablar sobre inteligencia artificial en el Foro Interreligioso del G20 2026 en Salt Lake City el sábado, 17 de octubre de 2026. Créditos: Cody Bell. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El élder Gong explicó que existe una brecha creciente entre la capacidad de razonamiento de la IA y su orientación ética. Si los sistemas continúan mejorando sus capacidades sin contar con criterios morales adecuados, corregir sus deficiencias podría volverse cada vez más complicado.

También señaló que los modelos actuales pueden presentar prejuicios religiosos u omitir perspectivas basadas en la fe cuando responden preguntas importantes sobre la vida.

Esto resulta especialmente relevante porque cada vez más personas recurren a la inteligencia artificial para buscar información sobre religión, creencias y espiritualidad.

En ese contexto, el élder Gong destacó que las respuestas deben ser precisas, honestas y respetuosas. Además, los sistemas deben reconocer sus propias limitaciones y saber cuándo no están preparados para responder determinadas preguntas personales.

La tecnología puede ayudarnos a encontrar información, pero no debería sustituir nuestro criterio ni nuestra responsabilidad al tomar decisiones importantes.

6 universidades trabajan en la evaluación de la IA y la fe

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, habla sobre inteligencia artificial (IA) en el Foro Interreligioso del G20 de 2026 en Salt Lake City, Utah, el sábado 17 de octubre de 2026. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Como parte de estos esfuerzos, el élder Gong mencionó el Consorcio para la Evaluación de la Fe y la Ética en la IA (CEFE-AI, por sus siglas en inglés), una colaboración que reúne a líderes religiosos y profesores de seis universidades vinculadas con distintas tradiciones de fe.

Entre las instituciones participantes se encuentran Baylor, la Universidad Brigham Young (BYU), Notre Dame, Pepperdine, la Universidad Aristóteles de Tesalónica y Yeshiva.

Las primeras investigaciones han identificado prejuicios religiosos sistemáticos en las respuestas de algunos modelos de inteligencia artificial.

El élder Gerrit W. Gong del Cuórum de los Doce Apóstoles se da la mano con S.A.A. Bartolomeo I de Constantinopla, patriarca ecuménico de Constantinopla, después de una sesión del Consejo Mundial de Religiones por la Paz en Estambul, República de Türkiye, martes 29 de julio de 2025. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El propósito del consorcio no es convertir a la IA en una herramienta religiosa, promover una creencia específica ni determinar qué religión tiene la razón. Su objetivo es que los sistemas puedan abordar las distintas tradiciones de fe con mayor precisión y respeto.

La iniciativa busca responder una pregunta fundamental: 

¿Cómo podemos desarrollar una inteligencia artificial que sea útil y, al mismo tiempo, contribuya al bien común?

Para el élder Gong, las comunidades religiosas pueden aportar principios éticos importantes a esta conversación y colaborar en la construcción de herramientas que respeten la dignidad humana.

3 oportunidades para que la IA contribuya

El élder Gerrit W. Gong, a la derecha, habla con Su Eminencia el Metropolita Gabriel, George Papanicolaou, de la Iglesia Ortodoxa Griega el lunes, 25 de mayo de 2026, durante la recepción de apertura de la Cumbre de Atenas sobre Ética de la IA en el Hotel Bretagne en Atenas, Grecia. Créditos: Tad Walch. Imagen: Deseret News

Durante su participación en el foro, el élder Gong también identificó tres oportunidades para aprovechar la inteligencia artificial de manera positiva.

La primera consiste en utilizar esta tecnología para ampliar el alcance de las contribuciones de las comunidades religiosas. En el caso de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la IA puede apoyar iniciativas humanitarias y educativas, facilitar las traducciones, mejorar la comunicación y fortalecer el servicio pastoral y comunitario.

La segunda oportunidad es que las distintas tradiciones religiosas participen en la creación de criterios éticos para evaluar los sistemas de inteligencia artificial. Su experiencia puede contribuir a que estos modelos consideren valores como el respeto, la honestidad y la dignidad de cada persona.

La tercera consiste en promover el diálogo con las empresas que desarrollan IA para que incorporen principios que favorezcan el bienestar humano, reconozcan la importancia de la familia y respeten la fe.

Estas propuestas no plantean que la tecnología deba reemplazar las convicciones personales. Más bien, invitan a utilizarla de una manera que fortalezca aquello que contribuye al crecimiento y al bienestar de las personas.

La IA puede ayudar, pero no reemplaza la fe

Élder Gerrit W. Gong del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días durante una visita al Vaticano como parte de la Cumbre de Roma sobre Ética de la IA en Roma, Italia, el martes 21 de octubre de 2025. Créditos: Jeffrey D. Allred. Imagen: Deseret News

El élder Gong también recordó que la inteligencia artificial tiene límites y que no debe confundirse con Dios ni con una fuente de revelación divina.

«Como creación de Dios, el hombre puede crear IA, pero la IA no puede crear a Dios», explicó.

Desde esta perspectiva, aunque la tecnología pueda procesar información y ofrecer respuestas, no posee conciencia espiritual ni reemplaza la relación personal que cada individuo desarrolla con Dios.

Por ello, los líderes de la Iglesia alientan a sus miembros a utilizar la inteligencia artificial para mejorar los esfuerzos humanos, no para sustituirlos.

Los asistentes escuchan al élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hablar sobre inteligencia artificial en el Foro Interreligioso del G20 de 2026 en Salt Lake City, Utah, el sábado 17 de octubre de 2026. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Esto implica aprovechar sus capacidades para aprender, trabajar, comunicarse y servir mejor, sin dejar de lado principios como la fe, el esfuerzo personal y la inspiración.

El élder Gong aclaró que la Iglesia no teme a la inteligencia artificial ni considera que esta tenga todas las respuestas. Su enfoque consiste en reconocer sus posibilidades y, al mismo tiempo, mantener claros los principios que deben orientar su uso.

El futuro de la IA depende de nuestras decisiones

La hermana Susan Gong, esposa del élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, escucha mientras su esposo habla sobre inteligencia artificial en la Cumbre Interreligiosa del G20 de 2026 en Salt Lake City, Utah, el sábado 17 de octubre de 2026. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La propuesta del Primer Examen de la Humanidad abre una conversación que va más allá de las capacidades técnicas de la inteligencia artificial. También invita a considerar qué valores queremos preservar mientras la tecnología continúa avanzando.

Para el élder Gong, las personas y las comunidades tienen una responsabilidad activa en ese proceso. El futuro no debería quedar definido únicamente por lo que las máquinas pueden hacer, sino también por las decisiones humanas que orientan su desarrollo.

La inteligencia artificial puede facilitar muchas tareas y ampliar nuestras posibilidades de aprender y servir. Sin embargo, su verdadero valor dependerá de cómo decidamos utilizarla y de los principios que mantengamos como guía.

En una época en la que la tecnología evoluciona rápidamente, el desafío no es solo crear sistemas cada vez más inteligentes, sino procurar que sus capacidades estén al servicio de las personas, las familias y el bien común.

Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org

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